Las poblaciones de erizos de mar han proliferado debido a que los ecosistemas marinos están desincronizados.
Están destruyendo los bosques de algas, dejando extensas franjas de océano yermo.
Estos bosques de algas forman parte de un sumidero de carbono crucial que contribuye a nuestra lucha contra el cambio climático.
Una empresa los recoge y los cría para venderlos como manjar en restaurantes de alta gama.
Espinosos, voraces y multiplicándose a un ritmo alarmante, los erizos de mar están destruyendo los ecosistemas marinos de todo el mundo. ¿La solución? Comérselos, según una empresa.
Las poblaciones de erizos de mar morados en particular – una especie resistente que se alimenta de algas – han se han disparado en los últimos años debido a que un ecosistema marino desincronizado no ha logrado mantenerlos bajo control.
Al devorar los bosques de algas desde California hasta Noruega, los erizos dejan extensiones enormes de lecho marino desolado –conocido como «zonas de erizos»– a su paso. No solo estos bosques de algas son un hogar importante para la vida marina, sino que también son cruciales en nuestra lucha contra el cambio climático, capturando y almacenando dióxido de carbono.
Urchinomics quiere convertir este desafío ambiental en una oportunidad. Mediante la recolección de erizos del lecho marino y alimentándolos con algas cosechadas de forma sostenible, el fundador Brian Tsuyoshi Takeda cree que puede crear un producto lleno de sabor que los restaurantes de alta gama comprarán. La hueva de erizo tiene un sabor rico y sabroso y se considera un manjar, a menudo servido como sushi.
Una vez que se despeja un área de erizos, los bosques de algas, que crecen rápidamente, pueden regenerarse en tan solo tres meses.
Un ecosistema en vías de desaparición
Un estudio estima que las plagas de erizos de mar morados han provocado una reducción del 90 % de una variedad concreta – bull kelp – a lo largo de un tramo de 350 kilómetros de costa californiana. Esto, a su vez, ha desencadenado el rápido declive del abulón rojo local –un tipo de caracol marino– y de las poblaciones de erizo rojo, ambos de los cuales tenían industrias pesqueras de varios millones de dólares asociadas a ellos.
El problema es que, una vez que los erizos de mar se quedan sin alimento, pueden entrar en un estado de letargo efectivo, sobreviviendo durante años sin comer, por lo que las zonas de erizos pueden durar años. Pero estos erizos famélicos se encogen dentro de sus caparazones y no tienen ningún valor económico como alimento.
El llamado «cultivo» de erizos podría ser una solución al ofrecer un incentivo económico para eliminar a estas criaturas destructivas. Pero para tener un impacto real, los erizos tendrán que ser prácticamente erradicados.
Se cree que varios factores han contribuido al aumento de las poblaciones de erizos en todo el mundo, entre ellos la escasez de depredadores debido a una enfermedad que afecta a la población de estrellas de mar. Esto, junto con factores como el calentamiento de las aguas marinas y la contaminación, hace que los bosques de algas estén ahora amenazados en todo el mundo. Están desapareciendo a distintos ritmos en todo el planeta, pero a escala mundial la disminución ronda el 2 % al año.
Esto es importante porque los estudios han demostrado que las algas y las macroalgas podrían desempeñar un papel más crucial en el cambio climático del que se pensaba anteriormente. Las plantas de agua salada, en particular los manglares y las praderas marinas, pueden absorber mucho más dióxido de carbono de la atmósfera que las plantas terrestres. Estos ecosistemas de «carbono azul» no solo absorben carbono mientras crecen las plantas, sino que, cuando las hojas caen al lecho marino, este carbono queda secuestrado en el suelo circundante.
Pese a estos beneficios, dichos ecosistemas se encuentran bajo una gran amenaza. Las marismas mareales, las praderas de hierba marina y los manglares se reducen año tras año. Y en los últimos 50 años, se estima que alrededor del 30-50 % de los manglares se han perdido a nivel mundial.
Los expertos calculan que el dióxido de carbono liberado anualmente por los ecosistemas costeros degradados equivale a aproximadamente una quinta parte de las emisiones derivadas de la deforestación tropical a nivel mundial.







