El pacto mundial de 2015 para combatir el cambio climático saldrá beneficiado en algunos aspectos, al menos, si el presidente de EE. UU., Donald Trump, cumple su amenaza de retirarse, afirman sus partidarios, en un cambio de perspectiva respecto al pesimismo sobre el destino de un acuerdo cuya negociación llevó dos décadas.
El Acuerdo de París exige consenso para todas las decisiones, lo que significa que la retirada de unos Estados Unidos reacios facilitaría a emisores como China y la Unión Europea diseñar los detalles de una transición de un billón de dólares para abandonar los combustibles fósiles.
Trump ha calificado de engaño el cambio climático causado por el ser humano y, durante su campaña, prometió —algo que aún no ha cumplido— «cancelar» el acuerdo; dijo que quiere promover la industria nacional de combustibles fósiles.
Como parte de un paso para revertir las regulaciones medioambientales introducidas durante el mandato del expresidente Barack Obama, Trump firmará el martes una orden destinada a facilitar a las empresas la producción de energía en Estados Unidos.
«Habrá algunas ventajas para otros países y también habrá desventajas extraordinarias» si Estados Unidos acaba retirándose del Acuerdo de París, afirmó Christiana Figueres, una de las artífices del acuerdo y responsable de clima de la ONU en París.
«No es una situación en blanco y negro», dijo.
Dijo que el resultado ideal, tanto para Estados Unidos como para otros países, sería que Washington permaneciera en el acuerdo y redujera sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero. Añadió que las perspectivas de inversión eran mejores para las energías renovables, como la solar, que para el carbón.
Desde hace tiempo se teme que la retirada de la principal economía del mundo reduzca la disposición de otros países a recortar las emisiones de gases de efecto invernadero en virtud de un acuerdo ratificado por países tan diversos como China, Arabia Saudí y naciones africanas.
Pero empieza a cobrar fuerza una opinión contraria: que a París quizá le iría mejor.
Talón de Aquiles
«El talón de Aquiles del Acuerdo de París es que se basa en el consenso», afirmó Johan Rockstrom, director del Centro de Resiliencia de Estocolmo de la Universidad de Estocolmo.
«Es muy difícil tener en la sala a un gigante hostil» capaz de bloquear todas las decisiones, dijo. Añadió que en las últimas semanas había cambiado de opinión y ahora consideraba que, en conjunto, una retirada de Estados Unidos sería mejor; antes pensaba que sería un «gran fracaso».
El Acuerdo de París contiene pocas obligaciones vinculantes. Permite a todos los países fijar sus propios objetivos para combatir el cambio climático y no impone sanciones por incumplimiento.
Los gobiernos han fijado 2018 como plazo para elaborar un reglamento del Acuerdo de París y completar detalles, por ejemplo, sobre cómo los países comunicarán y supervisarán sus reducciones de emisiones.
Aumento de las temperaturas
El Acuerdo de París de 2015 para limitar el cambio climático entró en vigor el 4 de noviembre, tras recibir rápidamente el respaldo de los principales emisores de gases de efecto invernadero, encabezados por China, EE. UU. y la UE. Así comenzó una etapa más difícil, en la que tendrán que cumplir sus promesas de acción.
Emisiones de gases de efecto invernadero
Intervalos proyectados de emisiones, en gigatoneladas de CO₂ equivalente, para escenarios medidos en grados Celsius por encima de los niveles preindustriales
El Acuerdo de París
A 12 de enero de 2016, 123 países, responsables del 80,43 % de las emisiones mundiales, habían ratificado el Acuerdo de París.
El ministro de Medio Ambiente de Maldivas, Thoriq Ibrahim, presidente de la Alianza de Pequeños Estados Insulares, cuyos miembros temen estar en riesgo por el aumento del nivel del mar, instó a que Estados Unidos siguiera participando en el Acuerdo de París.
«Cuanto más se examina, más claro queda que también promueve importantes beneficios estratégicos, económicos y de seguridad», afirmó.
La primera ministra de Noruega, Erna Solberg, también dijo que sería mejor que Estados Unidos permaneciera en el acuerdo. «Pero no creo que el Acuerdo de París llegue a su fin si Estados Unidos decide retirarse», dijo.
Oliver Geden, del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, discrepó. Afirmó que una retirada de Estados Unidos socavaría gravemente el Acuerdo de París y que cualquier decisión sería en gran medida irrelevante sin la mayor economía del mundo. «El impulso podría desvanecerse bastante pronto», predijo.
Aun así, tras la elección de Trump en noviembre, casi 200 países coincidieron en que el mundo tenía el «deber urgente» de combatir un ritmo de calentamiento global «alarmante y sin precedentes».
«El ritmo y la escala del cambio que ya está en marcha en la economía mundial son extraordinarios e irreversibles», afirmó Stephanie Pfeifer, directora del Institutional Investors Group on Climate Change, un foro que gestiona activos por valor de 18 billones de euros (20 billones de dólares).
«Las energías renovables ya han superado al carbón como fuente mundial de electricidad, los vehículos eléctricos son el segmento de mayor crecimiento de la industria automovilística y se están creando empleos muy rápidamente en el sector de la energía limpia», afirmó.
El objetivo de EE. UU. en virtud del Acuerdo de París, fijado por Obama, es reducir las emisiones entre un 26 % y un 28 % respecto a los niveles de 2005 para 2025, como parte de los esfuerzos mundiales por evitar más lluvias torrenciales, sequías, olas de calor e inundaciones.
Es probable que las políticas de Trump favorables al carbón hagan menos ambiciosos los recortes de emisiones de EE. UU.
Al permanecer en el Acuerdo de París, Trump también socavaría una exigencia de su artículo 4: que los sucesivos planes climáticos nacionales establezcan recortes cada vez más profundos. La retirada de Estados Unidos facilitaría a los partidarios del acuerdo argumentar que no se ha vulnerado ese principio.
El Acuerdo de París establece como objetivo primordial limitar el calentamiento global a «mucho menos» de dos grados Celsius (3,6 Fahrenheit) por encima de los niveles preindustriales. Las Naciones Unidas afirman que los compromisos actuales son insuficientes para alcanzar ese objetivo.





