Cómo un cambio de paradigma en las pruebas puede evitar la próxima acumulación ambiental de PFAS y microplásticos

PFAS are a group of synthetic chemicals that emerged in the 1940s and have since been widely used in everyday household products.
PFAS are a group of synthetic chemicals that emerged in the 1940s and have since been widely used in everyday household products.Image: Photo by Carolina del Castillo on Unsplash
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  • Las sustancias per- y polifluoroalquiladas, también conocidas como PFAS, y los microplásticos llevan acumulándose en el medio ambiente durante varias décadas prácticamente sin ser detectados.

  • Ambos son ahora habitualmente detectables en nuestra agua potable, en el suelo e incluso en nuestro organismo.

  • Con una mayor cooperación entre las distintas partes interesadas, podemos detectar la próxima amenaza de PFAS o microplásticos antes de que se convierta en una crisis y proteger la salud humana.

Las sustancias per- y polifluoroalquiladas, también conocidas como PFAS, y los microplásticos llevan acumulándose en el medio ambiente durante varias décadas prácticamente sin ser detectados. Los PFAS son un grupo de productos químicos sintéticos que surgieron en la década de 1940 y que desde entonces se han utilizado ampliamente en productos domésticos cotidianos, como sartenes antiadherentes, tapicerías resistentes a las manchas y prendas impermeables. Los microplásticos, utilizados principalmente en textiles sintéticos y neumáticos de automóviles, son fruto de la explosión mundial de los plásticos en nuestra vida diaria. Ambos son ahora habitualmente detectables en nuestra agua potable, en el suelo e incluso en nuestro organismo.

Hace tiempo que sospechamos de los posibles riesgos de estos productos químicos, pero, al no disponer de abundantes datos toxicológicos ni de presencia, en gran medida han pasado desapercibidos. A medida que pruebas más recientes han mostrado el alcance de su acumulación y contaminación ambiental, esto ha dado lugar a nuevas normativas, acuerdos de miles de millones de dólares y dudas sobre sus posibles daños para la salud humana.

Los reguladores han ido con retraso. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (USEPA) anunció recientemente la primera propuesta a escala nacional para limitar seis PFAS en el agua potable de Estados Unidos, pero esto solo representa una pequeña fracción de los 5.000 tipos de PFAS que existen. Mientras tanto, los toxicólogos trabajan para comprender qué niveles de PFAS, si los hay, podrían ser seguros. Algo similar ocurre con los microplásticos.

Mientras este trabajo está en curso, deberíamos plantearnos dos preguntas fundamentales: ¿cómo fue posible que esta acumulación de productos químicos se produjera durante tantos años sin que apenas se advirtiera? ¿Y cómo podemos prevenirla en el futuro?

Primero, veamos los incentivos en juego. Los productos con PFAS y plásticos han proporcionado comodidad y confort a cientos de millones de hogares. Pero ahora vemos las contrapartidas de depender de productos químicos para estas comodidades.

La práctica dominante ha consistido durante mucho tiempo en introducir productos químicos y seguir utilizándolos hasta que se demuestre que son inseguros. Esto es comprensible, ya que resulta extremadamente difícil, por no decir imposible, demostrar que cualquier compuesto de origen humano, e incluso muchos compuestos orgánicos, es completamente seguro. Pero esta no es una cuestión de «o una cosa o la otra». Podemos equilibrar estos riesgos y beneficios de forma más eficaz con un nuevo paradigma, que apoye la innovación al tiempo que añada salvaguardias más sólidas contra la acumulación nociva de contaminantes durante décadas.

Ese paradigma implica realizar pruebas de productos químicos desde las primeras etapas y con frecuencia a lo largo de todo el ciclo de vida. Hasta hace poco, las pruebas rutinarias y exhaustivas de compuestos, como los PFAS y los microplásticos, junto con un número incalculable de otros compuestos, se realizaban raramente o de forma inconsistente en el mejor de los casos, ya que no existe presión regulatoria para analizar compuestos no regulados en el medio ambiente.

Esta empresa emergente de las Islas del Pacífico convierte los residuos plásticos en energía.
Esta empresa emergente de las Islas del Pacífico convierte los residuos plásticos en energía.
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Hay una forma mejor.

Hoy disponemos de instrumentos avanzados capaces de detectar miles de compuestos de forma rápida y precisa, incluso hasta el nivel de partes por billón. Se conocen más de 160 millones de sustancias orgánicas y productos químicos. Aproximadamente 255.000 nuevos productos químicos se registraron en la última década en el CAS Registry, la base de datos más autorizada sobre productos químicos. Sin embargo, solo unos pocos cientos están regulados en cuanto a vertidos en nuestro medio ambiente a escala mundial, y solo 105 están regulados en el agua potable de Estados Unidos. Por eso es tan crucial el seguimiento y el análisis de estos productos químicos «no regulados», incluidos los PFAS y los microplásticos.

Image: Elaborado a partir de datos de World Health Organization Guidance on Chemicals and Health, American Chemical Society Toward a Global Understanding of Chemical Pollution: A First Comprehensive Analysis of National and Regional Chemical Inventories, US EPA TSCA Chemical Substance Inventory, European Environment Agency Managing the Systemic Use of Chemicals in Europe y US EPA Drinking Water Regulations

También es importante entender que no podemos gestionar lo que no podemos medir. Los programas de pruebas periódicos y coherentes pueden indicarnos qué compuestos se están acumulando, en qué cantidad, dónde y durante qué periodo. Carecemos gravemente de estos datos sobre los PFAS y los microplásticos, lo que dificulta abordar el problema mientras esperamos los perfiles toxicológicos que determinen los niveles seguros, si los hay.

Si adoptamos un enfoque más proactivo, pasando de un seguimiento pasivo a un seguimiento proactivo a gran escala, estaremos en mejores condiciones de comprender los posibles problemas a medida que surjan y dispondremos de datos de presencia y seguimiento a lo largo del tiempo y de la geografía para responder de forma más eficaz.

Entonces, ¿cómo llegamos ahí? Como primer paso, las empresas que trabajan con productos químicos deberían considerar realizar pruebas más proactivas de sus efluentes. Los gobiernos pueden fomentarlo proporcionando normas de ensayo uniformes e incentivos para que las empresas realicen más pruebas y compartan información con los investigadores, incluida la normalización y la propuesta de programas de seguimiento para las pruebas. Con el tiempo, programas como estos impulsarán la innovación y evitarán la próxima crisis sanitaria medioambiental.

Con una mayor cooperación entre las distintas partes interesadas, desde los reguladores y la industria hasta los especialistas en medición y los laboratorios de análisis, podemos detectar la próxima amenaza de PFAS o microplásticos antes de que se convierta en una crisis, podemos preservar la confianza pública y, lo que es más importante, podemos proteger la salud humana.

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