Tras años de labores de saneamiento, el río se reabrirá al baño en 2024, cuando acoja las pruebas de natación olímpica.
El renacimiento de la natación en el Sena forma parte de una tendencia mundial de mejora de la calidad de los ríos urbanos.
Otras ciudades que han avanzado en la descontaminación de sus ríos son Londres, Copenhague y Pekín.
Sin embargo, aún quedan retos por superar, como la necesidad de reducir la escorrentía de aguas pluviales y la contaminación por aguas residuales.
A un año de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de verano de 2024, París ha anunciado que reabrirá el río Sena para la competición de natación y, después, permitirá el baño público, poniendo fin a una prohibición de un siglo. Esta prohibición se implantó para impedir que las personas se sumergieran en aguas fluviales contaminadas por aguas pluviales, aguas residuales y productos químicos.
Pero tras muchos años de trabajos de gestión de aguas pluviales, en 2024 se celebrarán en el Sena tres pruebas olímpicas y paralímpicas: la maratón de natación y los tramos de natación del triatlón olímpico y del paratriatlón. El Sena también tendrá protagonismo en la ceremonia inaugural donde, en lugar del tradicional desfile de atletas por un estadio, una flotilla de embarcaciones transportará a los equipos por el río.
Las aguas limpias del Sena, aptas para el baño, se promueven como un legado positivo de estos Juegos. Pero no es la primera vez que se celebran pruebas olímpicas de natación en el célebre río. Y con los crecientes compromisos para hacer ciudades aptas para el baño en todo el mundo, es poco probable que sea la última.
Breve historia de la natación en ríos

En los Juegos Olímpicos de París de 1900, el australiano Freddie Lane ganó dos pruebas de natación en el Sena. Se trataba de los 200 metros libres y de una carrera de obstáculos de 200 m. Esta inusual prueba exigía que los 12 atletas de cuatro países escalaran un poste, atravesaran a gatas una fila de barcas y luego nadaran por debajo de otra fila de barcas.
Los historiadores Reet y Max Howell citan a Lane describiendo su estrategia ganadora: “[Sabiendo] algo de barcos [yo] pasé por las popas […] a diferencia de la mayoría de competidores, que lucharon por subir por los costados.”
Siguiendo la tradición de vincular con la historia clásica, habitual en los Juegos de la época, esta prueba hacía referencia a Sequana, la diosa galorromana del Sena. Suele representársela de pie sobre una barca: trepar por encima y nadar por debajo de las embarcaciones del río era, evidentemente, cosa de simples mortales.
Esa fue la primera y única vez que los Juegos Olímpicos incluyeron una carrera de obstáculos. Pero en aquella época las competiciones de natación se celebraban a menudo en ríos, puertos, lagos y otras masas de agua naturales. Las pruebas de natación de los primeros Juegos Olímpicos modernos, en Atenas en 1896, se disputaron en la bahía de Zea, en la península del Pireo. No fue hasta 1908, en Londres, cuando la natación se trasladó a piscinas en tierra firme.
La natación en ríos tiene una historia muy larga, ligada al placer y a la política. La natación competitiva en ríos siguió siendo habitual a finales del siglo XIX y principios del XX.
Freddie Lane ganó el campeonato de milla de Nueva Gales del Sur en el río Murrumbidgee, en Wagga Wagga, en enero de 1899.
El “profesor de natación” Fred Cavill contribuyó a impulsar las clases de natación para las masas en Sídney, incluidas las niñas y las mujeres. Organizó nados promocionales en el río Murray a su llegada desde el Reino Unido en 1880. Ese mismo año tuvo que abandonar un muy publicitado recorrido a nado por el río desde Parramatta hasta Sídney, debido a las fuertes mareas. Uno de los hijos de Cavill, Arthur “Tums” Cavill, emigró de Sídney a Estados Unidos, donde introdujo un baño anual invernal en el río Willamette, en Portland (Oregón), en 1909.
Y, aunque no fue una hazaña olímpica, en 1918 Alick Wickham realizó un salto de altura récord del mundo de 205 pies y 9 pulgadas (62,7 metros) al río Yarra, en Melbourne.

Incluso el líder chino Mao Zedong practicó la natación en ríos para promover su salud y su imagen política.
Más recientemente, el tramo de natación del triatlón de los Juegos Olímpicos de 2000 se celebró en el puerto de Sídney, donde había buzos de vigilancia contra tiburones.
Sin embargo, al igual que la carrera de obstáculos de 1900, la natación organizada e informal en ríos urbanos se volvió poco común. En ríos como el Sena, en París, y en partes del Yarra, en Melbourne, llegó a ser ilegal.
El auge de las piscinas construidas contribuyó a este cambio, y con razón. La novedad y el diseño moderno de las piscinas de hormigón pudieron ser parte de la razón por la que la gente abandonó los ríos urbanos y las vías fluviales naturales. Sin embargo, estas nuevas instalaciones también ofrecían protección frente a los tiburones y las aguas pluviales, bacterias, productos químicos y contaminantes. Es cierto que también existían dudas sobre la higiene de las piscinas, sobre todo antes de que se añadiera cloro.
Los baños de mar y las piscinas cumplían una función similar. Como espacios regulados y gestionados por los gobiernos locales, las piscinas significaban que los bañistas estaban más seguros: los socorristas podían vigilarlos y los bañistas tenían acceso a vestuarios más discretos.

La búsqueda de ciudades aptas para el baño
Las piscinas han seguido siendo populares, pero la natación en ríos nunca desapareció. En los últimos años, el interés ha repuntado gracias a los esfuerzos del movimiento ambientalista por rehabilitar las vías fluviales y a la creciente investigación que respalda los beneficios para la salud de la natación al aire libre.
El Sena volverá a abrirse al baño gracias a un proyecto de regeneración de 1.400 millones de euros (2.300 millones de dólares australianos) para “reinventar el Sena”. Comenzó en 2017 e incluye hoteles flotantes, paseos peatonales y otros espacios sociales, además de zonas de baño y de buceo.
El renacimiento de la natación en el Sena es solo un ejemplo de cómo la natación al aire libre y “salvaje” contribuye a cuidar mejor los ríos. En Inglaterra, existe presión para mejorar el agua del río Támesis en Londres, así como movimientos más amplios para detener los vertidos de aguas residuales en los ríos. En Dinamarca, el puerto de Copenhague cuenta con zonas de baño estivales. En Pekín existe una subcultura de la natación al aire libre, de carácter algo subversivo.
En Australia también se han abierto varias zonas nuevas de baño. En Sídney, las zonas a lo largo del río Parramatta y en el puerto, con un punto en Barangaroo inaugurado este año, complementan las zonas consolidadas de natación en ríos y puertos, incluidos los famosos baños Dawn Fraser. En Melbourne, se reclama una cadena de puntos urbanos de baño a lo largo del Birrarung/Yarra.
El creciente reconocimiento del importante papel que los espacios azules (océanos, ríos, lagos, canales y otras vías fluviales) desempeñan en la salud y el bienestar humanos va de la mano de un renacimiento de la popularidad de la natación al aire libre y del baño en la naturaleza. Aunque sabemos que esto es bueno para las personas, el interés público por unas vías fluviales limpias y aptas para el baño, por nuestra propia salud, bienestar y disfrute, también puede aportar grandes beneficios a estos entornos.





