Los incendios en Sudáfrica se han extendido al campus de la Universidad de Ciudad del Cabo (UCT), un lugar que alberga numerosos archivos significativos.
Entre los lugares de importancia histórica que han resultado dañados se encuentra la Biblioteca Jagger, que alberga colecciones raras y especializadas.
La académica de la UCT Shannon Morreira comparte sus reflexiones sobre lo que la pérdida significa para los registros históricos que conserva la universidad.
¿Por qué es tan significativa la Colección de Libros de Estudios Africanos?
Cuando se conoció la noticia de que la Biblioteca Jagger estaba ardiendo, los académicos de mis redes sociales reaccionaron con una sensación visceral de horror y pérdida. Un colega mío escribió que sentía como si hubiera perdido a un familiar.
Todavía no está claro qué se ha perdido como consecuencia del incendio. Pero la quema de cualquier parte de una biblioteca –un archivo– es algo terrible, porque se pierden voces del pasado que pueden encerrar historias alternativas. Esto tiene implicaciones especialmente significativas para países como Sudáfrica, con historias conflictivas y disputadas. Y cuyas historias se han contado durante siglos desde un punto de vista particular.
Es esto lo que ha impulsado los intentos de descolonizar los planes de estudio en diversas instituciones de educación superior.
Descolonizar es un término difícil de definir en lo que respecta al conocimiento y los planes de estudio. Pero una idea central que ha surgido es que hay que valorar distintos tipos de conocimiento.
El archivo nos dio acceso a conocimientos que históricamente han sido infravalorados.
La colección de Estudios Africanos reúne un asombroso conjunto de obras relacionadas con África. Abarcan desde obras publicadas ya en el siglo XVI hasta la actualidad. Contiene obras en múltiples lenguas indígenas y no indígenas, y en múltiples formatos: periódicos, mapas, obras contra el apartheid, folletos activistas, tesis de posgrado, películas y audio.
La colección constaba de unos 65.000 volúmenes, 26.000 folletos, 3.000 películas africanas y 20.000 elementos adicionales del archivo audiovisual. Algunas de las obras son muy raras.
Muchas de las obras también se conservan en formato digital, pero no todas. La directora de las Bibliotecas de la Universidad de Ciudad del Cabo, Ujala Satgoor, ha confirmado que algunas colecciones valiosas se han perdido pero que el sistema de detección de incendios del edificio activó las persianas antiincendios y se salvaron muchas obras.
La sala de lectura Jagger es un espacio conocido por generaciones de especialistas en Estudios Africanos, de la Universidad de Ciudad del Cabo y de más allá. Era un lugar de silencio, donde uno podía sentarse, rodeado por generaciones de pensamiento, escritura y películas.
Recientemente he participado en un proyecto que muestra el valioso trabajo que puede realizar el archivo. Antes del confinamiento de 2020, pasaba muchas horas al día en la Biblioteca Jagger, analizando el archivo en papel de la revista Anthropology Southern Africa, para un artículo (aún no publicado) que escribía para el Consejo para el Desarrollo de la Investigación en Ciencias Sociales en África sobre las formas en que el conocimiento sobre el sur de África se produjo y valoró a lo largo del tiempo.
Tener acceso a este archivo permitió reflexionar sobre qué historias y tipos de conocimiento se valoraron en el pasado, y qué quedó fuera.
Mis colegas tienen muchos otros ejemplos del cuidadoso trabajo que puede realizarse con los tesoros que alberga una colección así. El archivo del pensamiento africano que se ha reunido ha permitido que surjan múltiples respuestas decoloniales dentro de los Estudios Africanos.
¿Qué cuestiones ha planteado el incendio sobre la custodia de material de archivo?
Los archivos son importantes para descolonizar la educación superior por las historias que nos permiten abrazar. Las universidades no son el único lugar que alberga archivos, pero a menudo son lugares que reúnen múltiples textos, imágenes y voces bajo un mismo techo.
Con el paso a la era digital, muchas obras, por supuesto, también se almacenan en formato digital.
La cuestión más amplia es si el sector de la educación superior debería archivar materiales.
En mi opinión, por supuesto que debería. La recopilación del conocimiento histórico y actual es una de las tareas centrales de la universidad. Y espacios como una sala de lectura reúnen a académicos para pensar y actuar juntos, y con nuestra historia textual. Los archivos también nos permiten reconocer a los actores externos a la universidad como creadores de conocimiento legítimo que debe valorarse y conservarse.
Pero es necesario un reconocimiento mucho más agudo del conocimiento que existe fuera de las universidades, en las comunidades. El proyecto nacional de descolonización lo está impulsando.
¿Qué lecciones se han aprendido?
Creo que las lecciones no son nuevas. Son cosas que ya sabemos y que reflejan un trabajo en curso.
Pero probablemente merezca la pena mencionar tres.
Primero, aunque los materiales impresos importan, el proyecto de digitalización en el que lleva bastante tiempo involucrada toda biblioteca universitaria del mundo es enormemente valioso y debería contar con una buena financiación.
Segundo, la forma en que tratamos nuestro planeta importa para el proyecto de descolonización, como importa para absolutamente todos los proyectos que tenemos. A nivel mundial, hemos visto un aumento masivo de incendios, inundaciones, sequías y otros fenómenos relacionados con el cambio climático que ponen en riesgo todo, no solo las bibliotecas. Un amplio proyecto de descolonización acepta que el statu quo actual no es sostenible, y que necesitamos poner en juego conocimientos nuevos (o antiguos).
Tercero, aunque los archivos universitarios no son, por supuesto, los únicos lugares donde se produce o almacena conocimiento, perderlos es, sin embargo, devastador.




