Hace no mucho tiempo, China reciclaba para el mundo. Ahora intenta hacer frente a su propia basura.
Con una población de 1400 millones de habitantes y sin un sistema formal de reciclaje, el país genera montañas de basura a diario. Pero, por primera vez, a partir de principios de julio los residentes de Shanghái deberán separar sus residuos, en el marco de uno de los primeros programas de reciclaje del país.
Hasta 2018, China obtuvo buenos beneficios aceptando residuos de otros países para su procesamiento. Ahora ha cerrado sus puertas a esas importaciones y busca implantar el reciclaje en sus ciudades, a medida que crece la preocupación por sus propios vertederos de basura.
Tras décadas de rápida industrialización y urbanización, la eliminación de residuos se está convirtiendo en un importante quebradero de cabeza para las autoridades municipales.
El Gobierno chino anunció previamente que quiere que 46 de sus ciudades empiecen a separar sus residuos y alcancen una tasa de reciclaje de al menos 35 % para 2020. Varias ciudades, entre ellas Shanghái, han realizado intentos fallidos de implantar iniciativas de reciclaje en el pasado.
Pero el nuevo plan de Shanghái es estricto: los residentes solo pueden tirar la basura en determinados horarios, en contenedores públicos sin bolsas, y los residuos de alimentos deben desecharse sin envoltorios. Quienes incumplan la normativa se enfrentan a multas de 200 yuanes (30 dólares). Si las comunidades no cumplen las normas, los servicios de recogida de basura deben dejar de recoger sus residuos.
Una región ahogada en basura
La región de Asia Oriental y el Pacífico generó 468 millones de toneladas de residuos en 2016, según el Banco Mundial. De ese total, algo menos de la mitad procedía de China, país que alberga al 61 % de la población de la región.
Al igual que en muchos otros países de la región, China depende en gran medida de grandes ejércitos de recicladores informales. Solo en sus centros urbanos, se calcula que entre 3,3 y 5,6 millones de personas participan en el reciclaje urbano informal.
Con la generación de residuos prevista para superar en más del doble el crecimiento de la población hasta 2050, China será un caso práctico de cómo un país puede implantar un sistema formal de reciclaje desde cero.







