Las montañas no siempre formaron parte de la geografía de la Tierra y solo empezaron a formarse a mitad de la historia del planeta.
La investigación ha revelado cómo las formas de vida primitivas contribuyeron a que aparecieran en nuestro planeta.
Las montañas se forman cuando chocan las placas tectónicas, lo que hace que enormes bloques de roca se eleven.
Sin embargo, la nueva investigación muestra que este proceso se desencadenó por una explosión de vida planctónica, causada por la gran cantidad de nutrientes que había en el océano hace 2.000 millones de años.
Esto nos recuerda claramente cómo los cambios en algo tan pequeño como el plancton pueden cambiar y dar forma a la Tierra.
Es inimaginable un mundo sin las grandes cordilleras —el Himalaya, los Alpes, las Montañas Rocosas, los Andes—, pero no siempre formaron parte de la geografía de la Tierra. Las montañas no empezaron a formarse de manera generalizada hasta hace 2.000 millones de años, a mitad de la historia del planeta. Ahora, nuestra investigación ha revelado cómo la vida primitiva desempeñó un papel clave en su aparición en el planeta.
Aunque la formación de montañas suele asociarse con el choque de placas tectónicas, que empuja enormes bloques de roca hacia el cielo, nuestro estudio ha demostrado que este proceso se desencadenó hace 2.000 millones de años por la abundancia de nutrientes en los océanos, que provocó una explosión de vida planctónica.
Cómo se forman las montañas
Las montañas no son solo un hermoso telón de fondo para las actividades recreativas; son esenciales para el funcionamiento del mundo por su influencia en el tiempo, el clima, la distribución del agua dulce y la erosión de las rocas, que produce suelo cultivable.
Antes de que hubiera montañas, los movimientos de las placas que remodelan la distribución de los océanos y los continentes se producían a una escala limitada. Pero el movimiento de estas placas es esencial para la formación de montañas. La presión de una placa contra otra —por lo general, cuando una placa oceánica choca con una continental— hace que se desprendan bloques de roca oceánica y se apilen unos sobre otros al ser empujados desde atrás.
A lo largo de millones de años, se acumulan capas de roca y se forman montañas, como ocurrió con el Himalaya: se formó a partir de rocas oceánicas entre la India y Eurasia, empujadas hacia el norte hasta que el océano desapareció y sus restos quedaron apilados a gran altura.
Sabemos que estas montañas proceden originalmente del océano por los fósiles marinos hallados en la meseta tibetana, a miles de metros sobre el nivel del mar. Pero apilar enormes bloques de roca a esa escala requiere mucha lubricación; de lo contrario, la fricción lo impediría. Ese lubricante es el carbono, que pasó a formar parte de la roca oceánica cuando el plancton muerto cayó al fondo del océano y quedó enterrado.
El plancton habita nuestros océanos desde hace más de 3.000 millones de años, pero hace 2.000 millones de años su número se disparó cuando abundantes nutrientes llegaron al agua. En aquel entonces, la vida no era más compleja que las células individuales del plancton. Pero las células crecieron mucho y contenían más carbono.
Al morir, se hundían rápidamente y quedaban enterradas en el lodo, que formó rocas con cantidades de carbono sin precedentes. El calor y la presión transformaron ese carbono en grafito. El grafito es un excelente lubricante. Las cerraduras, las bisagras, los engranajes, las ruedas e incluso las cremalleras se mueven con más facilidad gracias al grafito, y lo mismo ocurre con las rocas.
Lubricación
La abundancia de grafito que se acumuló bajo el fondo oceánico tuvo un efecto profundo, pues lubricó la formación de montañas. Aunque desde hace tiempo se sabe que los procesos tectónicos se lubrican, nuestra investigación muestra que la enorme abundancia de carbono en el océano desempeñó un papel crucial en el engrosamiento de la corteza terrestre que formó las cordilleras.
El proceso ha continuado desde entonces, y otras capas geológicas, como la sal, también han contribuido. Sin embargo, los estratos de grafito de hace 2.000 millones de años eran especialmente resbaladizos, y algunos han participado en la formación de montañas más de una vez.
Las montañas más grandes de la Tierra, el Himalaya, son jóvenes en términos geológicos —tienen unos 50 millones de años—, pero las rocas formadas en un océano mucho más antiguo se deslizaron unas sobre otras y contribuyeron a crearlas. Ya se habían deslizado durante los primeros millones de años después de formarse y, tras un largo período de inactividad, volvieron a deslizarse y ayudaron a elevar el Himalaya. Es posible que vuelvan a deslizarse en un futuro lejano.
Mucho después de que desaparezca la humanidad, ese antiguo plancton seguirá influyendo en el planeta. Las montañas formadas hace 2.000 millones de años ya están erosionadas, pero aún podemos ver sus raíces en lugares como Escocia.
Nuestro estudio examinó 20 casos de formación de montañas en todo el mundo durante esa época: desde Australia hasta China, desde Sudamérica hasta el Ártico, y también en el noroeste de Escocia. Allí podemos ver las superficies de deslizamiento en rocas con grafito de Harris, Iona y Gairloch, formadas durante terremotos que acompañaron la primera formación de montañas. La isla de Tiree es uno de los lugares más llanos de Gran Bretaña, pero las aves marinas que corretean por sus playas de arena cruzan los cimientos de enormes montañas desaparecidas hace mucho tiempo.
Recursos de grafito
En cada una de las 20 antiguas cordilleras estudiadas se registraron cantidades excepcionales de grafito. En muchos casos, hay grafito suficiente para que se haya extraído como recurso.
El grafito es ahora un producto muy cotizado, ya que se necesita para las baterías, fundamentales para la tecnología verde (una batería de iones de litio requiere mucho más grafito que litio). Muchos de los mayores yacimientos de grafito del mundo se formaron hace unos 2.000 millones de años. El grafito que contribuyó a formar las montañas podría volver a ser crucial para el planeta y desempeñar un papel clave en su preservación para las generaciones futuras.
Sin el carbono de innumerables células de plancton, la distribución de las placas tectónicas podría haber evolucionado de una manera muy distinta y no tendríamos las montañas tal como las conocemos. La vida ha dado forma fundamentalmente a nuestro planeta.







