Por qué más piscifactorías terrestres podrían mejorar la seguridad alimentaria mundial

image of a freshwater fish farm
There are many advantages of freshwater fish farming, including sustainability and cost.Image: REUTERS/Sukree Sukplang
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  • Los estudios sugieren que las piscifactorías de agua dulce son una alternativa más sostenible a la «maricultura», es decir, la cría de peces en el mar.

  • Tres académicos sostienen que los gobiernos, los financiadores y los científicos deberían centrarse en mejorar la acuicultura en tierra, para alinearla con los ODS de la ONU.

  • Las pruebas muestran que la acuicultura de agua dulce tiene menos limitaciones económicas y de recursos.

  • Asimismo, las piscifactorías terrestres tienen un mayor potencial para contribuir a la seguridad alimentaria mundial, según escriben los expertos.

Crece una auténtica ola de interés por la cría de peces en el mar. Forma parte de una carrera mundial por explotar los recursos oceánicos, a la que se ha dado en llamar «aceleración azul.»

Las proyecciones optimistas afirman que la maricultura inteligente (la cría de peces en el mar) podría aumentar la producción oceánica de peces y mariscos en entre 21 y 44 millones de toneladas métricas para 2050, lo que supone un incremento del 36 % al 74 % respecto de los rendimientos actuales. Otras estimaciones sugieren que un área de acuicultura oceánica del tamaño del «lago Míchigan» podría producir la misma cantidad de productos del mar que todas las pesquerías de captura silvestre del mundo juntas.

Consideramos que las piscifactorías de agua dulce son una forma mejor de ayudar a combatir el hambre y reforzar la seguridad alimentaria. En nuestra opinión, los gobiernos, los financiadores y los científicos deberían centrarse en mejorar la acuicultura en tierra para contribuir a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Supuestos cuestionables

Quienes defienden la acuicultura oceánica suelen citar la escasez de pescado de captura silvestre y piden cultivarlo para alimentar al mundo. Según su punto de vista, la acuicultura en tierra está limitada por la escasez de tierra y de recursos de agua dulce, mientras que los océanos ofrecen extensas zonas aptas para la cría de peces.

Planteada de este modo, la maricultura parece ofrecer un potencial ilimitado para satisfacer la futura demanda de productos del mar y alimentar a las poblaciones vulnerables con un impacto ambiental escaso. Sin embargo, nuestra investigación presenta una imagen distinta. Observamos que la acuicultura de agua dulce tiene muchas menos limitaciones técnicas, económicas y de recursos que la cría en el océano, y que las piscifactorías terrestres tienen un potencial mucho mayor para contribuir a la seguridad alimentaria mundial.

La acuicultura de agua dulce ha crecido de forma constante en las últimas tres décadas. Asia está en el centro de este auge, ya que representa el 89 % de la producción acuícola mundial, sin incluir las plantas.

Los grupos de especies más importantes (carpas, tilapias y bagres) son herbívoros u omnívoros, por lo que no necesitan consumir proteína animal para prosperar. Aunque en ocasiones se les pueden suministrar pequeñas cantidades de pescado para acelerar su crecimiento, su dieta principal se compone de subproductos baratos de cultivos como el arroz, el cacahuete y la soja, además de plancton natural.

Criar peces de agua dulce en pequeños estanques de tierra es relativamente barato y sencillo. La acuicultura ha sido un impulso económico, especialmente en Asia, al proporcionar empleo e ingresos a un gran número de explotaciones familiares, trabajadores y pequeñas empresas. El pescado de agua dulce de cría suele ser un alimento básico asequible para millones de consumidores de ingresos bajos y medios, y también para muchos de ingresos más altos.

Cría de peces marinos

La cría de peces marinos es una propuesta diferente. El duro entorno oceánico hace que la producción sea arriesgada, y la biología de estas especies hace que muchas de ellas sean difíciles y costosas de reproducir y criar.

La mayoría de las especies de acuicultura marina son carnívoras, por lo que necesitan otros peces como parte de su dieta. Aproximadamente 20 millones de toneladas métricas de pescado capturado cada año se utiliza en cambio para alimentar a los peces de cría. Se trata de una cuestión ambiental y ética polémica, ya que algunos de estos peces podrían, de otro modo, servir de alimento para las personas.

Las mejoras tecnológicas han reducido, aunque no eliminado, la cantidad de pescado utilizada en los piensos, especialmente en el caso del salmón de cría. Ahora se necesita la mitad de pescado fresco para criar salmón que hace 20 años.

Estas innovaciones se lograron gracias a inversiones masivas del Gobierno noruego y de la industria, que se remontan a la década de 1970. La investigación se centró en la mejora genética, la nutrición y los sistemas de producción, y ha dado sus frutos. El salmón de cría representa actualmente el 45 % de todos los peces criados en el mar.

Piscifactoría de salmón de Grieg Seafood en el canal Clio, archipiélago Broughton, Columbia Británica, Canadá, en colaboración con la Primera Nación Tlowitsis.Image: David Stanley/Flickr, Creative Commons

Sin embargo, es poco probable que otras especies menos populares, como el mero, la lubina o el bacalao negro, sean investigadas o criadas con la misma eficiencia. El mercado es demasiado pequeño.

Como analogía con los animales terrestres, pensemos en los pollos. Al igual que el salmón, han sido durante mucho tiempo el centro de una intensa investigación y desarrollo. Como resultado, ahora alcanzan el tamaño comercial en solo 45 días. En cambio, la gallina de Guinea, un ave similar al pollo criada para mercados especializados, ha sido objeto de una selección genética limitada, se desarrolla lentamente y produce mucha menos carne, por lo que su cría es más costosa y su precio de compra más elevado.

Cría en mar abierto

La cría de peces marinos se practica actualmente en bahías resguardadas y en lagos marinos. Sin embargo, existe un creciente interés por un nuevo método de alta tecnología que cría peces en enormes jaulas sumergibles ancladas lejos de la costa, en mar abierto. Se trata de un negocio arriesgado, con costes operativos elevados. La costosa infraestructura es vulnerable a las tormentas intensas.

Para que tengan éxito, las granjas marinas deberán criar especies de alto valor, como el atún rojo. Además, deberán funcionar a escala industrial, como la gigantesca «Ocean Farm» de SalMar en Noruega, que tiene capacidad para 1,5 millones de peces.

Aunque la maricultura en mar abierto puede ser técnicamente viable, su viabilidad económica es dudosa. Los proyectos piloto en Noruega, China y EE. UU. todavía no son comercialmente exitosos. Y aunque existe una fuerte demanda mundial de salmón, otras especies como el mero tienen mercados de nicho reducidos. Es probable que sigan siendo productos especializados de gama alta debido a los elevados costes de producción.

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