Se estima que 1,5 millones de estudiantes de todo el mundo dejaron las clases la semana pasada para protagonizar la mayor ola de huelgas climáticas desde el inicio de las protestas.

El movimiento de huelga climática se inspiró en Greta Thunberg, una activista climática sueca de 16 años y candidata al Premio Nobel de la Paz. El año pasado anunció que haría huelga todos los viernes hasta que el Gobierno de Estocolmo adoptara medidas para protegerse contra el cambio climático.
Su discurso inflexible en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial de enero en Davos la catapultó a ella y al movimiento a la atención mundial: «A menudo oigo a los adultos decir: “Necesitamos dar esperanza a la próxima generación”», afirmó. «Pero yo no quiero vuestra esperanza. Quiero que entréis en pánico. Quiero que sintáis el miedo que siento yo. Todos los días. Y quiero que actuéis. Quiero que os comportéis como si nuestra casa estuviera en llamas. Porque lo está».

De Suecia a Australia, de Estados Unidos a India, se celebraron huelgas en más de 2000 ciudades de más de 100 países. Muchos padres e incluso centros escolares han respaldado a los huelguistas, junto con organizaciones como Greenpeace y figuras públicas como el senador estadounidense Bernie Sanders. Sin embargo, la reacción no ha sido unánimemente positiva.

El ministro de Finanzas australiano, Mathias Cormann, fue contundente en sus críticas al movimiento. «Durante el horario escolar, los niños deben estar en clase», afirmó, antes de expresar la opinión de que las huelgas escolares habían sido secuestradas por activistas adultos. «Los australianos tendrán una visión muy cínica de los activistas adultos profesionales que utilizan y abusan de los niños para sus fines durante el horario escolar», añadió.
Los huelguistas piden que se declare un estado de emergencia climática mundial y que los gobiernos escuchen debidamente la opinión de los jóvenes.
Los costes financieros del cambio climático ya se están dejando sentir. De aquí a finales de siglo, se estima que el cambio climático podría generar pérdidas por valor de 43 billones de dólares y fenómenos meteorológicos extremos. El cambio climático también contribuye a la pérdida de biodiversidad, que está poniendo en peligro la producción mundial de alimentos, y se prevé que cause otras 250 000 muertes al año entre 2030 y 2050.





