Las personas que viven cerca de zonas deforestadas suelen señalar que el clima se vuelve más cálido y seco después de la tala de los bosques, y ahora un nuevo estudio aporta pruebas de ello.
El estudio utiliza datos satelitales sobre deforestación y precipitaciones en tres regiones tropicales de bosques clave: la Amazonía, el Congo y el Sudeste Asiático.
Los investigadores observaron que las precipitaciones disminuyeron tanto en la estación seca como en la lluviosa; durante la estación lluviosa, llegaron a ser hasta 0,6 milímetros al mes inferiores por cada punto porcentual de tala de bosques.
La agricultura impulsa el 90 % de la deforestación mundial, pero la consiguiente reducción de las precipitaciones está perjudicando el rendimiento de los cultivos.
Aunque los mineros, los madereros y los ganaderos los talan a un ritmo de récord , los científicos siguen descubriendo todas las cosas que hacen los bosques para mantener el clima local y mundial agradable y estable.
Más recientemente, han aportado por primera vez «pruebas convincentes» de un vínculo entre la deforestación y la disminución de las precipitaciones en el conjunto de los trópicos.
«La población local que vive cerca de zonas deforestadas suele decir que el clima se vuelve más cálido y seco después de la tala de los bosques. Sin embargo, hasta ahora este efecto no se había observado en los registros de precipitaciones», afirmó en un comunicado de prensa el coautor del estudio y supervisor del proyecto, el profesor Dominick Spracklen de la Escuela de Tierra y Medio Ambiente de la Universidad de Leeds. «El estudio demuestra la importancia fundamental de los bosques tropicales para sostener las precipitaciones».
El estudio, publicado el miércoles en Nature, estableció este vínculo crucial mediante el análisis de datos satelitales sobre deforestación y precipitaciones en tres regiones tropicales de bosques clave: la Amazonía, el Congo y el Sudeste Asiático. En todas estas regiones se había producido una deforestación significativa entre 2003 y 2017, el período observado por los científicos. Los investigadores examinaron los registros de precipitaciones tanto en zonas deforestadas como en zonas donde se había conservado el bosque. Descubrieron que, efectivamente, las zonas deforestadas eran más secas, incluso durante la estación seca, cuando cada gota de lluvia cuenta. En la estación lluviosa, las precipitaciones disminuyeron hasta 0,6 milímetros al mes por cada punto porcentual de tala.
Los autores del estudio también analizaron hasta dónde llegarían los efectos de la deforestación, en una escalade 25 a 40 000 kilómetros cuadrados (aproximadamente de 10 a 15 444 millas cuadradas), explicó New Scientist. Descubrieron que los efectos aumentaban a medida que se incluía más superficie: no se distinguían efectos en un radio de 10 millas cuadradas de la deforestación, pero sí una reducción mensual de 0,25 milímetros de lluvia por cada punto porcentual de bosque talado en un radio de 15 444 millas cuadradas.
Aunque el estudio no demuestra que la deforestación esté causando la disminución de las precipitaciones, sí aporta pruebas a favor de una hipótesis de larga data: la pérdida de bosques reduce las precipitaciones porque disminuye la evapotranspiración, es decir, el proceso por el cual el agua de las hojas se eleva hacia la atmósfera. Si esto es cierto, podría tener graves consecuencias tanto para los bosques tropicales como para las personas y los animales que dependen de ellos.
«Los bosques tropicales desempeñan un papel fundamental en el ciclo hidrológico, pues contribuyen a mantener los patrones locales y regionales de precipitaciones», afirmó en el comunicado de prensa Callum Smith, autor principal del estudio e investigador doctoral de Leeds. «La reducción de las precipitaciones causada por la deforestación tropical afectará a las personas que viven en las cercanías al aumentar la escasez de agua y reducir el rendimiento de los cultivos».
También son malas noticias para los propios bosques. Se suman a la preocupación de que la selva amazónica podría alcanzar un punto de inflexión a partir del cual ya no podría sostenerse por sí misma generando su propia lluvia, como señaló The Guardian. La pérdida de precipitaciones puede desencadenar otros ciclos de retroalimentación de la deforestación, como un mayor riesgo de incendios forestales; además, puede obstaculizar la capacidad de los bosques para almacenar carbono y perjudicar su biodiversidad, según el comunicado de prensa. El equipo también examinó el posible futuro de la selva del Congo y concluyó que, si las tasas actuales de deforestación se mantuvieran hasta 2100, las precipitaciones de la región podrían disminuir entre un 8 y un 10 %.
Sin embargo, entre las nubes que se disipan con estos hallazgos hay un resquicio de esperanza: las pruebas de que la deforestación provoca una pérdida local de precipitaciones también constituyen un argumento importante a corto plazo para preservar los bosques. Por cada punto porcentual de reducción de la lluvia, el rendimiento de los cultivos puede caer un 0,5 %. Dado que la agricultura es el motivo de casi el 90 % de la deforestación mundial, estos hallazgos podrían hacer que los agricultores se lo pensaran dos veces antes de talar árboles.
«Demostrar el beneficio local que supone mantener en pie los bosques tropicales para quienes viven cerca tiene importantes consecuencias para las políticas públicas», declaró Spracklen a The Guardian. «Espero que nuestro trabajo proporcione un fuerte incentivo para que los responsables de las políticas y de la toma de decisiones en los países tropicales conserven los bosques tropicales y ayuden a mantener un clima local más fresco y húmedo, con beneficios para la agricultura cercana y la población».





