Seattle se ha convertido en la primera gran ciudad de EE. UU. en prohibir las pajitas de plástico

Drinking straws protrude from a glass in a illustration picture in Loughborough, Britain April 19, 2018. REUTERS/Darren Staples
Businesses that don’t comply with the ban can face a $250 fine.Image: REUTERS/Darren Staples
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Seattle, sin pajitas. El domingo, Seattle se convirtió en la primera gran ciudad de EE. UU. en prohibir las pajitas y los utensilios de plástico. La prohibición forma parte de una ordenanza de 2008 que prohibía los artículos desechables para servicios de alimentación que no fueran reciclables ni compostables. La ciudad hizo una excepción para las pajitas y los utensilios, ya que en aquel momento era difícil encontrar alternativas al plástico.

La exención terminó el 30 de junio. Los negocios que no cumplan la prohibición ahora pueden enfrentarse a una multa de 250 dólares.

El problema del plástico. Los seres humanos han vertido una cantidad estimada de 150 millones de toneladas métricas de plástico en los entornos marinos de la Tierra; cada año añadimos otros 8 millones de toneladas métricas. No es ningún secreto que este plástico está causando estragos en el planeta. Quizá hayas visto ese video de la tortuga marina con una pajita de plástico incrustada en la fosa nasal, o leído sobre la ballena que murió después de comerse una caja de DVD de plástico. Algunos plásticos se descomponen en microplásticos que dañan a toda la vida marina. Esos microplásticos incluso pueden llegar al agua que bebemos bebemos.

Image: Ocean Conservancy

Seguir (y marcar) tendencia. Seattle está lejos de ser la única en oponerse a las pajitas de plástico. Varias empresas de EE. UU., entre ellas Alaska Airlines y Bon Appétit, ya han dejado de usarlas. Aumenta la presión sobre McDonald’s para que siga su ejemplo. Los gobiernos de diversas ciudades y naciones de todo el mundo ya han prohibido las pajitas o han fijado fechas para hacerlo también.

Cada día, la gente de EE. UU. usa y desecha una cantidad estimada de 50 millones de pajitas. Ahora que una gran ciudad estadounidense se ha pronunciado contra estos tubos contaminantes, otras ciudades del país podrían hacer lo mismo y contribuir a poner fin a la destrucción medioambiental que causan.

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