Las huelgas escolares por el clima demuestran que los jóvenes quieren combatir el cambio climático, pero su entusiasmo por la acción colectiva está en gran medida desaprovechado. Un ejército de voluntarios para la conservación podría movilizar su talento y pasión canalizándolos hacia labores de restauración de los ecosistemas.
El Green New Deal —respaldado por la congresista estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez y numerosos candidatos presidenciales— es un plan para eliminar las emisiones de carbono en diez años, ofrecer pleno empleo en la construcción de infraestructura de energía limpia y redistribuir la riqueza para combatir la desigualdad.
El Green New Deal ha animado a la gente a adoptar soluciones radicales al cambio climático al compartir el nombre y el espíritu del New Deal de la década de 1930. El New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt fue una transformación de la economía estadounidense que dio trabajo a miles de personas en la industria manufacturera y redistribuyó la riqueza para ayudar al país a recuperarse de la Gran Depresión.
Uno de los primeros y más populares programas del New Deal fue el Cuerpo Civil de Conservación (CCC, por sus siglas en inglés), un programa de ayuda mediante obras públicas que reclutó a millones de jóvenes para realizar trabajos de conservación en los entornos naturales de Estados Unidos. Recuperar el programa podría resultar una forma popular y eficaz de movilizar a la generación de las huelgas climáticas en labores beneficiosas para el medio ambiente.
Un éxito histórico
Durante la década de 1930, las tormentas de polvo devastaron la ecología de las Grandes Llanuras meridionales de Estados Unidos. La grave sequía y la falta de arado superficial para prevenir la erosión eólica dieron lugar al Dust Bowl, que obligó a decenas de miles de familias empobrecidas a abandonar sus granjas, incapaces de pagar las hipotecas o cultivar cosechas.

Al realizar, en palabras del presidente, «el tipo de trabajo público que se sostiene por sí mismo», los miembros del CCC plantaron más de 2.000 millones de árboles en más de 40 millones de acres de tierras agrícolas entre 1933 y 1942. Estos árboles actuaron como cortavientos y ayudaron a retener la humedad del suelo, deteniendo la erosión que causó el Dust Bowl. Los miembros también construyeron barreras contra las inundaciones, combatieron incendios forestales y mantuvieron caminos y senderos forestales.

Al reclutar a tres millones de hombres de entre 18 y 25 años, el CCC contribuyó a restaurar y reparar los ecosistemas de todo Estados Unidos mediante cientos de proyectos forestales y de conservación. El CCC hizo que muchos estadounidenses tomaran conciencia por primera vez de la sostenibilidad de la madera, el suelo y el agua, y les dio a conocer los esfuerzos necesarios para garantizar su preservación.
Hoy en día, la mayoría de la gente es consciente del cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad. Gracias a internet, fomentar la concienciación es sin duda más fácil que en la época de Roosevelt. Sin embargo, los problemas medioambientales en sí son más graves y requerirán cambios radicales en la sociedad y la economía para superarlos. Dejando atrás el legado de segregación racial del programa, un CCC moderno podría movilizar a cualquier joven que quiera arremangarse para combatir el cambio climático.

Restauración medioambiental moderna
Un ejército moderno de voluntarios conservacionistas podría trabajar en todos los países y adaptar sus esfuerzos a las necesidades medioambientales de cada lugar. La primera tarea podría consistir en la vigilancia medioambiental: recopilar datos sobre la contaminación y la abundancia de fauna silvestre. Estos estudios proporcionarían información muy valiosa sobre la salud de los ecosistemas y sus cambios.
Los ecosistemas podrían beneficiarse después de proyectos de reintroducción de especies y restauración de hábitats. La plantación masiva de árboles podría absorber carbono de la atmósfera y proporcionar nuevos hábitats para la fauna silvestre que regresa. Los humedales —ecosistemas costeros que protegen frente al aumento del nivel del mar— podrían ampliarse con vegetación que también crearía refugios para las aves migratorias. Los castores reintroducidos y otros ingenieros de los ecosistemas podrían actuar como colaboradores animales que crean nuevos hábitats, como presas y lagos, donde puedan prosperar aún más especies.

La plantación de árboles en las riberas de los ríos, en particular, proporciona alimento a los organismos acuáticos y aporta nutrientes al sistema. Los voluntarios podrían construir cercas alrededor de los entornos de agua dulce para impedir que el ganado entre en el agua y transfiera a ella materia orgánica y fertilizantes de los campos circundantes. Esto puede causar eutrofización, que priva al agua de oxígeno y acaba provocando grandes zonas muertas en las aguas costeras donde desemboca el agua cargada de nutrientes.
Los numerosos voluntarios que recogen basura en parques y playas también podrían reducir considerablemente la cantidad de contaminación por plástico que llega al océano. Se podría formar a los voluntarios para que analicen la calidad del agua y participen activamente en la vigilancia de la contaminación y la vida marina local.
En las zonas rurales, construir muros de piedra seca sin mortero favorece el crecimiento de musgos y líquenes y ofrece rincones y recovecos donde aves, sapos, tritones e insectos pueden establecerse. Por cada tonelada de cemento fabricada y utilizada en un muro tradicional, se libera a la atmósfera aproximadamente una tonelada de dióxido de carbono. Construir nuevas infraestructuras usando la menor cantidad posible de materiales, o materiales completamente distintos, podría ser otra tarea para los voluntarios.
La plantación de setos podría crear corredores de vegetación que conecten la fauna silvestre con los hábitats boscosos y proporcionen alimento y refugio. Los voluntarios también podrían construir corredores de hábitat: franjas de vegetación que ofrezcan un paso seguro para la fauna silvestre por debajo o por encima de las principales redes de carreteras, permitiendo que continúe la reproducción entre poblaciones.

Además de ser una experiencia gratificante y educativa, los jóvenes que participaran en el programa desarrollarían habilidades transferibles. Trabajar en la naturaleza tiene un efecto positivo en el bienestar y los participantes también se beneficiarían de una buena dosis de ejercicio.
El New Deal de la década de 1930 pretendía afrontar una crisis medioambiental y, al mismo tiempo, reorientar la economía estadounidense para que promoviera la justicia social. El Green New Deal actual podría adoptar el mismo espíritu, pero con objetivos más ambiciosos y un CCC socialmente inclusivo que restaure los ecosistemas y combata el cambio climático.





