París quiere prohibir la circulación por sus calles de todos los coches con motores de combustión tradicionales para 2030, en la última señal de cómo las preocupaciones medioambientales dictan cada vez más las reglas del juego para el sector automovilístico.
«El transporte es uno de los principales productores de gases de efecto invernadero… así que planeamos abandonar los vehículos con motor de combustión, o los vehículos que funcionan con energía fósil, para 2030», declaró a la emisora de radio France Info.
Los nuevos planes, si se aplican, aumentarán la presión sobre la industria automovilística para que adopte tanto nuevas tecnologías de motores como nuevos modelos de movilidad, a medida que la preocupación por el cambio climático y la calidad del aire prevalece cada vez más sobre el tradicional poder de presión de los fabricantes de automóviles.
La capital francesa ya ha anunciado que prohibirá desde 2024 los coches diésel —que representan más del 40% del total de vehículos en las carreteras francesas—, mientras que el Gobierno del nuevo presidente Emmanuel Macron se ha comprometido a prohibir la venta de coches con motores de combustión tradicionales a partir de 2040. Las autoridades sanitarias francesas estiman que la contaminación atmosférica causa más muertes prematuras que cualquier otra cosa, salvo el alcohol y el tabaco. El Gobierno de Macron también está eliminando gradualmente, a partir del próximo año, los incentivos fiscales al diésel vigentes desde hace mucho tiempo, establecidos para promover un combustible que genera menos dióxido de carbono que la gasolina.
France Info informó de que el Ayuntamiento había dado a conocer sus intenciones el miércoles, durante una reunión de su comité sobre el clima. Los planes aún no se han adoptado formalmente.
París fue una de las primeras grandes ciudades de Europa en anunciar este tipo de prohibiciones el año pasado, y desde entonces otras ciudades como Londres, Barcelona e incluso Stuttgart, sede de Mercedes-Benz, han seguido su ejemplo con iniciativas similares. En otros lugares, el miércoles, Oxford, en Inglaterra, también presentó propuestas para crear una «zona de cero emisiones» a partir de 2020. Inicialmente abarcará un puñado de calles en pleno centro de la ciudad, pero se ampliará hasta cubrir casi todos sus lugares históricos de interés para 2030.





