“Nuestra casa está en llamas”. La joven de 16 años Greta Thunberg exige actuar

Greta Thunberg has a message for world leadersImage: Mattias Nutt
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“No quiero vuestra esperanza. Quiero que entréis en pánico… y que actuéis”.

Greta Thunberg no se anda con rodeos cuando habla al poder con la verdad, y su voz suave silenció a una sala llena de líderes mundiales de los sectores financiero, político y mediático.

“Nuestra casa está en llamas”, afirmó la activista sueca estudiante que ha movilizado a 100.000 adolescentes de todo el mundo para seguir su ejemplo y participar en huelgas por el clima. “En Davos, a la gente le gusta hablar del éxito, pero el éxito financiero tiene un precio, y en materia climática hemos fracasado. Y, si no reconocemos los fallos de nuestro sistema, habrá un sufrimiento silencioso”.

Thunberg desestimó las habituales advertencias de que el clima es complejo. Se impacienta cuando los adultos le explican que la reforma estructural es difícil, delicada y compleja, que lleva tiempo y que nada en la vida es blanco o negro. “Eso es mentira”, replicó. “O impedimos que las temperaturas superen los 1,5 grados (Celsius), o no lo hacemos. O evitamos una reacción en cadena de desintegración de los ecosistemas, o no lo hacemos. Eso es tan blanco o negro como puede ser. Ahora todos tenemos una elección: podemos crear una acción transformadora o seguir con la actividad habitual y fracasar”.

La acción transformadora implica reducir las emisiones de carbono en más de un 50 % en los próximos doce años. “Nos quedan menos de dos años para dejar de poder subsanar nuestros errores”, advirtió, señalando que las cifras más recientes del IPCC, por urgentes que sean, “ni siquiera tienen en cuenta la cuestión de la equidad social, ni incluyen los puntos de inflexión y los bucles de retroalimentación, como el deshielo del permafrost”.

Es demasiado joven para votar. No tiene capital que invertir. Carece de un cargo de poder formal para alterar el rumbo de los mercados mundiales. Lo que sí tiene es una voz y la voluntad de que se la oiga. Así, cada viernes, Thunberg se planta con impaciencia en el umbral de instituciones poderosas, ya sea el Parlamento sueco en Estocolmo o, aquí en Davos, en la Ice House, y defiende de forma no violenta la necesidad de un carbono cero, “huelga por el clima”, e inspira a estudiantes de todo el mundo para que sigan su ejemplo.

Estamos en un momento de la historia, afirma con una voz tranquila, plana y, sin embargo, convincente, “en el que cualquiera con conciencia” debe reconocer su papel en un tipo de cambio que afecta a todo en nuestras sociedades actuales. “Cuanto mayor es la huella de carbono, mayor es la plataforma, y mayor es la responsabilidad de liderar”.

El mensaje de Thunberg no fue solo catastrofista, y dejó entrever momentos de humor. Aún hay tiempo, admitió, para que el Homo sapiens revierta el desafío más grave al que se ha enfrentado nuestra especie. Pero no tuvo tiempo para más palabrería condescendiente. “A menudo oigo a adultos decir: ‘Necesitamos dar esperanza a la próxima generación’”, concluyó. “Pero no quiero vuestra esperanza. Quiero que entréis en pánico. Quiero que sintáis el miedo que yo siento. Cada día. Y quiero que actuéis. Quiero que os comportéis como si nuestra casa estuviera en llamas. Porque lo está”.

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