El futuro de la compensación de carbono va más allá de las marismas salinas, las praderas marinas y los manglares

Removing several hundred billion tonnes of carbon from the atmosphere is now considered necessary to avert the worst effects of climate change.
Removing several hundred billion tonnes of carbon from the atmosphere is now considered necessary to avert the worst effects of climate change.Image: Unsplash/Bre Smith
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  • Muchos académicos y grupos del sector privado creen que restaurar los hábitats de carbono azul puede ayudar a compensar las emisiones de carbono.

  • Pero los beneficios climáticos distan mucho de estar garantizados y, según los autores de una nueva investigación, quizá se haya exagerado la magnitud de la mitigación de emisiones que pueden lograr.

  • Piden investigaciones más detalladas sobre los posibles beneficios de los sumideros de carbono azul, pero destacan que la restauración de hábitats cumple una función que va más allá de eliminar carbono.

Eliminar varios cientos de miles de millones de toneladas de carbono de la atmósfera se considera ahora necesario para evitar los peores efectos del cambio climático. Recurrir a la naturaleza para contribuir a ese objetivo, permitiendo que los hábitats se regeneren, parecería ofrecer una solución beneficiosa para todos el medio ambiente y el clima.

Los sedimentos bajo los bosques de manglares, las marismas salinas y las praderas marinas son ricos en carbono orgánico que se ha acumulado a lo largo de cientos de años. Las empresas y los Estados que buscan compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO₂), exploran formas de hacerlo mediante la financiación de la restauración de estos llamados hábitats de carbono azul.

Muchos académicos y grupos del sector privado respaldan esta idea, bajo el supuesto de que es posible predecir con precisión, y con mucha antelación, la tasa a la que estos ecosistemas eliminan CO₂ de la atmósfera.

Somos investigadores que estudiamos cómo interactúan la vida marina, la química y el clima y, tras examinar los procesos por los que los hábitats costeros absorben (y liberan) gases que calientan el planeta, no estamos convencidos. No está nada claro que la restauración de estos hábitats beneficie al clima —por ejemplo, mediante la plantación de manglares— y existe un riesgo real de que se haya exagerado enormemente la magnitud de la mitigación de emisiones que pueden conseguir.

Nuestro nuevo análisis encontró varios motivos por los que resulta extremadamente difícil calcular una cifra fiable de acumulación de carbono en los ecosistemas costeros en las condiciones actuales. Por eso, la base para calcular las futuras compensaciones de carbono que podrían ofrecer los proyectos de restauración durante los próximos 50 a 100 años es muy poco sólida.

Los organismos excavadores alteran y mezclan las capas más jóvenes y las más antiguas, lo que provoca errores en el proceso de datación del carbono.Image: Stephanie Nolte/Universidad de East Anglia

Causas de la incertidumbre

Las estimaciones de la tasa a la que los hábitats de carbono azul eliminan CO₂ de la atmósfera varían ampliamente. En varios cientos de estudios científicos, la diferencia entre las estimaciones más altas y las más bajas del enterramiento de carbono fue de 600 veces en las marismas salinas, 76 veces en las praderas marinas y 19 veces en los manglares.

Aplicar el valor medio de todos estos estudios para un hábitat determinado es el atajo más sencillo para estimar la captura de carbono que cabe esperar de un nuevo proyecto de restauración. Pero la variabilidad implica que la compensación de carbono prevista podría calcularse con un gran margen de error. Y, como se han registrado muchos valores bajos y solo unos pocos muy altos, es mucho más probable sobreestimar el beneficio climático.

Hay diferencias en las tasas de eliminación de carbono incluso en distancias de apenas unos pocos kilómetros. Se necesitan muchas mediciones adicionales para llevar una contabilidad del carbono fiable, pero requieren tiempo y esfuerzo, lo que eleva el coste de los proyectos de restauración.

Los problemas son más profundos. Las tasas de enterramiento de carbono que se indican en los estudios suelen determinarse indirectamente, tomando muestras de sedimentos a distintas profundidades para estimar su antigüedad. Los organismos excavadores alteran y mezclan las capas más jóvenes y las más antiguas, lo que provoca errores en este proceso de datación: los sedimentos parecen más jóvenes y las tasas de enterramiento de carbono, más altas de lo que son en realidad.

Gran parte del carbono enterrado en los sedimentos costeros procede de otros lugares, por ejemplo, de suelos arrastrados desde tierra firme y transportados por los ríos. La proporción de carbono importado puede ser tan baja como el 10 % o llegar al 90 %. El carbono importado debería excluirse de las estimaciones utilizadas para contabilizar las compensaciones, a fin de aclarar cuánto se enterró como resultado de la restauración del hábitat y cuánto quizá se habría enterrado de todos modos.

Por desgracia, el carbono importado podría ser más resistente a la descomposición. En un estudio sobre una marisma salina, la proporción de carbono importado, que era del 50 % cerca de la superficie del sedimento, aumentó al 80 % en las capas más profundas. Dado que el valor de las capas profundas representa la tasa de enterramiento de carbono a largo plazo del hábitat, la contribución directa de un hábitat restaurado a la eliminación de carbono podría ser mucho menos importante de lo que se pensaba.

Otros procesos difíciles de cuantificar podrían aumentar, en lugar de reducir, los beneficios climáticos de restaurar los hábitats de carbono azul. Si los restos vegetales de un hábitat costero son arrastrados mar adentro en vez de acumularse en el sedimento, podrían almacenarse durante mucho tiempo en otro lugar. Por ejemplo, podrían hundirse en aguas muy profundas del océano abierto. Pero los científicos no saben lo suficiente sobre las cantidades de carbono que suelen intervenir en esos procesos como para contabilizarlas adecuadamente.

Convertir una plantación de palma aceitera en un bosque de manglares o inundar una zona costera para crear una marisma salina debería ayudar a que el terreno acumule carbono. Pero ese mismo terreno también podría liberar más metano (también conocido como gas de los pantanos) y óxido nitroso —ambos potentes gases de efecto invernadero—, sin que se obtenga ningún beneficio climático neto.

Esto se debe a que estos gases se forman cuando no hay suficiente oxígeno en el suelo o el sedimento, las mismas condiciones que favorecen la acumulación de carbono. Se necesitan mediciones técnicamente complejas para averiguar exactamente qué está ocurriendo.

Convertir una plantación de palma aceitera en un bosque de manglares o inundar una zona costera para crear una marisma salina debería ayudar a que el terreno acumule carbono.Image: Judith Rosentreter/Universidad Southern Cross

También están los animales y las plantas calcificadores que viven en estos hábitats, en particular en las praderas marinas. Las hojas de las praderas marinas, largas y estrechas como cintas, suelen estar cubiertas por una costra blanca de gusanos con concha y algas coralinas. Cuando estos organismos forman sus cubiertas de carbonato de calcio, se produce CO₂.

En una pradera submarina de Florida, se liberó más CO₂ del que eliminó la propia pradera marina. En otros lugares, las condiciones pueden favorecer una reacción química entre el CO₂ disuelto y el carbonato del sedimento, lo que da lugar a una captura adicional de carbono. De nuevo, se necesitan mediciones sofisticadas en cada lugar para determinar la importancia de estos efectos.

Los gusanos con concha y las algas coralinas producen CO₂ al formar sus cubiertas de carbonato de calcio.Image: David Luquet/CNRS y Sorbonne Université

Por último, hay que pensar en el futuro. ¿Resistirán los ecosistemas costeros restaurados los estragos del cambio climático, incluidas las olas de calor, las tormentas y la subida del nivel del mar? ¿Y se gestionarán lo suficientemente bien como para protegerlos de la invasión de la agricultura, la acuicultura, el turismo y otras industrias y actividades que quizá provocaron la desaparición del hábitat en primer lugar?

Aun así, hay que hacer todo lo posible para detener y, siempre que sea posible, revertir la pérdida mundial de vegetación costera. Al fin y al cabo, los hábitats de carbono azul son más que sumideros de carbono: también protegen a las comunidades de las tormentas, sustentan la biodiversidad y las especies objetivo de la pesca, y mejoran la calidad del agua.

Esperamos fervientemente que la futura protección de los hábitats de carbono azul sea eficaz y que el calentamiento global se mantenga por debajo de los umbrales considerados críticos para su supervivencia, que oscilan entre 2,3 °C y 3,7 °C por encima de los niveles preindustriales. Por desgracia, eso dista mucho de estar garantizado. Y si se superan esos umbrales de temperatura, las reservas de carbono acumuladas recientemente podrían volver a la atmósfera cuando ya no haya vegetación que impida la erosión del sedimento.

Dado que la magnitud de la eliminación y el almacenamiento de carbono a largo plazo por parte de los hábitats de carbono azul es tan incierta, confiar en ellos para compensar las emisiones continuas entraña demasiado riesgo. Las consecuencias de no cumplir lo previsto son demasiado graves. Por tanto, la prioridad debe ser redoblar los esfuerzos para reducir las emisiones y recurrir a métodos de eliminación de carbono para alcanzar las cero emisiones netas solo cuando tengamos confianza en que funcionarán.

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