Resistir a la resistencia: cómo la salud animal puede evitar una crisis mundial

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  • La salud animal está en primera línea de la lucha contra la resistencia antimicrobiana (RAM), una crisis impulsada por bacterias resistentes que amenazan la seguridad alimentaria, los ecosistemas y la salud pública.

  • Un uso más inteligente de los antibióticos, las medidas preventivas y las innovaciones como la terapia con fagos son esenciales para proteger el suministro alimentario mundial mientras se combate la RAM.

  • Países como Dinamarca y Brasil demuestran que abordar la RAM en la salud animal mediante la regulación, la innovación y la colaboración es tanto posible como fundamental.

La resistencia antimicrobiana (RAM) ha sido durante mucho tiempo calificada como la “pandemia silenciosa”, y, sin embargo, cobra más de 1,27 millones de vidas al año, y las estimaciones sugieren que contribuye indirectamente a hasta 5 millones de muertes cada año en todo el mundo.

En comparación, el primer año de la pandemia de COVID-19 registró 1,8 millones de muertes. A pesar de la desoladora cifra, los esfuerzos para combatir la RAM han carecido de la urgencia y de la atención coordinada que caracterizaron la respuesta mundial a la COVID-19, aun cuando la RAM sigue amenazando a los sistemas sanitarios, las economías y la seguridad alimentaria en todo el mundo.

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La salud animal es un campo de batalla contra la RAM

Esta falta de atención resulta especialmente preocupante al hablar de la salud animal, que constituye una primera línea crítica en la lucha contra la RAM. Las bacterias resistentes que se originan en los animales no permanecen en las granjas; se propagan a través de los alimentos, el agua y el medio ambiente, amenazando tanto la salud animal como la humana. Además, la salud del ganado y las aves de corral es esencial para mantener la seguridad alimentaria y sustentar los medios de vida agrícolas en todo el mundo. Salvaguardar la salud animal mediante un uso más inteligente de los antibióticos y medidas preventivas no es solo una prioridad agrícola, sino una piedra angular para proteger la salud pública y garantizar ecosistemas resilientes.

La resistencia bacteriana se produce cuando las bacterias se adaptan para sobrevivir a la exposición a antibióticos diseñados para eliminarlas. Con el tiempo, estas cepas resistentes se multiplican y se propagan, volviendo ineficaces los antibióticos. En el pasado, las bacterias solían desarrollar resistencia después de que los antibióticos se utilizaran ampliamente en entornos clínicos. Hoy en día, la resistencia se detecta incluso antes de que los nuevos antibióticos se comercialicen y durante sus fases de desarrollo o preclínicas. Esto significa que, cuando un nuevo antibiótico llega al mercado, algunas bacterias pueden ya ser inmunes a sus efectos, un cambio que se ilustra claramente en la siguiente cronología.

Image: PhageLab

En la producción animal, los antibióticos son indispensables para mantener la salud animal, tratar infecciones y garantizar la productividad. Sin embargo, el uso excesivo de estos medicamentos, como su empleo como promotores del crecimiento, puede alimentar involuntariamente la resistencia antimicrobiana. Reconocer el valor de los antibióticos hace crucial utilizarlos con prudencia como parte de un enfoque integrado.

Sin intervención, la RAM en la salud animal podría:

Poner en peligro la seguridad alimentaria: Las infecciones resistentes podrían afectar a las poblaciones de ganado y aves de corral, fundamentales para alimentar a una población mundial creciente.

Intensificar la presión económica: La necesidad de medidas de prevención de enfermedades más costosas y de restricciones comerciales sobre productos procedentes de regiones con RAM podría elevar los precios de los alimentos en todo el mundo.

Amenazar la salud pública: Las bacterias resistentes pueden saltar de los animales a los seres humanos, difuminando los límites entre especies y ecosistemas.

La naturaleza interconectada de la RAM subraya la urgencia de un enfoque de Una Sola Salud, que integra la salud humana, animal y ambiental en un marco unificado.

Acelerar la acción contra la RAM: lecciones de la respuesta a la COVID-19

El carácter silencioso de la RAM contrasta marcadamente con la visibilidad inmediata de la COVID-19. La pandemia impulsó una colaboración público-privada sin precedentes, que condujo al rápido desarrollo de vacunas y a cambios en las políticas globales. En el caso de la RAM, la respuesta ha sido más lenta, pese a la amenaza latente de una futura pandemia impulsada por bacterias resistentes a los medicamentos.

Para igualar la urgencia vista durante la COVID-19, los gobiernos y el sector privado deben:

Invertir en diagnósticos y alternativas: Tecnologías como las pruebas bacterianas rápidas y la terapia con fagos necesitan un desarrollo e implementación acelerados.

Modernizar las regulaciones: Agilizar los procesos de aprobación de soluciones innovadoras puede facilitar su acceso.

Aumentar la conciencia mundial: La RAM exige la misma visibilidad y compromiso que el cambio climático o los brotes de enfermedades infecciosas.

Innovaciones en la salud animal: el camino a seguir

La lucha contra la RAM no será posible sin avances científicos y tecnológicos. Avances como la terapia con fagos, un enfoque de precisión que utiliza virus que infectan y eliminan bacterias específicas, ya están logrando progresos. Las herramientas de diagnóstico que permiten un uso rápido y dirigido de los antibióticos están mejorando, y las prácticas agrícolas sostenibles están ganando terreno a nivel mundial.

Dinamarca ha reducido significativamente el uso de antibióticos en la agricultura gracias a regulaciones más estrictas, prácticas innovadoras y asociaciones público-privadas eficaces. Estas medidas han mantenido con éxito la salud y la productividad animal, al tiempo que minimizan el uso indebido de antibióticos. Este enfoque sirve de modelo para integrar la salud humana, animal y ambiental con el fin de combatir la resistencia antimicrobiana a escala mundial.

La RAM es una crisis sanitaria mundial, pero también es un problema que tiene solución, y la salud animal se encuentra en el centro de esta solución. Mediante la adopción de un enfoque de Una Sola Salud, la inversión en innovación y el fomento de la colaboración entre sectores, podemos frenar la propagación de las infecciones resistentes. Las herramientas para combatir la RAM ya existen; lo que se necesita es la voluntad colectiva de implementarlas a gran escala.

Como advirtió Alexander Fleming en su conferencia del Premio Nobel: “No es difícil hacer que los microbios sean resistentes a la penicilina en el laboratorio exponiéndolos a concentraciones insuficientes para matarlos, y lo mismo ha ocurrido ocasionalmente en el organismo”. Aunque es probable que Fleming no pudiera prever la escala del uso de antibióticos actual, su advertencia sobre los peligros del mal uso fue premonitoria. El uso excesivo y el mal uso generalizados de antibióticos, tanto en humanos como en animales, han permitido que las bacterias resistentes prosperen y se propaguen, lo que hace que su advertencia sea aún más relevante hoy.

La historia nos demuestra que las pandemias pueden vencerse mediante la colaboración, la innovación y la urgencia. La previsión de Fleming nos recuerda que la resistencia era previsible, pero también muestra que la responsabilidad y la acción colectiva pueden cambiar su rumbo. La RAM puede ser silenciosa, pero no es invencible.

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