Las calles ahora cubiertas de nieve y las temperaturas gélidas de Davos sin duda cumplen las expectativas meteorológicas de quienes han viajado para asistir a la Reunión Anual del Foro. Sin embargo, si hubieran llegado a la localidad más alta de los Alpes apenas dos semanas antes, se habrían encontrado con un panorama muy distinto: no había nieve en absoluto, ni siquiera en las zonas de gran altitud, y solo había pistas estrechas cubiertas con nieve producida artificialmente. De hecho, Suiza está registrando niveles de nieve mínimos históricos después de haber vivido el diciembre más seco desde que comenzaron los registros en 1864.
En un año normal, el peligro estacional natural serían las avalanchas. Este año, no muy lejos de Davos, en el sur de los Grisones, se produjeron algunos de los mayores incendios forestales de la historia reciente de Suiza entre Navidad y principios de enero. La ausencia actual de bosque aumentará la exposición de las aldeas al riesgo de futuras avalanchas y desprendimientos de rocas.
A escala mundial, el vínculo entre el cambio climático, los bosques, el uso de la tierra y el desarrollo económico es uno de los desafíos más urgentes que debemos resolver si queremos evitar efectos del cambio climático costosos e irreversibles. De hecho, las emisiones de la agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra representan una cuarta parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Esto equivale aproximadamente a las emisiones generadas por la quema de carbón, gas natural y petróleo para producir electricidad y calor. En 2015, los incendios forestales de Indonesia, provocados por un año de El Niño excepcionalmente intenso y prácticas insostenibles de uso de la tierra, como la tala y quema de bosques, causaron más emisiones de CO2 al día que toda la economía de Estados Unidos.
Además, los bosques tropicales y la agricultura son una fuente importante de ingresos y desarrollo, y proporcionan medios de vida a millones de personas de comunidades rurales y pueblos indígenas. Por tanto, la protección de los bosques tropicales no solo es importante para mitigar el cambio climático; también es un factor fundamental para el desarrollo rural sostenible, unos ecosistemas saludables y productivos y la biodiversidad.
Por lo tanto, para garantizar un crecimiento sostenible y la prosperidad, seguir haciendo las cosas como siempre no es una opción. Pero los cambios graduales no bastarán: lo que se necesita es una transformación verdaderamente profunda.
¿Cómo se puede lograr una transformación así en un sistema complejo? Deben confluir varios elementos. Pensemos, por ejemplo, en el sector de las energías renovables. La combinación de innovación tecnológica, cambios normativos y de políticas, liderazgo empresarial y gubernamental, e incentivos a la demanda ha creado las condiciones para unos sistemas energéticos radicalmente distintos. Una vez que todos estos factores propiciaron cierto impulso, las energías renovables comenzaron a incorporarse a la corriente dominante.
En cuanto a la protección de los bosques, existe un amplio consenso en que los compromisos públicos de las principales empresas de bienes de consumo de ofrecer productos libres de deforestación tropical están abriendo oportunidades sin precedentes. Estos compromisos han impulsado un nuevo movimiento contra la deforestación que se extendió rápidamente por las cadenas de suministro y las regiones de bosques tropicales.
Por ejemplo, los compromisos de algunos de los mayores compradores y productores de aceite de palma del mundo de eliminar la deforestación han generado confianza para que los gobiernos establezcan políticas correspondientes que permitan producirlo en sus propios territorios. En noviembre pasado, un diálogo de dos años entre gobiernos, la industria y la sociedad civil culminó con la firma de la Declaración de Marrakech por siete países de África Occidental, que en conjunto albergan el 13% de los bosques tropicales del mundo y se comprometieron a desarrollar una producción de aceite de palma libre de deforestación y a proteger el 70% de sus bosques. En 2016, también hemos visto un mayor liderazgo en materia de políticas en Indonesia, donde el Gobierno ha promulgado recientemente una moratoria de gran alcance sobre el desarrollo de plantaciones de palma aceitera en turberas, incluidas las concesiones existentes.
Otra variable importante en esta ecuación es el cambio de preferencias de un número cada vez mayor de inversores que buscan oportunidades con bajas emisiones de carbono. El Carbon Disclosure Project informó recientemente que más de 365 inversores, con activos bajo gestión por un total de 22 billones de dólares, piden ahora a las empresas que divulguen información sobre los riesgos de deforestación. El análisis también concluye que más de 900.000 millones de dólares de la facturación anual de las empresas que cotizan en bolsa están en riesgo debido a que los inversores se retiren por los riesgos de deforestación.
Todos estos avances son notables. Sin embargo, el núcleo de la agenda consiste en hacer que todo esto se materialice sobre el terreno. Lograr las transformaciones necesarias es un desafío demasiado grande para que lo afronte por sí solo cualquier actor o sector. Se necesita la colaboración de los gobiernos, la industria, la sociedad civil y los mercados financieros, las comunidades locales y los pueblos indígenas. Todos deben comprender las oportunidades y los riesgos. Se necesitan colaboración y alianzas auténticas.
En Davos, la Alianza para los Bosques Tropicales 2020, una alianza mundial público-privada para hacer realidad cadenas de suministro libres de deforestación, reunirá a líderes de gobiernos y de la industria, así como a representantes de los pueblos indígenas y de la sociedad civil, para continuar el diálogo necesario para alcanzar sus objetivos compartidos. Este grupo de líderes ha emprendido un camino: un camino que busca crear las condiciones para el éxito y movilizar el liderazgo necesario para impulsar el cambio sobre el terreno.
A todos los participantes de Davos se les recordará la importancia de los árboles cada vez que recorran el pasillo central del Centro de Congresos. En el centro, una instalación artística representa una réplica de 40 metros de una tsuga de 150 años que los participantes de Davos pueden seguir construyendo. El esfuerzo colaborativo por «hacer crecer» la instalación arbórea representa la acción colectiva necesaria para lograr un crecimiento sostenible en el mundo real.





