¿Por qué es hora de invertir en infraestructura resiliente al clima?

A man wades through a flooded road along the banks of Dal Lake in Srinagar September 18, 2014. Both the Indian and Pakistani sides of the disputed Himalayan region have seen extensive flooding this month with Srinagar particularly hard hit. Hundreds of people have been killed and tens of thousands are homeless. REUTERS/Danish Ismail (INDIAN-ADMINISTERED KASHMIR - Tags: DISASTER ENVIRONMENT) - GM1EA9I1A0701
Infrastructure across the globe is not robust enough to deal with violent or unpredictable weather.Image: REUTERS/Danish Ismail
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Desde la devastación causada por el huracán Dorian en las Bahamas y las olas de calor estivales en el hemisferio norte, hasta la sequía en India y el ciclón Ida en Mozambique, la crisis climática ya está aquí, afectando a amplias franjas de la humanidad y golpeando con mayor dureza a los más vulnerables.

Imágenes de viviendas arrasadas, embalses secos, carreteras inundadas o aeropuertos anegados copan los titulares semanalmente. Son recordatorios contundentes de que nuestra infraestructura actual, en todo el mundo, no es lo suficientemente robusta para hacer frente a fenómenos meteorológicos violentos o impredecibles. Esto es especialmente cierto en los países de ingreso bajo y mediano, que son los más vulnerables a los efectos extremos del cambio climático.

En términos económicos, ya estamos pagando. Las empresas calculan que podrían perder activos por valor de hasta 250 000 millones de dólares estadounidenses a causa del cambio climático, mientras que 1 billón de dólares está en riesgo en los próximos cinco años, y la industria de servicios financieros representa el 80 % de esa exposición, según el Carbon Disclosure Project.

Desarrollar resiliencia

Las empresas individuales ya sienten toda la fuerza de los efectos del cambio climático. Basta con citar, por ejemplo, la quiebra de Pacific Gas & Electric en Estados Unidos, que fue declarada responsable de miles de millones de dólares en daños causados por los incendios forestales de California. Esto nos muestra cómo el cambio climático genera riesgos financieros materiales reales que amenazan los balances de las empresas.

Hasta ahora, la mayor parte de las actividades destinadas a hacer frente a la crisis climática mundial se han centrado en mitigar sus efectos, concentrándose en las emisiones de gases de efecto invernadero. Mientras tanto, los esfuerzos por proteger a la sociedad frente a la creciente frecuencia y gravedad de los impactos climáticos están claramente rezagados.

Si no invertimos de forma decidida en infraestructura resiliente al clima en este momento y no adaptamos nuestras redes de transporte, viviendas y empresas, es poco probable que nuestras comunidades estén preparadas para las décadas venideras ni que logremos contrarrestar las inundaciones, las olas de calor, las sequías, los ciclones, los incendios forestales y otros eventos climáticos extremos.

Decisiones informadas

En lo que respecta a la infraestructura, uno de los mayores desafíos es incorporar el riesgo climático físico en las decisiones de inversión. Se trata de un problema global y de un verdadero fallo sistémico de los mercados de todo el mundo. El riesgo climático físico suele estar mal valorado, y además existe una falta de transparencia y de comprensión en torno a los impactos relacionados con el clima.

Sin embargo, los inversores, prestamistas, aseguradoras y agencias de calificación crediticia necesitan toda esta información fundamental si quieren tomar decisiones financieras informadas. Invertir en resiliencia climática puede suponer un coste algo mayor al principio, pero a largo plazo dará lugar a infraestructuras más sostenibles.

Por ejemplo, si la inversión en un nuevo puente en una región propensa a los monzones de India es más robusta, se sitúa y diseña teniendo en cuenta el cambio climático y se construye como una estructura de bajas emisiones de carbono, es más probable que sobreviva y prospere durante el siglo siguiente. Hay que tomar decisiones informadas como estas. Por desgracia, uno de los principales retos al que nos enfrentamos es la falta de herramientas y análisis que permitan cuantificar las inversiones de capital necesarias para tomar estas decisiones.

Por eso Willis Towers Watson ha impulsado la nueva Coalición para la Inversión Resiliente al Clima. Lanzada en la Cumbre de Acción Climática de la ONU el 23 de septiembre, la Coalición representa a 34 empresas y organizaciones con más de 5 billones de dólares estadounidenses en activos, con el apoyo del Foro Económico Mundial y de los gobiernos del Reino Unido y Jamaica.

Esta Coalición es la primera iniciativa de su tipo liderada por el sector privado en materia de resiliencia, que reúne a distintos sectores y líderes de toda la cadena de valor de las finanzas y la inversión para desarrollar soluciones prácticas que promuevan la resiliencia frente al cambio climático. Esta nueva coalición reconoce que los esfuerzos actuales para adaptarse a los riesgos climáticos físicos y garantizar la resiliencia de los activos y comunidades expuestos son muy insuficientes y requieren atención urgente.

El foco está en los 90 billones de dólares destinados a infraestructuras a nivel mundial hasta 2030. La gran pregunta es: ¿qué parte de ellos se construirá teniendo en cuenta la resiliencia climática? La falta de normas sobre riesgos climáticos ha dado lugar a una asignación ineficiente del capital en lo que respecta a la protección de los activos frente a los riesgos climáticos físicos.

Lo positivo es que ahora estamos desarrollando con rapidez herramientas analíticas y métricas coherentes —la tecnología está avanzando, y también los conjuntos de datos— para comprender mejor el riesgo climático, incluso a nivel local. Esto nos permitirá cuantificarlo de forma eficaz, asignarle un precio y, en el proceso, mitigar futuras catástrofes humanas y financieras. Ya se observa un cambio sistemático en la forma de pensar.

Esto se debe a que existe una presión creciente por parte de todas las partes interesadas, desde los inversores hasta las agencias de calificación, de los bancos a los gobiernos y de las aseguradoras a los ingenieros, para hacerlo bien ya mismo. Nadie quiere tener riesgos no cuantificados en sus balances, y reducir el riesgo de las inversiones es fundamental. Esta cuestión también figura ya firmemente en la agenda de los altos directivos.

Valorar los riesgos que plantea el cambio climático creará oportunidades para construir una red de infraestructuras resilientes en países de ingreso alto, mediano y bajo, lo que nos permitirá prevenir mejor futuras catástrofes.

Oportunidades

Willis Towers Watson y otros también consideran que la valoración del riesgo climático generará nuevas oportunidades. Ya existe una mayor demanda de transparencia, mientras que la mejora de los análisis de datos y la presión social acabarán por provocar la divulgación obligatoria de los riesgos climáticos. Es solo cuestión de tiempo que este aspecto se sitúe en el centro de todos los procesos de toma de decisiones.

El coste de incorporar el riesgo climático físico a la valoración no es elevado en comparación con los rendimientos. Se requiere, de media, una inversión de capital inicial adicional del 3 % para construir resiliencia en las infraestructuras, mientras que cada dólar invertido en resiliencia genera cuatro dólares de valor económico.

Las normas y la valoración de la resiliencia climática también permitirán movilizar capital allí donde más se necesita. Incluso podría contribuir a la agenda de mitigación, ya que cualquier inversión también deberá tener esto en cuenta.

Gracias a un análisis mejor, las zonas vulnerables también podrán atraer el tipo adecuado de inversiones y evitar la fuga de capitales, ya que los riesgos climáticos se valorarán con precisión en los proyectos de infraestructura.

Huelga decir que nos complace apoyar la creación de una nueva Coalición para la Inversión Resiliente al Clima. Aquí hay una enorme oportunidad para desarrollar resiliencia. El momento es ahora.

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