Proteger el océano es clave para combatir el cambio climático

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  • Actualmente, alrededor del 7 % del océano está protegido y las emisiones de CO2 de la pesca de arrastre de fondo son comparables a las de la industria de la aviación mundial.

  • Un nuevo estudio revela que, para preservar la vida marina, aumentar el suministro de alimentos y reducir las emisiones de CO2, debemos proteger al menos el 30 % del océano.

  • Exponemos cuatro áreas clave que podrían ayudar a evitar el colapso de este ecosistema y prevenir una catástrofe climática.

2021 debería ser el «superaño» de la naturaleza, en el que acordemos colectivamente cómo afrontar el mayor riesgo para la humanidad: hemos perdido por completo el equilibrio con la naturaleza. Pero existe una solución científicamente probada y rentable, y nuevas investigaciones han encontrado un camino a seguir.

Ya hemos perdido el 60 % de la fauna terrestre y el 90 % de los grandes peces oceánicos. Aproximadamente el 96 % de todos los mamíferos de la Tierra son seres humanos y ganado domesticado. El 4 % restante incluye desde osos hasta elefantes y tigres. Ahora corremos el riesgo de la extinción de un millón de especies durante este siglo. Perder estas especies y todos los bienes y servicios que nos proporcionan supondría el colapso de nuestro sistema de soporte vital y de todo lo que nos importa y necesitamos para sobrevivir: nuestros alimentos, nuestra salud, nuestra economía, nuestra seguridad, todo.

La buena noticia es que aún podemos evitar esta catástrofe. En octubre de este año, los países del mundo se reunirán en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad en Kunming, China, para acordar cuánto espacio estamos dispuestos a ceder los seres humanos al resto de las especies con las que compartimos este planeta. El océano debe ocupar un lugar más central en este cambio. Es víctima del cambio climático —debido al calentamiento y la acidificación de los océanos—, pero también puede ser una parte importante de la solución. Sin embargo, pese a las graves amenazas para nuestro sistema oceánico de soporte vital, actualmente solo el 7 % del océano mundial está sujeto a algún tipo de protección. ¿Cuánto más debemos proteger?

Algunas personas sostienen que no podemos proteger más océano porque pronto tendremos que alimentar a 10.000 millones de personas y recomiendan desarrollar una nueva «economía azul». Pero eso es un mito. No podemos extraer más pescado del océano pescando más. Y no puede haber una economía azul con un océano muerto. Ya se explota más de tres cuartas partes de las poblaciones de peces por encima de los límites sostenibles, y el Banco Mundial señala que solo podremos capturar más peces si reducimos casi a la mitad el esfuerzo que el mundo dedica a la pesca.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el océano?

Esta aparente disyuntiva entre la extracción y la protección me llevó, hace un par de años, a reunir a un equipo de colegas para calcular qué proporción del océano debemos proteger y qué áreas habría que proteger para maximizar los beneficios para las personas y el planeta. La ciencia es clara: cuanto mayor es la biodiversidad, más beneficios nos aporta el mundo natural. Por eso, debemos proteger toda la naturaleza silvestre que aún queda y restaurar lo que hemos degradado.

En tierra, la restauración puede acelerarse replantando vegetación autóctona o reintroduciendo animales grandes, pero en el océano, la forma más rápida de restablecer el equilibrio es dejar que el propio océano lo haga. Cuando cerramos áreas a la pesca y a otras actividades perjudiciales, la biomasa de peces se multiplica por seis en promedio en una década. Por eso, nuestro equipo desarrolló una nueva herramienta cartográfica para identificar las áreas que, si se protegieran por completo de las actividades perjudiciales, nos reportarían los mayores beneficios. Estas son nuestras principales conclusiones:

1) Más protección = más alimentos

Si protegemos las áreas adecuadas del océano, estas ayudarían a repoblar las zonas circundantes, de modo que las capturas pesqueras mundiales aumentarían hasta superar los 8 millones de toneladas métricas (o el 10 % de las capturas mundiales de 2018). Así queda desmentido el mito de que no podemos proteger más porque necesitamos capturar más peces. De hecho, la conservación es lo que hará que haya más peces.

2) Más protección = menos emisiones de carbono del océano

Nuestra investigación reveló que el lecho marino, que creíamos que era el mayor almacén de carbono del planeta, se ha convertido en una fuente de emisiones de carbono. Cada año, los barcos de arrastre de fondo surcan alrededor de 5 millones de km2 del lecho marino (una superficie de más del doble del tamaño de Groenlandia) con redes enormes y pesadas, removiendo los sedimentos y el carbono que contienen. Parte de ese carbono, al ser removido y resuspendido en el agua, se convierte en dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero que puede permanecer en la atmósfera durante 1.000 años.

El hallazgo más impactante fue que las emisiones de CO2 de la pesca de arrastre de fondo son similares a las de la aviación mundial. Aquí hay una gran oportunidad para proteger el lecho marino y los valiosos ecosistemas frente a la pesca de arrastre de fondo y, al mismo tiempo, reducir enormemente las emisiones de carbono. Los países podrían vender como créditos de carbono el carbono que dejaría de emitirse año tras año, y destinar esos ingresos a financiar la protección del océano.

3) Debemos proteger al menos el 30 % del océano

Nuestra investigación reveló que, independientemente de cómo sopesemos la vida marina, los alimentos y el clima, debemos proteger al menos el 30 % del océano mundial. Solo protegeríamos menos si la humanidad decidiera que no quiere la biodiversidad marina, algo que sabemos que sería suicida. La elección de las áreas que se deben proteger depende de cómo valoren los países la biodiversidad, la pesca y la mitigación del cambio climático. Nuestra nueva herramienta cartográfica permite a las partes interesadas asignar distintos valores a los diferentes objetivos y calcular múltiples beneficios. Cada opción genera un mapa distinto. Pero, sea cual sea el valor que se atribuya a estas tres áreas, la gran mayoría de las prioridades para la conservación del océano se encuentra dentro de las zonas económicas exclusivas de 200 millas de los países.

4) La colaboración mundial es más eficiente

Es importante señalar que nuestra nueva investigación muestra que, si los países protegen áreas según las prioridades mundiales, se necesitaría menos de la mitad de la superficie oceánica para obtener los beneficios deseados que si cada país se ocupara únicamente de sus prioridades nacionales. Actuar por separado exigiría más esfuerzo y sería más costoso.

Nuestros resultados respaldan el objetivo mundial de proteger al menos el 30 % del océano para 2030, propuesto por más de 50 países y la Comisión Europea como uno de los principales objetivos del acuerdo sobre la naturaleza de Kunming previsto para finales de este año. Si damos al océano el espacio que necesita, nos alimentará, reforzará la seguridad alimentaria y nos ayudará a evitar una catástrofe climática. Esa es la economía azul que necesitamos: la economía de un océano vivo.

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