El próximo gobierno de Nueva Zelanda espera reverdecer el país plantando 100 millones de árboles cada año, asegurándose de que la red eléctrica funcione por completo con energía renovable y aumentando el gasto en ciclovías y transporte ferroviario.
Jacinda Ardern, que asumirá el cargo de primera ministra esta semana, presentó el martes los acuerdos que su Partido Laborista alcanzó con otros partidos políticos que se incorporarán al nuevo gobierno.
Además de las iniciativas medioambientales, Ardern también expuso planes para aumentar el salario mínimo, impedir que los extranjeros compren viviendas existentes y posiblemente cambiar el funcionamiento del Banco de la Reserva de Nueva Zelanda.
A sus 37 años, será la líder más joven de Nueva Zelanda en más de 150 años y espera conducir al país por una senda más liberal tras nueve años de gobierno del conservador Partido Nacional.
«No necesito que me influyan en materia de cambio climático», dijo. «Será el eje central de lo que haga este gobierno».
El plan de Ardern es que Nueva Zelanda reduzca a cero sus emisiones netas de gases de efecto invernadero para el año 2050.
Algunos objetivos solo exigirán cambios graduales. Nueva Zelanda ya genera cerca del 85 % de su electricidad a partir de fuentes renovables, como la energía hidroeléctrica, geotérmica y eólica. Ardern prevé elevar esa proporción al 100 % para 2035, en parte estudiando si se pueden instalar paneles solares en los tejados de las escuelas.
Dijo que el país tendrá que duplicar la cantidad de árboles que planta cada año, una meta que, según afirmó, es «perfectamente alcanzable» si se utilizan terrenos poco aptos para la ganadería. Sus planes también contemplan que la flota de vehículos del gobierno sea ecológica en el plazo de una década.
No todo el mundo está satisfecho con los planes. A muchos agricultores les preocupa que se les exija pagar más si quedan incluidos en un sistema de comercio de emisiones.
«Existe la preocupación de que, si esto ocurre, Nueva Zelanda pierda competitividad frente a otras naciones productoras de alimentos», dijo Katie Milne, presidenta del grupo de defensa Federated Farmers.
El gobierno también prevé elevar el salario mínimo a 20 dólares neozelandeses (14 dólares estadounidenses) por hora durante los próximos años, un aumento del 27 % respecto a su nivel actual. Ardern dijo además que la revisión del funcionamiento del Banco de la Reserva tendría en cuenta factores como los niveles de empleo y la estabilidad de los precios. Actualmente, el banco considera principalmente la inflación al fijar los tipos de interés.
Ardern también presentó un plan para destinar 1.000 millones de dólares neozelandeses (693 millones de dólares estadounidenses) al año a las ciudades y regiones más pequeñas del país, con el fin de mejorar el ferrocarril y otras infraestructuras.
«Costaría encontrar una región que no haya sufrido abandono», dijo.
Ardern dijo que habló con el presidente Donald Trump durante unos cinco minutos el lunes, después de que él la llamara para felicitarla por su victoria electoral. Según contó, Trump le dijo que las elecciones habían recibido bastante cobertura en Washington D. C. y en la Costa Este, y que ella habló con él sobre el importante papel de Nueva Zelanda en la región de Asia-Pacífico.
«Nuestra relación con Estados Unidos es increíblemente importante», dijo Ardern cuando le preguntaron por Trump. «Eso no ha cambiado y no cambiará».





