Contaminación por plásticos: es hora de corregir nuestros hábitos, no solo de limpiar la playa 

Plastic and styrofoam garbage litters the shoreline in Cilincing in Jakarta, Indonesia, Indonesia, November 26, 2018.
Without action at the source of plastic pollution, beach cleanups will remain a drop in the oceanImage: REUTERS/Willy Kurniawan
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  • El problema de la contaminación por plásticos es demasiado grande para que puedan resolverlo las personas por separado: hay que abordarlo de forma sistémica.

  • A medida que aumenta la demanda de plástico, también lo hacen las importantes emisiones asociadas a todo su ciclo de vida.

  • Es hora de pedir un tratado mundial que exija responsabilidades a los productores de plástico y acelere la búsqueda de alternativas.

La reapertura del mundo tras los confinamientos por el coronavirus está envuelta en plástico, la mayor parte del cual nunca se reciclará.

Los ecologistas coinciden en que limpiar las playas no bastará para resolver el problema de la contaminación por plásticos. Aun así, hoy en día todo el mundo se suma a las limpiezas, quizá impulsado por imágenes como las fotografías de aves que yacen muertas tras ingerir plástico que se hacen virales. Sin embargo, el problema de la contaminación por plásticos ha alcanzado tal magnitud que ninguna persona por sí sola puede marcar una diferencia real. Es un problema sistémico con mil causas distintas que deben abordarse todas de forma sistémica. Decir a las personas que pueden marcar la diferencia es mentirles, y es una mentira que nos contamos para no tener que hacer los cambios más profundos que tememos.

Debemos tener en cuenta las emisiones totales generadas a lo largo de todo el ciclo de vida del plásticoImage: CIEL

¿Qué eficacia tienen las limpiezas de playas? Como solo se ha reciclado el 9 % de todo el plástico producido hasta la fecha, y el problema del plástico marino no da tregua, diría que «no mucha». La única manera de marcar una diferencia real es impedir que los plásticos lleguen al océano desde el principio, frenando el problema en su origen; y esto solo se logrará si se exigen responsabilidades a los productores de plástico.

La gran mayoría de los monómeros empleados para fabricar plásticos, como el etileno y el propileno, se obtiene de hidrocarburos fósiles. Ninguno de los plásticos de uso común es biodegradable. El plástico se fabrica a partir de combustibles fósiles como el petróleo y el gas natural, lo que significa que los efectos de la extracción y el transporte de petróleo y gas sobre la salud y el clima también forman parte del ciclo de vida del plástico. Además, estos combustibles se transforman en los ingredientes químicos del plástico en plantas que pueden liberar emisiones tóxicas en las comunidades donde se construyen, lo que provoca mayores tasas de asma, cáncer y otras afecciones. Muchos de los plásticos con los que interactuamos contienen otros aditivos químicos o recubrimientos. Estos aditivos pueden filtrarse de los plásticos en los vertederos y llegar al organismo humano, con más consecuencias para la salud.

Solo los hechos, por favor

Más allá de los usos esenciales, duraderos o técnicamente exigentes, el plástico también se ha unido a nuestra cultura actual de usar y tirar. Hasta el 40 % del plástico que se produce hoy se destina a envases. Es hora de preguntarnos: ¿es ético que una empresa fabrique un producto —en especial uno desechable y de un solo uso— y lo venda en un lugar que no tiene capacidad ni medios para gestionar ese plástico?

El pronunciado y continuo aumento de las emisiones de CO2 relacionadas con el plásticoImage: CIEL

Además, el perfil de emisiones de gases de efecto invernadero de los plásticos es, sencillamente, insostenible. A medida que el mundo empieza a abandonar los combustibles fósiles en el transporte, las empresas de combustibles fósiles recurren a la producción de plástico para impulsar el crecimiento futuro, según el informe de la Agencia Internacional de la Energía que prevé que «para 2050, la demanda de petróleo relacionada con el consumo de plástico superará la del transporte de pasajeros por carretera». Actualmente, la producción mundial de plásticos y su incineración generan emisiones de CO2 equivalentes a las de 189 centrales eléctricas de carbón. Para 2050, se espera que esta cifra se más que triplique, hasta equivaler a 615 centrales eléctricas de carbón. A ese ritmo, los plásticos consumirían cerca del 15 % del presupuesto de carbono restante del mundo.

Frenar el problema en su origen: una vía de avance

Ahora sabemos que recoger basura, por sí solo, apenas influirá más allá de mantener limpia nuestra playa local; pero sí debemos trabajar para concienciar sobre los peligros ambientales y sanitarios de los residuos plásticos en la tierra y en el océano. La única manera de marcar una diferencia real es impedir que los plásticos lleguen al océano desde el principio, frenando el flujo en su origen. Esto solo se logrará si se exigen responsabilidades a los productores de plástico.

Entonces, ¿deberíamos dejar que la basura se acumule en nuestras playas? Por supuesto que no. En cambio, es más importante mantener los pies en la tierra sobre lo que nos proponemos conseguir. Es un grave error fingir que estamos salvando el mundo con una limpieza, y las limpiezas de playas necesarias no dejarán de aumentar mientras no se aborde el problema desde su origen.

Alrededor del 80 % de la contaminación por plásticos en el océano procede de tierra. Si un tratado mundial obliga a los gobiernos a actuar, exige a las empresas que cumplan y hace que los consumidores formen parte de la solución, su impacto sería mucho mayor que el de cualquier limpieza de playas: nos ayudaría a corregir nuestros hábitos. Por ejemplo, podría imponer un impuesto a todos los productos que contengan plástico. Ese dinero podría destinarse a ayudar a desarrollar y subvencionar alternativas que se descompongan de forma natural.

Se prevé que nuestro consumo de plásticos se duplique en los próximos 20 años, algo alarmante si tenemos en cuenta que los microplásticos procedentes de la contaminación por plásticos ya han contaminado el aire, los alimentos y el agua. Tenemos que actuar antes de que eso ocurra. Hará falta un trabajo real. Debemos exigir a nuestros líderes y responsables políticos medidas que resuelvan de una vez por todas la contaminación por plásticos; después podremos sumarnos a las limpiezas de playas. Exijamos leyes que impidan que las empresas que se benefician de esta misma contaminación contaminen nuestro medio ambiente a gran escala.

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