A medida que crece la necesidad de medios de transporte sostenibles, las bicicletas ganan popularidad. En 2011, el mercado mundial tenía un valor de 45.000 millones de dólares. Para 2022, esa cifra aumentará a 65.000 millones de dólares.
Las usamos para ir al trabajo, pedalear por el parque y, a veces, recorrer montañas a toda velocidad. La bicicleta ha aportado alegría y funcionalidad a la vida de las personas desde que fue inventada en el siglo XIX.
Permitió a las mujeres salir a la carretera sin compañía y dio a los habitantes de zonas rurales la posibilidad de viajar a nuevas comunidades y casarse fuera de su grupo genético habitual. Esto trajo un nuevo nivel de diversidad social que llevó al genetista Steve Jones a calificar la invención de la bicicleta como el acontecimiento más importante de la evolución humana reciente.

Pero el papel que ha desempeñado la humilde bicicleta es aún más extraordinario. Estas son cinco formas en que no solo ha cambiado vidas, sino que también las ha salvado.
Una ambulancia de dos ruedas
La Unidad de Respuesta en Bicicleta del Servicio de Ambulancias de Londres fue idea del conductor de ambulancia Tom Lynch. Antiguo campeón de BMX, se planteó responder en bicicleta mientras estaba atrapado en un tráfico intenso en el centro de la ciudad.
Desde su puesta en marcha en 2010, la unidad cuenta con decenas de paramédicos especializados que atienden a pacientes en las zonas más concurridas de Londres, con bicicletas construidas a medida y equipadas con luces azules y sirenas, además de medicamentos y equipos para salvar vidas.
Los paramédicos en bicicleta atienden más de 16.000 avisos al año y pueden resolver más del 50 % de los casos en el lugar, lo que evita la necesidad de enviar una ambulancia con dos personas.
La fuerza del pedaleo
En 2012, Carlos Marroquín, antiguo conductor de autobús, fundó Bici-Tec, una organización benéfica comunitaria de impacto social en San Andrés Itzapa, Guatemala, que transforma bicicletas viejas en máquinas accionadas por fuerza humana para procesar alimentos, moler granos, descascarar frutos secos y bombear agua.
Las máquinas de Marroquín ayudan a las familias rurales a realizar en minutos tareas que antes les llevaban horas. Al reducir el tiempo de procesamiento, los agricultores pueden aumentar su productividad y sus ingresos.
Controlar el párkinson
La enfermedad de Parkinson es una afección neurológica incurable. Sus síntomas, entre ellos los temblores, los problemas de equilibrio y los cambios en el habla, suelen tratarse con medicamentos. Pero en 2003, durante una marcha ciclista benéfica, el neurólogo Dr. Jay Alberts observó algo en su compañera de tándem, una paciente de párkinson: sus síntomas estaban mejorando.
Alberts comprendió que, al pedalear con él, la paciente podía aumentar su propia cadencia de pedaleo de 55 revoluciones por minuto a entre 80 y 90. Este ejercicio intenso y «forzado» le daba más control sobre sus movimientos.
El descubrimiento dio lugar a un ensayo de ocho semanas en el que pacientes de párkinson montaron en bicicletas tándem tres veces por semana durante 40 minutos cada vez. El resultado fue una mejora del 35 % en sus síntomas.
Salvar a los gorilas
El Parque Nacional Virunga, en la República Democrática del Congo, alberga a un tercio de los gorilas de montaña del mundo, en peligro crítico de extinción. Los guardaparques querían sensibilizar a las comunidades locales sobre los riesgos que afrontan estos grandes simios, pero las aldeas que rodean Virunga carecían de electricidad y la mayoría de sus habitantes nunca había visto una película.
En 2012, The Great Apes Film Initiative (GAFI) llevó a Virunga un cine accionado con pedales, lo que permitió que más de 75.000 niños de escuelas remotas aprendieran sobre los gorilas y cómo ayudar a protegerlos. Los escolares pedalean en las bicicletas que ponen en marcha el cine, lo que hace que el proyecto sea más interactivo y atractivo.
Una vía de escape
Gino Bartali fue un ciclista italiano de ruta que ganó dos veces el Tour de Francia. Cuando el ejército alemán ocupó Italia durante la Segunda Guerra Mundial, se unió a una red secreta creada por el cardenal de Florencia, que ofrecía protección y un paso seguro a quienes estaban amenazados por los nazis.
Bartali se convirtió en mensajero de la red y utilizaba sus largos entrenamientos como tapadera para entregar documentos falsificados que permitían a la gente salir del país. Los documentos estaban ocultos en el cuadro y el manillar de su bicicleta. Cuando lo detenían y registraban, pedía que no tocaran su bicicleta porque sus distintas partes estaban calibradas cuidadosamente para alcanzar la máxima velocidad.
En 2013, Bartali fue reconocido como Justo entre las Naciones —personas no judías que ayudaron a salvar vidas judías durante la guerra— por el centro del Holocausto Yad Vashem de Jerusalén.







