La sobrepesca y el cambio climático amenazan el suministro vital de alimentos de más de mil millones de personas. Son las fuerzas que impulsan el deterioro de la salud del océano, el ecosistema más grande del mundo y fuente de oxígeno y regulación climática para todo el planeta, además de empleo y medios de vida para cientos de millones de personas.
Si no actuamos con urgencia para restaurar y proteger nuestro océano, pronto afrontaremos una catástrofe humanitaria sin precedentes. Podemos resolver estos problemas. El océano tiene una inmensa capacidad para sanar por sí mismo y existen métodos probados que podemos emplear para ayudarlo.
En el Día Mundial de los Océanos, debemos reconocer que la situación es crítica y reforzar nuestro compromiso de revertir el deterioro del océano. El océano debe ocupar un lugar central en la agenda política mundial. Es clave para superar algunos de nuestros desafíos más apremiantes, como combatir el cambio climático y producir suficientes alimentos de forma sostenible para 10 000 millones de personas a mediados del siglo XXI. Salvar nuestro océano es una cuestión de supervivencia humana.
Ya contamos con un plan acordado a nivel mundial para restaurar y proteger nuestro océano. En 2015, los líderes mundiales adoptaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que incluye 17 objetivos mundiales. El Objetivo de Desarrollo Sostenible 14, «Vida submarina», y sus diez metas especifican qué debe hacerse para mejorar la salud del océano. También contamos con el Acuerdo de París, en el que los países se comprometen a reducir sus emisiones de carbono y a mantener el aumento de la temperatura mundial muy por debajo de los dos grados Celsius, así como con los 1400 compromisos voluntarios asumidos en la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos, convocada por Suecia y Fiyi en 2017.

Lo que no tenemos es mucho tiempo. Insto a los líderes mundiales a reunir y ejercer la voluntad política necesaria para alcanzar estos objetivos, invertir en soluciones para el océano y alentar a las empresas y otras partes interesadas a sumarse. El G7 se reúne esta semana en Canadá, y el océano figura en la agenda. Espero que los líderes de algunas de las naciones más poderosas del mundo aprovechen esta oportunidad para tomar medidas decisivas que eviten el desastre. Abordar las cuatro áreas clave siguientes nos ayudaría a encaminarnos.
Pesca
La ONU estima que el pescado aporta alrededor del 20 % de las proteínas de origen animal a unos tres mil millones de personas, y cerca del 100 % en muchas islas y regiones costeras. Aproximadamente una de cada diez personas depende de la pesca o la acuicultura para obtener ingresos. La pesca en pequeña escala representa el 90 % de todos los empleos pesqueros en los países en desarrollo. Sin embargo, décadas de sobrepesca, prácticas pesqueras insostenibles y pesca pirata han sometido a una presión extrema este recurso que sustenta la vida.
Canadá, anfitrión del G7 de este año, sabe muy bien cuán devastadoras pueden ser las consecuencias: sufrió la pérdida total de su pesquería de bacalao de los Grandes Bancos, junto con decenas de miles de empleos. Imaginemos un escenario similar en un país en desarrollo vulnerable. Las consecuencias serían calamitosas: malnutrición generalizada, desempleo, inseguridad y migración forzada. Las señales de alerta ya están ahí, agravadas por el calentamiento de los mares, que obliga a algunas poblaciones de peces a migrar fuera del alcance de las pesquerías locales.
Entonces, ¿qué debemos hacer? En pocas palabras, debemos aplicar acuerdos internacionales para combatir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR). El Acuerdo sobre Medidas del Estado Rector del Puerto está concebido para impedir que los buques que practican la pesca INDNR utilicen los puertos y desembarquen sus capturas. Debemos aprovechar y compartir las tecnologías más recientes de vigilancia y seguimiento para llevar ante la justicia a quienes pescan ilegalmente y garantizar que nuestro pescado se capture de forma sostenible. También debería renovarse el impulso en la OMC para acordar la eliminación de las subvenciones pesqueras perjudiciales. Si el G7 respaldara e invirtiera en estas medidas, podrían eliminarse dos de los mayores obstáculos para lograr una pesca sostenible.
Cambio climático
En segundo lugar, debemos comprender que la lucha contra el deterioro del océano y la lucha contra el cambio climático van de la mano. El océano es nuestro mejor aliado en la batalla para frenar el cambio climático: absorbe más del 93 % de nuestro exceso de calor y alrededor de una cuarta parte de nuestras emisiones de carbono. Pero no sabemos durante cuánto tiempo podrá seguir haciéndolo, ya que sus propiedades químicas y físicas están cambiando de forma fundamental bajo el peso de nuestra dependencia de los combustibles fósiles.
La solución consiste en combinar reducciones rápidas y profundas de las emisiones de carbono con la regeneración de los ecosistemas costeros de humedales, que retienen casi un millón de toneladas de carbono cada día. Este «carbono azul» ha sido ignorado en gran medida. Existe un enorme potencial sin aprovechar si apoyamos iniciativas que incentiven su conservación.
Plástico
Debemos actuar en muchos frentes para detener el flujo de plástico hacia el océano. Cada año, ocho millones de toneladas de plástico terminan en el océano. Esto equivale a verter en él un camión de basura lleno de plástico cada minuto. Las corrientes oceánicas transportan residuos plásticos y microplásticos a través de las fronteras. Se encuentran por todas partes, incluso en las costas más remotas de islas deshabitadas, en el hielo del Ártico, en las profundidades del océano y en una amplia variedad de organismos marinos. Es urgente mejorar la gestión de residuos, pero no será suficiente.
Debemos adoptar un enfoque más inteligente respecto al plástico y avanzar hacia un modelo de economía circular. Tenemos que reducir drásticamente el uso de artículos de plástico de un solo uso y eliminar gradualmente las microesferas de plástico de los cosméticos y otros productos, donde pueden sustituirse por alternativas inocuas.
Áreas marinas protegidas
Mi última recomendación está relacionada tanto con la pesca como con el cambio climático: ampliar la red mundial de áreas marinas protegidas, empezando por cumplir el compromiso del ODS 14 de proteger el 10 % del océano para 2020. Actualmente estamos en torno al 7 %. Un gran impulso podría darnos algo que celebrar en 2020, ayudar al océano a fortalecer su resiliencia ante el cambio climático y ofrecer a las especies marinas espacio para recuperarse. En este sentido, son importantes las negociaciones para elaborar un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica marina de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional.
Me enorgullecen los compromisos de Suecia con un océano más saludable. Hemos protegido el 13 % de nuestras aguas nacionales y buscamos ampliar esa protección. Junto con nuestros socios de la UE, estamos impulsando medidas estrictas contra la pesca ilegal y llevamos décadas trabajando para que nuestras poblaciones de peces vuelvan a niveles sostenibles. Además, hemos prohibido las microesferas de plástico en los cosméticos. Nuestro objetivo es convertirnos en una de las primeras naciones de bienestar sin combustibles fósiles del mundo.
Debemos unirnos en solidaridad para salvar nuestro océano e invertir en su futuro. El océano puede parecer inmenso, casi infinito, pero con siete mil millones de personas en el planeta, a cada una nos corresponde apenas una quinta parte de un kilómetro cúbico de océano. Esa proporción está disminuyendo. Si no actuamos ahora, el colapso de las pesquerías y los ecosistemas marinos desencadenará desastres humanitarios en todo el mundo. Las poblaciones costeras e insulares vulnerables serán las primeras en sufrir. Pero, en última instancia, todos necesitamos un océano lleno de vida para mantenernos a flote.





