¿Por qué nos gusta tanto la naturaleza? Nuevas investigaciones revelan que parte de la respuesta está en nuestros genes

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  • Se teoriza que los seres humanos tienen una conexión innata con el mundo natural, una idea conocida como biofilia que puede atribuirse a la genética.

  • Al estudiar a gemelos, se descubrió que los factores genéticos pueden explicar el 46 % de la variación en la conexión con la naturaleza, medida mediante una escala psicológica.

  • Ahora sabemos que, aunque nuestra afinidad por la naturaleza tiene una base genética, también depende en gran medida de otros factores que están claramente bajo nuestro control.

¿Te encanta pasar tiempo en la naturaleza? ¿O eres más urbanita y te sientes más a gusto en la jungla de asfalto que al aire libre? En 1986, el biólogo estadounidense EO Wilson propuso que los seres humanos tienen una conexión innata con el mundo natural, una idea conocida como biofilia.

Casi todos los aspectos de nuestra vida dependen de la naturaleza, desde los alimentos y el refugio hasta el combustible y la ropa. Sin embargo, a algunas personas les gusta mucho más que a otras pasar tiempo en la naturaleza.

Para intentar entender por qué, estudiamos a más de 1.100 parejas de gemelos y averiguar cuánto podría depender de nuestro ADN nuestra conexión con la naturaleza. Descubrimos que casi la mitad de la variación en la conexión de las personas con la naturaleza puede atribuirse a la genética.

La naturaleza es buena para ti

Hay pruebas sólidas de que incluso dar un paseo por el parque del barrio puede beneficiar nuestra salud mental y física. Sin embargo, entre las obligaciones laborales y familiares y las apretadas agendas sociales, la mayoría no pasamos tiempo en la naturaleza con regularidad.

Nos preguntamos por qué algunas personas pasan más tiempo en la naturaleza que otras y qué explica que algunas nos sintamos más conectadas con ella.

Quizá heredamos nuestra afinidad por la naturaleza. O quizá la adquirimos gracias a factores ambientales —como los hermosos bosques— de los lugares donde vivimos. También podría deberse al entorno cultural, por ejemplo, a los libros que leemos o los programas de televisión que vemos.

Encontrar respuestas a estas preguntas podría ayudarnos a descubrir cómo devolver algo de naturaleza a la vida de las personas.

Estudio de gemelos

Estudiamos a más de 1.100 parejas de gemelos para entender el origen de la afinidad por la naturaleza y presentamos los resultados en un estudio publicado hoy en PLoS Biology. Resulta que los gemelos idénticos se parecen mucho más entre sí en la intensidad de su conexión con la naturaleza que los gemelos no idénticos.

El análisis estadístico de los resultados mostró que los factores genéticos pueden explicar el 46 % de la variación en la conexión con la naturaleza, medida mediante una escala psicológica. Incluso la cantidad de tiempo que pasamos en nuestros propios patios y en los parques del barrio parece tener una sólida base genética.

¿Por qué influye tanto la genética en nuestro amor por la naturaleza? Puede imaginarse que una fuerte afinidad con ella confería una importante ventaja para la supervivencia de los primeros seres humanos. Esto podría haber propiciado la formación de complejas redes de genes que determinan cómo nos relacionamos con la naturaleza y cómo nos comportamos en ella.

¿Qué hace el Foro Económico Mundial en favor de la naturaleza?

El Centro para la Naturaleza y el Clima ayuda a los líderes a comprender las interconexiones entre el clima, la naturaleza y el desarrollo económico. Ofrece una plataforma para explorar vías que favorezcan la resiliencia y la prosperidad dentro de los límites planetarios.

Al facilitar la cooperación entre sectores y regiones, el Centro ayuda a sus socios a transformar una comprensión compartida en soluciones prácticas para el clima y la naturaleza.

Descubre el trabajo del Centro

Pese al claro papel de la genética, nuestros resultados muestran que otros factores determinan realmente la mayor parte de nuestra afinidad por la naturaleza. Entre ellos podrían estar los destinos de vacaciones de la infancia, el ejemplo de nuestros padres, amigos y otros familiares, las experiencias educativas y el hecho de vivir o no en una zona con gran biodiversidad.

Es una buena noticia, porque muchos de estos factores están bajo nuestro control.

Naturaleza y salud

Las intervenciones de salud basadas en la naturaleza como los gimnasios al aire libre o el voluntariado ambiental pueden mejorar la salud y el bienestar físicos, mentales y sociales. Las iniciativas de juego en la naturaleza como el Pasaporte Verde para los niños de Queensland pueden brindarles experiencias intensas en la naturaleza que podrían beneficiar su salud a largo plazo.

Una pregunta más profunda, para la que aún no tenemos una respuesta clara, es si pasar tiempo en la naturaleza fomenta nuestra preocupación por el medio ambiente y, a su vez, el apoyo a su conservación.

El ecólogo estadounidense James Miller ha sostenido que las interacciones con la naturaleza son fundamentales para despertar el apoyo a su protección. Sin embargo, un estudio australiano dirigido por la ambientalista Jessica Pinder mostró que, entre los estudiantes universitarios australianos, la preocupación por la conservación estaba más vinculada a las experiencias sociales y culturales de la infancia que al tiempo que una persona pasa en la naturaleza. Está claro que aún queda mucho por aprender en este campo.

En definitiva, ahora sabemos que, aunque nuestra afinidad por la naturaleza tiene una base genética, también depende en gran medida de otros factores que están claramente bajo nuestro control. Así que hoy proponte reavivar tu conexión con la naturaleza.

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