Según un nuevo estudio, las áreas protegidas son más eficaces para almacenar carbono que las áreas no protegidas con una ecología similar.
Las áreas protegidas de la selva amazónica registraron la mayor tasa de reservas de carbono del estudio.
La investigación fue financiada por la Fundación Nacional de Ciencias y la NASA.
Los resultados del estudio pueden ayudar a responsables de políticas y conservacionistas a evaluar qué áreas proteger para combatir el cambio climático.
Al evitar la deforestación, las áreas protegidas de todo el mundo almacenan una cantidad de carbono equivalente, aproximadamente, a las emisiones mundiales de combustibles fósiles de un año, en comparación con áreas que, de otro modo, no estarían protegidas. Esa es la conclusión de un estudio publicado recientemente estudio cuyo objetivo era calcular los beneficios para el carbono de conservar bosques y otros paisajes.
Según el estudio, la Amazonía brasileña presenta la mayor tasa de reservas de carbono entre las áreas protegidas y representa hasta un 36% del total. «Estos bosques son los más amenazados por la presión humana, por lo que las áreas protegidas son especialmente importantes aquí», declaró por correo electrónico a Mongabay Laura Duncanson, profesora adjunta de ciencias geográficas en la Universidad de Maryland y autora principal del nuevo artículo, publicado el 1 de junio en Nature Communications, «Nunca antes se habían usado datos satelitales», recopilados por la misión de la NASA
Científicos de la Universidad de Maryland, la Universidad del Norte de Arizona, la Universidad de Arizona y Conservation International trabajaron con datos satelitales nunca antes utilizados, recopilados por la misión de la NASA Investigación sobre la Dinámica de los Ecosistemas Globales (GEDI). Descubrieron que, en comparación con áreas no protegidas de ecología similar, las áreas protegidas almacenan 9.65 mil millones de toneladas métricas adicionales de carbono en su biomasa aérea. Según los autores, la reducción de la deforestación y la degradación son las principales razones de estas reservas adicionales de carbono. La investigación fue financiada por la Fundación Nacional de Ciencias y la NASA.

Para Patrick Roehrdanz, coautor del estudio y gerente de planificación espacial para la conservación de áreas en respuesta al cambio climático en Conservation International, los hallazgos destacan que las áreas protegidas «están cumpliendo su función» en cuanto al carbono, la biodiversidad y la estructura de los ecosistemas.
En el contexto de las metas del Marco Mundial de Biodiversidad para ampliar las áreas protegidas en todo el mundo, «podemos esperar que la creación de nuevas áreas protegidas aporte una mitigación adicional del carbono», declaró a Mongabay en una videollamada.
«Este estudio respalda la protección y ampliación continuas de las áreas protegidas como una de las formas de actuar frente al cambio climático», declaró Duncanson a Mongabay por correo electrónico. «Por supuesto, esto sigue siendo una parte relativamente pequeña del panorama: la conservación de los bosques por sí sola nunca resolverá la crisis sin recortes drásticos en las emisiones de combustibles fósiles».
Para Viola Heinrich, investigadora posdoctoral de la Universidad de Exeter (Reino Unido) y del Centro Alemán de Investigación en Geociencias, quien no participó en el estudio, los resultados no son sorprendentes, pero sí bienvenidos, pues aportan nuevos datos para orientar a los responsables de políticas. «En realidad, ofrece pruebas cuantitativas que podrían permitir a los responsables de políticas ampliar las áreas protegidas donde sea posible o viable».

Seguimiento del carbono forestal desde el espacio
Los investigadores utilizaron datos recopilados por la misión GEDI de la NASA, lanzada en 2018, que utiliza un sistema de láseres para crear mapas tridimensionales de los bosques y medir la cantidad de biomasa y carbono. Roehrdanz describe GEDI como «un antes y un después», pues es la primera vez que la tecnología lidar contribuye a cartografiar mundialmente el carbono de áreas protegidas de este tipo.
Según los investigadores, las estimaciones anteriores del carbono forestal mundial no eran fiables o estaban sujetas a incertidumbre. Con estos nuevos datos, la precisión ha mejorado considerablemente.
Tras analizar más de 400 millones de muestras de estructuras tridimensionales, los investigadores emparejaron cada área protegida con áreas no protegidas de ecología similar, basándose en diversos factores, como el clima, la presión humana, la ubicación, entre otros. Al comparar la capacidad de las áreas protegidas para evitar emisiones con la de las áreas no protegidas, descubrieron que las redes de parques nacionales y reservas son un 28% más eficaces para almacenar carbono.
Sin embargo, según los investigadores, este método tiene algunas limitaciones. «Atribuimos la mayoría de los hallazgos a la reducción de la deforestación y la degradación, pero también podría estar produciéndose un mayor crecimiento», escribió Duncanson.

«Lo ideal habría sido contar con una serie temporal de datos de láser satelital (lidar) para cartografiar directamente los cambios anuales del carbono forestal», dijo. «Esperamos que en el futuro haya datos continuos de lidar satelital para poder monitorear el carbono y comprender mejor por qué algunas áreas protegidas son tan importantes».
Para Duncanson y sus colegas, los hallazgos subrayan la importancia de proteger los bosques como una solución climática basada en la naturaleza por los servicios climáticos que brindan. «Estos resultados destacan la importancia de conservar los bosques con una gran biomasa para evitar las emisiones de carbono y preservar la captura futura», escriben.
A juicio de Heinrich, sus hallazgos también subrayan que otros ecosistemas no forestales brindan este servicio de almacenamiento de carbono: «El enfoque mundial del estudio le permitió demostrar de forma excepcional que las áreas protegidas con bosques no siempre son las que almacenan más carbono adicional, como ocurre en África».
Señala el hallazgo de que los pastizales, matorrales y sabanas protegidos de África almacenan más carbono adicional que paisajes no protegidos de ecología similar, a diferencia de América del Sur y Asia, donde predominan las zonas forestales. Esto destaca los posibles beneficios de proteger más estos paisajes.

Selva amazónica: importancia mundial y grave amenaza
Entre los principales hallazgos de los investigadores figura la importancia mundial del «bioma de bosque tropical y subtropical húmedo de frondosas» de la Amazonía brasileña para el almacenamiento de carbono adicional: representa 3.54 mil millones de toneladas métricas de carbono en comparación con las áreas no protegidas. Los autores señalan que, durante el período del estudio, Brasil registró la mayor tasa de deforestación de todos los países.
«Se reconoce que la Amazonía es un depósito mundial de carbono de enorme importancia y que también ha estado en riesgo de deforestación, con períodos de deforestación acelerada en Brasil», dijo Roehrdanz. «Pero las áreas protegidas han logrado evitar la deforestación y la degradación, y han aportado una cantidad significativa y medible de carbono a nuestras reservas mundiales de carbono».
«Creo que el mensaje es que debemos actuar rápidamente para preservar la Amazonía», declaró en una videollamada a Mongabay Luiz Fernando Silva Magnago, profesor de ciencias agroforestales de la Universidad Federal del Sur de Bahía, en Brasil, quien no participó en el estudio. «Me preocupa que, en las próximas generaciones, la Amazonía se transforme en la Mata Atlántica: con una diversidad muy alta y enormes servicios ecosistémicos, pero confinada principalmente a pequeños fragmentos».
Le preocupa que las áreas protegidas, como las de la Amazonía, quizá no contribuyan por sí mismas a mitigar el cambio climático. «El problema es que podrían estar actuando como una fuente de carbono, no como un sumidero», dijo, y señaló estudios anteriores que han demostrado que partes de la Amazonía son ahora una fuente neta de emisiones. «Si se crean más áreas protegidas o se llevan a cabo iniciativas de reforestación, se puede mitigar el cambio climático».

Magnago dijo que el estudio se basa bien en conocimientos previos que vinculan las zonas biodiversas con otros beneficios ecosistémicos del almacenamiento de carbono a escala mundial, pero que la protección podría ampliarse. «Creo que debemos centrarnos especialmente en proteger los territorios indígenas de la Amazonía», dijo. «Podrían complementar las áreas protegidas para la biodiversidad».
Heinrich coincide en este punto, y cita investigaciones que muestran que los territorios indígenas ejercen el efecto protector más fuerte sobre las zonas forestales. Si se dividieran las áreas protegidas en distintas categorías —como territorios indígenas, áreas de conservación natural, entre otras—, se destacaría aún más su valor.
«Es probable que un análisis así hubiera destacado específicamente el papel de los territorios indígenas, lo que podría haber dado aún más fuerza al mensaje general del artículo y puesto en primer plano internacional el papel de los pueblos indígenas», dijo.
Los autores del estudio afirman que los hallazgos ofrecen una razón convincente para seguir preservando las áreas naturales, y que estudios similares podrían ayudar a identificar áreas con una gran capacidad de captura de carbono que convendría proteger en el futuro.
«Este estudio destaca que, a escala mundial, la conservación de los bosques es un componente fundamental de la solución al cambio climático», escribió Duncanson. «Esperamos que ayude a respaldar la financiación y gestión continuas de estas áreas tan importantes. También podría ser conveniente ampliar las áreas protegidas, aunque, por supuesto, esto depende de las circunstancias locales».





