Los océanos del mundo están más calientes que nunca según los registros, y su temperatura ha aumentado cada década desde los años sesenta.
Esto afecta gravemente a los sistemas meteorológicos del mundo.
El mayor calentamiento se registra en el océano Atlántico y en el océano Austral que rodea la Antártida, lo que supone una preocupación para el hielo antártico.
El aumento de las temperaturas podría provocar incendios forestales y olas de calor, inundaciones y tormentas severas.
Su investigación más reciente muestra que el calor oceánico ha alcanzado niveles récord. ¿Qué nos dice esto sobre el calentamiento global?
Los océanos del mundo están más calientes que nunca según los registros, y su temperatura ha aumentado cada década desde los años sesenta. Este aumento persistente es un indicador clave del cambio climático provocado por el ser humano.
A medida que los océanos se calientan, su calor intensifica los sistemas meteorológicos, generando tormentas y huracanes más potentes, así como lluvias más intensas. Esto amenaza la vida y los medios de subsistencia de las personas, así como la vida marina.
Los océanos absorben alrededor del 93 % de la energía adicional atrapada por el aumento de los gases de efecto invernadero procedentes de las actividades humanas, en particular de la quema de combustibles fósiles. Como el agua retiene más calor que la tierra y los volúmenes implicados son inmensos, las capas superiores de los océanos son un registro clave del calentamiento global. Lo explico con más detalle en mi nuevo libro «El flujo cambiante de energía a través del sistema climático».
Nuestro estudio ofreció el primer análisis del calentamiento de los océanos en 2021, y pudimos atribuir ese calentamiento a las actividades humanas. Por desgracia, el calentamiento global sigue muy presente.
La temperatura media global de la superficie fue la quinta o sexta más alta registrada en 2021 (el récord depende del conjunto de datos utilizado), en parte debido a las condiciones de La Niña que duraron todo el año, en las que las condiciones frías del Pacífico tropical influyen en los patrones meteorológicos de todo el mundo.
La variabilidad natural de las temperaturas del aire en superficie es mucho mayor que la de las temperaturas oceánicas debido a El Niño/La Niña y a los fenómenos meteorológicos. Esa variabilidad natural, sumada al calentamiento de los océanos, crea puntos calientes que varían de un año a otro y que a veces se denominan «olas de calor marinas». Esos puntos calientes tienen efectos profundos en la vida marina, desde el diminuto plancton hasta los peces, los mamíferos marinos y las aves. Otros puntos calientes provocan una mayor actividad en la atmósfera, como los huracanes.
Aunque las temperaturas de la superficie son tanto una consecuencia como una causa, la principal fuente de los fenómenos que provocan condiciones extremas es el calor oceánico que da energía a los sistemas meteorológicos.
Descubrimos que todos los océanos se están calentando, y que el mayor calentamiento se registra en el océano Atlántico y en el océano Austral que rodea la Antártida. Esto preocupa por el hielo antártico: el calor del océano Austral puede filtrarse por debajo de las plataformas de hielo de la Antártida, adelgazándolas y provocando el desprendimiento de enormes icebergs. El calentamiento de los océanos también preocupa por el aumento del nivel del mar.
¿De qué manera afecta el exceso de calor oceánico a la temperatura del aire y a la humedad en tierra?
El calentamiento global aumenta la evaporación y la sequedad en tierra, además de elevar las temperaturas y aumentar el riesgo de olas de calor e incendios forestales. Hemos visto sus efectos en 2021, especialmente en el oeste de América del Norte, pero también durante las olas de calor en Rusia, Grecia, Italia y Turquía.
Los océanos más cálidos también suministran ríos atmosféricos de humedad a las zonas terrestres, lo que aumenta el riesgo de inundaciones, como las que ha sufrido la costa oeste de Estados Unidos.
En 2021 se produjeron varios ciclones devastadores, entre ellos el huracán Ida en Estados Unidos y el tifón Rai en Filipinas. ¿Cómo afecta la temperatura del océano a tormentas como esas?
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para combatir el cambio climático?
Los océanos más cálidos aportan humedad adicional a la atmósfera. Esa humedad alimenta las tormentas, especialmente los huracanes. El resultado pueden ser lluvias torrenciales, como las que provocó Ida en Estados Unidos, e inundaciones generalizadas, como las ocurridas en muchos lugares durante el último año.
Las tormentas también podrían volverse más intensas, más grandes y durar más. Durante el último año se han producido varios episodios importantes de inundaciones en Australia y también en Nueva Zelanda. En invierno también pueden caer nevadas más copiosas, siempre que las temperaturas se mantengan por debajo de cero, aproximadamente, porque el aire más cálido retiene más humedad.
Si se redujeran las emisiones de gases de efecto invernadero, ¿se enfriarían los océanos?
En los océanos, el agua cálida se sitúa por encima de aguas más frías y densas. Sin embargo, los océanos se calientan desde la superficie hacia abajo y, por consiguiente, se están estratificando cada vez más. Esto dificulta la mezcla entre las capas, que de otro modo permite que el océano se caliente a mayor profundidad y absorba dióxido de carbono y oxígeno. Por tanto, afecta a toda la vida marina.
Descubrimos que los 500 metros superiores del océano llevan calentándose claramente desde 1980; las profundidades de 500 a 1.000 metros se calientan desde aproximadamente 1990; las de 1.000 a 1.500 metros, desde 1998; y las que superan los 1.500 metros, desde aproximadamente 2005.
La lenta penetración del calor hacia las profundidades significa que los océanos seguirán calentándose y el nivel del mar continuará subiendo incluso después de que se estabilicen los gases de efecto invernadero.
El último aspecto al que hay que prestar atención es la necesidad de ampliar la capacidad de los científicos para vigilar los cambios en los océanos. Una forma de hacerlo es mediante la red Argo: actualmente cuenta con unos 3.900 flotadores perfiladores que envían datos de temperatura y salinidad desde la superficie hasta unos 2.000 metros de profundidad. Las mediciones se realizan mientras ascienden y vuelven a hundirse en cuencas oceánicas de todo el mundo. Estos instrumentos robóticos, que se sumergen y se desplazan a la deriva, requieren una renovación constante, y sus observaciones son inestimables.








