Toda forma de vida depende de la salud de los océanos y sus ecosistemas, pero la salud de los océanos se está deteriorando.
Las comunidades indígenas que viven junto al océano tienen mucho que aportar en cuanto a conocimientos y estrategias de adaptación para contrarrestar y abordar este deterioro.
Pero todas las personas —desde los responsables de formular políticas hasta los líderes empresariales y los consumidores— deben actuar, porque solo mediante una acción colectiva podremos revertir el deterioro de los océanos.
Los corales son algo así como la imagen emblemática de los océanos. Es una historia que todos conocemos desde hace 20 años, impulsada por la fascinación por el destino de la Gran Barrera de Coral de Australia, la mayor estructura del mundo formada por un organismo vivo.
Lamentablemente, se ha convertido en una historia familiar de blanqueamientos récord, el fenómeno que ocurre cuando la temperatura del agua supera lo que el animal marino puede soportar. Como respuesta, expulsa las algas simbióticas que viven en su interior y de las que depende para alimentarse; si estas algas no regresan, el coral muere de hambre y poco después fallece. Esto da testimonio tanto de la interconexión de la vida en el planeta como de su fragilidad.
Cuando superemos el umbral de 1,5 °C y nos acerquemos a los 2 °C, se prevé que morirá el 90 % de los corales del mundo. Esto no solo será triste para uno de los organismos más extraordinarios del océano, sino que supondrá una catástrofe para los ecosistemas submarinos, ya que una de cada cuatro especies marinas depende de los corales para seguir existiendo.
«Sin historias, el océano muere en silencio». Estas son las palabras de Cristina Mittermeier, cofundadora y narradora principal de SeaLegacy, quien ha dedicado su vida a contar las historias del océano. Formada como bióloga marina y fotógrafa, Mittermeier ha dedicado su carrera a documentar la biodiversidad del océano y sus alrededores, incluidas las vidas de las comunidades indígenas que velan por su protección.
En su intervención en la Reunión Anual 2025 del Foro Económico Mundial en Davos, Mittermeier compartió observaciones de primera mano sobre la salud de los océanos, así como las estrategias que están poniendo en práctica quienes viven y trabajan junto a ellos para intentar frenar su deterioro.
La acidez de los océanos es uno de los nueve principales puntos de inflexión planetarios, y se prevé que durante 2025 se sume a los seis que ya se han rebasado. Es un panorama preocupante. Una vez superado un punto de inflexión, ese aspecto del planeta opera más allá de sus límites seguros y es más probable que el daño sea irreversible.

Con sus 30 años de trabajo y estudio de la biodiversidad de los océanos y de las comunidades cuya supervivencia depende de la salud oceánica, Mittermeier aporta una perspectiva única.
Para ella, los tres ingredientes esenciales para la salud del planeta y revertir el cambio climático son la biodiversidad, los océanos y los conocimientos de los pueblos indígenas. Cree que no estamos separados del planeta y elogia a las comunidades indígenas por celebrar su relación con la naturaleza y los recursos de los que dependen. Para ella, el éxito de estas comunidades en la protección de la biodiversidad se debe a «entender que la naturaleza forma parte de quienes son».
Insiste en que debemos «escuchar mejor los conocimientos de los pueblos indígenas locales» y encuentra esperanza en que su labor esté conteniendo actualmente «la avalancha de desastres con muy pocos recursos».
Mittermeier instó a todas las personas reunidas en Davos a rodearse de pueblos indígenas y sus conocimientos. Sugirió que los consejos de administración de las empresas reserven un puesto para alguien de una comunidad indígena, de modo que sus directores ejecutivos puedan comprender mejor «los valores de la Tierra». También propuso que quienes participaran en la Reunión Anual dedicaran tiempo a aprender de las estrategias de adaptación que las comunidades indígenas ya están aplicando, y advirtió que no podemos limitarnos a esperar —y confiar en— que otra persona dé el primer paso.
Los océanos cubren el 70 % de la superficie del planeta y constituyen su ecosistema más característico. También son un ámbito del que sabemos relativamente poco, en nuestro perjuicio, justo cuando necesitamos invertir el curso de las cosas y restaurar su salud. Sin los océanos no hay vida en la Tierra, del mismo modo que sin los corales —que ocupan apenas el 2 % de los océanos— no habrá vida bajo el agua.
La historia adecuada lo cambia todo. Es hora de empezar a contar una nueva historia.





