Lo que hemos prometido no bastará para salvar los océanos del mundo

Coral surrounds a small island on the Great Barrier Reef, located off the coast of Queensland, near the town of Rockhampton, in Australia, November 15, 2018. REUTERS/David Gray - RC12B5178830
A third of the planet's fish stocks are heading for extinction.Image: REUTERS/David Gray
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Este artículo apareció originalmente en TIME.

Como probablemente habrán oído, la salud de los océanos está en peligro. Seguramente conocen la pesca excesiva y las prácticas perjudiciales de las pesquerías, que empujan a una tercera parte de las poblaciones de peces del planeta hacia la extinción, y sin duda saben de la inaceptable cantidad de contaminación, en particular de plásticos, que vertemos en el océano. Pero eso no es lo peor. El océano se calienta de forma constante, sus niveles de oxígeno disminuyen y se vuelve cada vez más ácido, lo que hace cada vez más difícil la vida bajo las olas. Los gases de efecto invernadero, que calientan el planeta, son el enemigo común de ese trío de cambios. Y a estas alturas todos sabemos quién ha generado esos gases.

Cuando uno es abuelo, como yo, y se preocupa más por el bienestar de sus nietos que por sus propias comodidades, no hay tiempo para la inacción. El año pasado, un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU reveló que, a medida que el calentamiento global pasa de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales a 2 °C, las tendencias ya observables, como el empeoramiento de los fenómenos meteorológicos extremos, la subida del nivel del mar y la pérdida de biodiversidad, se agravarán. El informe también indicó que, si superamos un calentamiento de 2 °C, perderemos los arrecifes de coral del planeta, los vastos viveros que sustentan la vida en el océano. No tenemos ni idea de cómo funcionará el bioma oceánico sin ellos ni de lo que eso significará para nuestro ecosistema. El problema es que el planeta sigue en una trayectoria devastadora hacia un calentamiento global de entre 3 °C y 4 °C.

La Gran Barrera de Coral de Australia sufrió su segundo episodio importante de blanqueamiento en dos años, en marzo de 2017.Image: Dean Miller—Greenpeace

Sin embargo, el informe del IPCC señala que aún es posible mantenerse en 1,5 °C. La buena noticia es que tenemos un plan. Es multifacético y exige un cambio radical en los patrones de producción y consumo humanos, pero tendrá éxito si personas de todos los ámbitos de la vida se suman a él.

A nivel mundial, debemos ser fieles al Acuerdo de París; a la Agenda 2030 de la ONU para el Desarrollo Sostenible, incluido el Objetivo 14 (conservación y uso sostenible de los recursos del océano); y al amplio mosaico de acuerdos multilaterales que los respaldan. Más allá de eso, es vital establecer una nueva normativa para la biodiversidad marina en zonas situadas fuera de las jurisdicciones nacionales. Ya hay una conferencia en curso en la ONU que trabaja sobre esta cuestión, al igual que existe un consenso científico creciente de que debemos avanzar hacia el objetivo de proteger el 30 % del océano para 2030.

Estudiantes del Movimiento de Cuidado Ambiental (GPL) limpian basura en la zona turística costera de Lhok Bubon, en Indonesia, el 18 de agosto de 2019.Image: Nurul Fahmi / SOPA Images/Sipa U

A nivel individual, todos también tenemos un papel que desempeñar. En mi propio trabajo, una de mis principales prioridades es poner fin a los miles de millones de dólares en subsidios gubernamentales en todo el mundo que van, en su mayoría, a flotas industriales que persiguen poblaciones de peces cada vez más reducidas, y garantizar que los fondos públicos ahorrados se destinen a medidas beneficiosas, como el establecimiento y la aplicación de áreas marinas protegidas. Pero todos, desde funcionarios gubernamentales hasta directivos empresariales, científicos y estudiantes, tenemos la capacidad de marcar la diferencia. Podemos optar por no usar plásticos no esenciales. Podemos consumir únicamente pescado y marisco procedentes de poblaciones sostenibles y capturadas legalmente. Podemos tomarnos en serio la reducción de nuestra huella de carbono, para estar del lado correcto de los esfuerzos mundiales hacia un mundo con emisiones netas cero de carbono en 2050.

Por último, debemos ampliar la ciencia oceánica. Cada vez entendemos mejor lo poco que realmente sabemos y, en estos tiempos precarios, es esencial que tengamos una comprensión firme de si podemos permitirnos añadir nuevos factores de estrés al ecosistema oceánico.

Todo esto, y mucho más, es necesario si queremos cumplir el plan para salvar la vida en el océano. Teniendo en cuenta que cada segunda respiración que hacemos procede del océano, está claro que debemos hacerlo.

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