Por primera vez, las preocupaciones medioambientales ocupan los cinco primeros puestos entre los riesgos globales del Informe sobre riesgos globales del Foro Económico Mundial. La salud del océano —o su falta— está presente en todas partes. 2019 fue el año más caluroso jamás registrado para el océano, y puso fin a la década más calurosa registrada en el planeta.
El océano, que nos alimenta, regula nuestro clima y es uno de los motores de la economía mundial, está cambiando al ritmo más rápido de la historia de la humanidad. Examinar la emergencia climática desde la perspectiva de los riesgos oceánicos ofrece un panorama desolador, pero también señala el camino hacia soluciones prácticas y eficaces, porque lograr un océano sano, próspero y resiliente tendrá enormes beneficios en cadena para los compromisos climáticos más amplios, por no mencionar todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Cómo UpLink ayuda a encontrar innovaciones para resolver desafíos como este
Al comenzar una nueva década, tenemos una oportunidad única para alterar el statu quo y apartarnos de la trayectoria actual de declive planetario. Poner fin al apoyo a la pesca insostenible, acordar un nuevo tratado sobre alta mar y alcanzar un nuevo pacto mundial por la naturaleza que proteja el 30 % de la tierra y el mar: todo esto es posible. Cumplir las metas del ODS 14 ayudará a construir un océano sano, impulsará los objetivos mundiales en materia de pobreza y hambre, empleo y salud, y reforzará la capacidad del océano para actuar como amortiguador frente al cambio climático.
Entonces, ¿qué debemos hacer? Ante todo, necesitamos reducir de forma drástica y rápida las emisiones mundiales de carbono y cumplir los objetivos de París. Al mismo tiempo, debemos invertir en la naturaleza. En concreto, para reducir los riesgos oceánicos, necesitamos aumentar enormemente la inversión en soluciones basadas en la naturaleza, como proteger y restaurar los arrecifes de coral, los manglares y los humedales costeros; lo que podríamos llamar infraestructura verde y azul. Los sectores empresarial y financiero pueden generar un impacto real si encabezan activamente estas iniciativas en todo el mundo.
Ningún sector puede hacer frente por sí solo a los riesgos oceánicos y climáticos. Ocean Unite, la organización benéfica que Virgin Unite ayudó a poner en marcha y que cofundé, se ha unido a la aseguradora AXA y a socios de los gobiernos, el sector privado —especialmente de los seguros y las finanzas— y la sociedad civil para crear una auténtica alianza de múltiples partes interesadas e innovar juntos. Lanzada en 2019 con el respaldo de 13 gobiernos, la Alianza para la Acción sobre Riesgos y Resiliencia Oceánicos está desarrollando herramientas transformadoras, como seguros para arrecifes, incentivos a la inversión en ecosistemas de carbono azul, como manglares y praderas marinas, y modelos de riesgos climáticos y oceánicos que contribuyan a orientar las políticas. El objetivo final es impulsar soluciones que reduzcan los riesgos oceánicos y costeros y contribuyan a la meta mundial de mantener el calentamiento por debajo de 1,5 grados.

Es una meta en la que todos deberíamos invertir. Los gobiernos pueden tardar en actuar, pero las empresas, las ciudades, las comunidades y las personas pueden liderar la iniciativa. Los jóvenes han dejado claro que no lo tolerarán. Es hora de que todos protejamos a quienes son más vulnerables frente a los riesgos, prestemos atención a las contundentes señales de alarma de los científicos e invirtamos en un futuro más justo, seguro y saludable en la tierra y en el mar.
Una versión de este artículo apareció primero en el blog de Richard Branson
Richard Branson es miembro de Friends of Ocean Action, un grupo singular de líderes mundiales que acelera el desarrollo de soluciones escalables para lograr un océano sano. El grupo está acogido por el Foro Económico Mundial, en colaboración con el Instituto de Recursos Mundiales.





