Las recientes inundaciones graves en Malasia causaron una destrucción generalizada valorada en casi 1.500 millones de dólares.
La pérdida de bosques primarios en Malasia para cultivar productos como el aceite de palma podría estar contribuyendo al agravamiento de las inundaciones, afirman los analistas.
Cada vez más zonas, que antes se creía que estaban a salvo, se ven ahora afectadas por las inundaciones.
Los grupos ecologistas instan al Gobierno a intensificar la acción climática y limitar la deforestación.
Los muebles dañados y las paredes cubiertas de barro que dejaron las aguas de la inundación ya han sido sustituidos o limpiados en la casa de la familia de Elizabeth Chong, pero se perdieron para siempre fotografías y documentos antiguos que ofrecían una valiosa ventana a la vida de sus antepasados.
En la calle de Kuala Lumpur, capital de Malasia, donde la familia de Chong ha vivido durante casi un siglo, los residentes han lidiado durante décadas con inundaciones frecuentes, pero nada los preparó para la devastación causada por la crecida de las aguas a finales del año pasado.
Chong, que vive en una casa de dos plantas con su tía con discapacidad y su madre jubilada, fue una de las más de 120.000 personas desplazadas por las fuertes lluvias y las graves inundaciones que azotaron Malasia a mediados de diciembre y principios de enero.
«Sabíamos que llovía sin parar y esperábamos una inundación, pero no de tal magnitud», declaró la joven de 22 años a la Fundación Thomson Reuters.
«Las puertas se abrieron de golpe. El agua entró con una fuerza tremenda. De repente, llegaba hasta el pecho», contó Chong, administradora de una empresa farmacéutica y estudiante a tiempo parcial.
Según un informe publicado el mes pasado por el Instituto Swiss Re, en 2021 los fenómenos extremos, como los fenómenos meteorológicos y naturales, entre ellos los terremotos, causaron pérdidas económicas mundiales de 270.000 millones de dólares.
El informe señaló que las inundaciones por sí solas representaron el 31 % de esas pérdidas.
Como muchas naciones del Sudeste Asiático, Malasia sufre inundaciones frecuentes durante la temporada anual de monzones, pero rara vez se produce una destrucción tan generalizada en los estados más ricos, incluida la capital y el vecino estado de Selangor.
Las zonas urbanas de toda la región, que ya tienen dificultades para hacer frente al rápido crecimiento de la población, la urbanización acelerada y las infraestructuras en ruinas, se enfrentan ahora a mayores amenazas por las tormentas, olas de calor, inundaciones e incendios forestales provocados por el cambio climático.
Las recientes inundaciones en Malasia, algunas en zonas que antes se consideraban a salvo de daños de este tipo, causaron pérdidas de casi 1.500 millones de dólares y funcionarios del Gobierno las describieron como un fenómeno meteorológico «que ocurre una vez cada 100 años».
Sin embargo, las víctimas afirman que la respuesta del país a las inundaciones fue a menudo lenta e inadecuada, y los grupos ecologistas instan ahora al Gobierno a promulgar leyes para reducir las emisiones que alteran el clima y reforzar la respuesta ante emergencias y las iniciativas de adaptación.
«Todos los años hay inundaciones en algún lugar del país, en algún momento», afirmó Salleh Mohd Nor, expresidente y asesor sénior de la Sociedad para la Naturaleza de Malasia.
«Dudo que se pueda decir que esta (inundación) ocurre una vez cada 100 años... Con el cambio climático, las lluvias serán más frecuentes y torrenciales», añadió.
A la espera del rescate
La última vez que las profundas aguas de la inundación entraron en la casa adosada de Chong, situada cerca de un río y a la sombra de un enorme centro comercial y hoteles lujosos, fue en 2000. Uno de sus primeros recuerdos es haberse caído a las aguas de la inundación cuando era un bebé.
A lo largo de los años, las reformas de la casa incluyeron añadir una planta, elevar la estructura 2 pies (0,6 metros) e instalar una barrera contra inundaciones.
En 2007, las autoridades también terminaron de construir un importante túnel de drenaje y vial para proteger la capital de las inundaciones repentinas y ayudar a aliviar la congestión del tráfico.
Pero, tras más de tres días de lluvia casi constante a finales de diciembre, en unas tres horas el nivel del agua pasó de un hilillo en la casa de Chong a llegar hasta el techo de la planta baja.
Ella y su familia se vieron obligadas a refugiarse en la planta superior, que estaba seca. A oscuras, tras el corte de electricidad, Chong empezó a llamar frenéticamente a los servicios de emergencia desde su móvil. Nadie contestó.
Mientras los vecinos atrapados gritaban preguntas e indicaciones de una ventana a otra, Chong llamó a su estación local de bomberos y le dijeron que llamara a la línea de asistencia del Gobierno nacional.
Una búsqueda rápida en Google reveló que solo atendía de 9:00 a 18:00, explicó.
Finalmente, los bomberos rescataron en barco a la familia de Chong desde el balcón y la dejaron en un lugar más elevado, bajo la lluvia y sin más ayuda, añadió.
Se alojaron temporalmente con familiares que vivían en otra parte de la ciudad y, al día siguiente, ella volvió a casa con su madre para rescatar algunas pertenencias.
«En esta casa había muchas fotos», dijo Chong. «Se arruinó todo: objetos históricos y valiosos de la época de mis abuelos».
Bosques desaparecidos
Según la organización ecologista WWF, Malasia estuvo cubierta por completo de árboles, pero ahora ha desaparecido casi la mitad de sus bosques.
Según el servicio de seguimiento Global Forest Watch (GFW), el país ha perdido casi una quinta parte de sus bosques primarios desde 2002, aunque las tasas de deforestación han disminuido en los últimos años.
Los analistas afirman que la pérdida de bosques podría estar contribuyendo al agravamiento de las inundaciones; según los datos de GFW, muchos de los estados más afectados también registran las tasas de deforestación más elevadas.
Tras aparecer noticias sobre ríos y zonas inundadas repletos de troncos, políticos de la oposición instaron al Gobierno del estado de Pahang, al este de Kuala Lumpur, a investigar la tala ilegal y sin control.
Damien Thanam Divean, vicepresidente de la organización no gubernamental PEKA Malaysia, afirmó que la tala rasa de bosques para plantar cultivos como la palma aceitera y el durián había reducido la capacidad del suelo para absorber agua, lo que agravaba las inundaciones.
Pidió modificar la Constitución nacional para que la gestión forestal quedara bajo control federal y se asignaran fondos a los estados para promover iniciativas de conservación.
El Ministerio de Medio Ambiente de Malasia y la Oficina del Primer Ministro no respondieron a una solicitud de comentarios.
Aun así, es difícil demostrar que la deforestación aguas arriba causara un episodio concreto de inundaciones, afirmó John-Rob Pool, gerente de implementación de Cities4Forests, iniciativa dirigida por el World Resources Institute, un centro de estudios con sede en Estados Unidos.
Sin embargo, durante las lluvias intensas, los bosques y la vegetación caída ralentizan la escorrentía, lo que permite que entre más agua en el suelo y reduce la cantidad que fluye río abajo.
Eso significa que «restaurar los bosques es una estrategia que no entraña ningún riesgo», tanto para proteger la biodiversidad como para reducir el riesgo de inundaciones, afirmó Pool.
Por lo general, las inundaciones estacionales son más frecuentes en la costa oriental de la península malaya, señaló Renard Siew, asesor sobre cambio climático del centro de estudios Centre for Governance and Political Studies; por eso las inundaciones de diciembre sorprendieron a muchos habitantes de las ciudades.
«Nunca pensaron que llegaría el momento en que realmente tendrían que evacuar sus casas para ponerse a salvo», dijo. «Eso los tomó por sorpresa».
El cambio climático influyó en la intensidad de las lluvias y las inundaciones, afirmó, pero otros factores también contribuyeron a los daños, desde los desagües urbanos obstruidos por basura hasta la construcción en zonas que antes eran verdes.
Instó al Gobierno de Malasia a proteger mejor los bosques y manglares, plantar más árboles en las ciudades y promulgar una ley sobre el cambio climático que ayude a los ministerios y las autoridades a colaborar mejor.
«En diciembre vimos que las cosas no estaban tan coordinadas como deberían», afirmó.
Una recuperación lenta
El salario de Chong, residente de Kuala Lumpur, apenas alcanza para cubrir los gastos del hogar y, según ella, su familia, afectada por las inundaciones, no recibió ayuda del Gobierno federal para la limpieza ni apoyo financiero.
Sin embargo, organizaciones benéficas locales, organizaciones no gubernamentales y otras personas acudieron en su ayuda, incluida la empresa donde trabaja Chong, que creó un fondo para reemplazar los artículos dañados, mientras sus amistades aportaron platos, tazas y una arrocera.
La casa ya está limpia de barro, pero aún necesita reparaciones importantes en la instalación eléctrica y los baños; además, la tía de Chong, que depende de una silla de ruedas, vive ahora en un alojamiento temporal proporcionado por una organización no gubernamental.
Chong atribuye las pérdidas de su familia a la tala de árboles y a la falta de inversión en infraestructuras para prevenir inundaciones.
«Una de las razones por las que se inunda tanto es que talan demasiados árboles o los queman para hacer sitio a nuevas construcciones y plantaciones de palma aceitera», afirmó.








