Así es como la distancia con la naturaleza afecta a nuestra salud

Sun rays shine through trees in a forest on an autumn morning near Biere, Switzerland, September 26, 2018. REUTERS/Denis Balibouse - RC155E1FFD10
Time in nature has long been associated with cleansing of the mind.Image: REUTERS/Denis Balibouse
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Tienes problemas. Quizás más de los que imaginas. Además de todas las preocupaciones habituales (el trabajo, las relaciones, el dinero, el tiempo), la vida civilizada también podría estar causándote un trauma psicológico.

La desconexión con la naturaleza puede ser perjudicial para nuestra salud mental. Pero no existía un nombre para este malestar concreto hasta 2000, cuando Glenn Albrecht, profesor de sostenibilidad australiano, acuñó el término psicoterratica, dando inicio a un vocabulario para hablar de la relación entre la salud mental y el medioambiente.

Desde entonces, ha ideado todo un léxico. En mayo, el libro de Albrecht Earth Emotions: New Words for a New World, será publicado por Cornell University Press. Incluye joyas como la palabra ecoagnosia, un término creado para describir la ignorancia o indiferencia ambiental hacia la ecología. Y luego está solastalgia, una nostalgia típicamente contemporánea: el dolor psíquico que provoca el cambio climático y la añoranza de un hogar que se transforma ante tus ojos.

El poder sanador de la naturaleza

Julia Plevin, autora del próximo libro The Healing Magic of Forest Bathing, que será publicado en marzo por Random House, solía sufrir de psicoterratica. Como estudiante de diseño en Nueva York, Plevin reconoció que todos los edificios grises y la escasez de vegetación la deprimían y la hacían sentir ansiosa. Centró sus estudios en la psicoterratica y comenzó a examinar la conexión entre el espacio, la naturaleza, la salud y el diseño.

Cuando regresó a su San Francisco natal para trabajar en Silicon Valley, encontró un tratamiento milagroso para su malestar psicológico. Es sorprendentemente sencillo… sobre todo si vives cerca de un bosque. Como dice Plevin, solo necesitamos «resalvajizarnos» con regularidad, pasar tiempo al aire libre, especialmente entre árboles. Pasear por el bosque y cultivar una conexión con la naturaleza es su medicina, y compartir esta terapia se ha convertido en su misión.

Plevin es la fundadora del San Francisco Forest Bathing Club. Cuando inició el grupo en Meetup.com en 2016, no sabía si a la gente le interesaría. Y sí les interesó. En cuestión de meses, más de 500 miembros se inscribieron, y ella hablaba con periodistas de todo el mundo sobre el tónico de la naturaleza salvaje. El baño de bosque, una de las actividades más antiguas de la humanidad, experimentaba un repentino resurgimiento de popularidad.

Lo antiguo vuelve a ser nuevo

El paseo por el bosque como terapia comenzó en Japón en 1982, cuando el gobierno introdujo el concepto de shinrin yoku, o «baño de bosque». Instaba a los ciudadanos a aprovechar los 3000 millas de bosques del país para mejorar su bienestar. Tomohide Akiyama, entonces jefe del ministerio forestal, comprendió de forma intuitiva que los bosques benefician a las personas, mientras que la distancia con la naturaleza nos enferma.

Poco después, los investigadores japoneses intentaron cuantificar esta intuición, estudiando el efecto curativo de los árboles. Descubrieron que el baño de bosque no solo resulta agradable, sino que también es sanador a nivel físico, porque expone a las personas a los aceites esenciales saludables que liberan los árboles, denominados fitoncidas. Estos aceites antimicrobianos protegen a los árboles de los gérmenes y ofrecen una gran variedad de beneficios para la salud humana, entre ellos mejorar el estado de ánimo y la función del sistema inmunitario; reducir la presión arterial, la frecuencia cardíaca, el estrés, la ansiedad y la confusión; mejorar el sueño y la creatividad; y posiblemente combatir el cáncer y la depresión.

Entre 2004 y 2012, las autoridades japonesas gastaron alrededor de 4 millones de dólares en estudiar los efectos fisiológicos y psicológicos del baño de bosque, y designaron 48 senderos terapéuticos a partir de los resultados. En un estudio muy pequeño (y por ello limitado), aunque interesante, Qing Li, profesor de la Escuela de Medicina de Nippon en Tokio, midió la actividad de las células asesinas naturales (NK) humanas en el sistema inmunitario de 12 hombres antes y después de su exposición al bosque. Estas células proporcionan respuestas rápidas frente a células infectadas por virus y tumores, y están asociadas con la salud del sistema inmunitario y la prevención del cáncer. En un estudio de 2009, los sujetos de Li mostraron incrementos significativos en la actividad de las células NK durante la semana siguiente a una visita al bosque, y los efectos positivos duraron un mes después de cada fin de semana en el bosque.

Japón cuenta ahora con 62 bosques terapéuticos designados, que atraen a unos 5 millones de visitantes al año, y Li se ha dado a conocer como un chamán posmoderno, el científico pionero de la medicina arbórea. Finlandia se promociona ante los turistas como un destino de baño de bosque. En Estados Unidos, Reino Unido y Canadá existen programas de guía y certificación en terapia forestal, y hay un Global Institute for Forest Therapy. En todo el mundo, grupos como el club de baño de bosque de Plevin, oficiales y no oficiales, están tratando su psicoterratica con una dosis de naturaleza, sepan o no que lo hacen.

La civilización y sus descontentos

Dicho esto, hay muchas formas de tomar tu medicina natural. La ciencia de la mente azul es el estudio de las propiedades curativas del agua, y los estudios han demostrado que tanto un viaje al océano como una ducha en casa resultan relajantes. Una visita al parque también es reparadora, al igual que caminar descalzo y en contacto con la tierra, lo que básicamente consiste en conectar con el suelo.

Incluso hundir los dedos en la tierra de una planta en maceta puede mejorar tu estado de ánimo y reforzar tu sistema inmunitario. Resulta que, al igual que los árboles, la tierra tiene propiedades beneficiosas para la salud humana. El suelo tiene un microbioma y, cuanto más entramos en contacto con él, más permitimos que se infiltre en nuestro organismo, y mejores son nuestras probabilidades de mantener el bienestar físico y mental.

Tenemos una necesidad tanto física como psicológica de estar en la naturaleza, como revelan cada vez más las nuevas investigaciones, y enfermamos cuando nos desconectamos de ella. Afortunadamente, la receta para nuestros males resulta ser una solución sencilla, económica y sin efectos secundarios negativos.

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