En los bosques del norte de Suecia, una importante línea ferroviaria atraviesa terrenos protegidos originalmente para las aves migratorias, por lo que se han creado humedales estacionales nuevos para las aves de la zona. En el sur de Uganda, una enorme presa hidroeléctrica ha inundado amplias zonas de bosque tropical, por lo que se han restaurado los bosques degradados cercanos y se han protegido los terrenos que ocupan. En las remotas y salvajes costas del mar Caspio, un puerto estratégico corre el riesgo de perturbar a focas amenazadas, por lo que se han creado islas enteras para garantizar que los mamíferos dispongan de hábitat suficiente.
Todos estos proyectos son ejemplos de lo que planificadores y promotores denominan compensaciones de biodiversidad. Pero ¿realmente marca alguna diferencia todo esto y evita de verdad que las nuevas infraestructuras dañen la biodiversidad en su conjunto?
La idea es sencilla: generar mejoras de biodiversidad que compensen plenamente los daños causados por un nuevo desarrollo. En teoría, es un recurso de último momento, que solo se utiliza después de haber intentado evitar, reducir o remediar cualquier pérdida de fauna silvestre o de sus hábitats.
El objetivo es garantizar que la biodiversidad no quede en peor situación en conjunto que antes del desarrollo (la llamada política de «pérdida neta nula»). En la práctica, las compensaciones suelen consistir en restaurar o proteger en otro lugar hábitats similares al que ha sido destruido por el desarrollo (suponiendo que se perdería sin protección).
Por qué debería importarle
Es mucho más que un tecnicismo aburrido del proceso de planificación: la compensación de biodiversidad es en realidad una práctica muy polémica y de importancia mundial para la conservación de la biodiversidad.
En 2018, uno de nosotros (Joseph) dirigió la primera evaluación global de la compensación de biodiversidad en cuanto a su aplicación, y los resultados fueron asombrosos: la investigación halló que la superficie total gestionada para la conservación en el marco de las compensaciones de biodiversidad era de aproximadamente 150.000 kilómetros cuadrados (con gran incertidumbre en torno a esta cifra, porque los datos son difíciles de obtener), una superficie equivalente al tamaño de Bangladés. También constató que la mayoría de las compensaciones se establecen por requisitos legales de la normativa nacional, y que la mayoría de ellas contrarrestan impactos dentro de ecorregiones forestales; más adelante hablaremos de la importancia de esto.

Aún más importante, sin embargo, parece que el uso de compensaciones probablemente seguirá creciendo, ya que el factor subyacente por el que supuestamente las necesitamos (la rápida expansión de los impactos humanos sobre los ecosistemas naturales) sigue aumentando. Según el recuento más reciente, 108 países ya tienen o están desarrollando políticas que prevén compensaciones.
Si las compensaciones de biodiversidad funcionan
Así pues, dado que la compensación se está consolidando como una herramienta clave para mitigar los impactos de las crecientes presiones humanas sobre los ecosistemas, ¿qué pruebas hay de que realmente funcionan?
Para abordar esta cuestión, hemos revisado recientemente, junto con colegas, los resultados reales de las compensaciones y las políticas de pérdida neta nula en todo el mundo. Analizamos estudios académicos sobre ecosistemas que abarcan desde arroyos y humedales de América del Norte hasta marismas y estanques mareales europeos, pasando por bosques australianos. Nuestros resultados, publicados en la revista Conservation Letters, fueron sorprendentes.
Descubrimos que alrededor de un tercio de las compensaciones de biodiversidad que estudiamos logró efectivamente una pérdida neta nula. Sin embargo, estos éxitos se produjeron en ecosistemas de humedales, como estanques, marismas o arroyos: no encontramos pruebas de que las compensaciones aplicadas en sistemas forestales hayan logrado con éxito una pérdida neta nula. Recordemos que antes señalamos que dos tercios de todas las compensaciones a nivel mundial se encontraban en ecosistemas forestales. Nuestro estudio demuestra que, sin cambios serios en la forma en que se realizan y supervisan las compensaciones en estos hábitats ecológicamente ricos y complejos, no hay pruebas suficientes de que las compensaciones basten para lograr una pérdida neta nula de biodiversidad por desmonte de tierras.
Tampoco encontramos pruebas de que las compensaciones que protegen ecosistemas que de otro modo podrían haberse desmontado (las denominadas compensaciones de «pérdida evitada») hayan logrado una pérdida neta nula. Probablemente esto se debe a que las «ganancias» de biodiversidad derivadas de la protección a menudo se sobrestimaron; por ejemplo, quizá las compensaciones se ubicaban en una zona que no estaba realmente amenazada, por lo que protegerla no redujo de forma significativa la probabilidad de pérdida de hábitat.
Otro hallazgo importante fue que la mayoría de los estudios han medido los resultados de las políticas de pérdida neta nula evaluando los cambios en la superficie de los hábitats bajo la jurisdicción de dichas políticas.
Desde una perspectiva ecológica, se trata de una forma algo rudimentaria de evaluar los cambios en la biodiversidad, ya que no distingue entre hábitats biodiversos de alta calidad y hábitats pobres en biodiversidad. Por ello, la información sobre los resultados «reales» en biodiversidad de las políticas de pérdida neta nula sigue siendo escasa.
El futuro de la pérdida neta nula
Volviendo a nuestra línea ferroviaria en Suecia, a nuestra presa en Uganda y a nuestro puerto en Kazajistán, hay dos cosas que quedan claras de inmediato. En primer lugar, sin mencionar nombres, la eficacia ecológica de las políticas de pérdida neta nula puede ser muy variable. En segundo lugar, muchos desarrollos son cruciales para las personas y su bienestar, pero tienen un coste para la naturaleza que debe gestionarse de alguna manera, dados los continuos descensos de la biodiversidad a nivel mundial.
Ante el rápido aumento mundial de los impactos humanos sobre los sistemas naturales, es esencial que encontremos la manera de mitigar las pérdidas de biodiversidad. Con mejoras adaptativas constantes en consonancia con la mejor ciencia, las compensaciones de biodiversidad pueden desempeñar un papel importante, pero debemos aceptar que existen límites significativos a lo que la compensación puede lograr.






