Esta enfermedad mata a 400.000 personas al año. Un nuevo mapa muestra dónde el cambio climático la empeorará

George Oliech, a researcher from the International Centre of Insect Physiology and Ecology (ICIPE), checks the quality of the swamp water in Kamgan village of Nyakach, Kenya May 12, 2020. Picture taken May 12, 2020. REUTERS/Edwin Waita - RC22RG94I59Y
Surface water is crucial for the mosquitoes to lay their eggs.Image: REUTERS/Edwin Waita
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  • La malaria mata a 405.000 personas cada año, la gran mayoría en África.

  • Un nuevo estudio analiza el impacto del cambio climático en la malaria en África.

  • Los mapas revelan qué zonas serán más, o menos, adecuadas desde el punto de vista climático

De un total estimado de 228 millones de casos de malaria en todo el mundo cada año, alrededor del 93 % se registran en África. Esta proporción es más o menos la misma para las 405.000 muertes por malaria en todo el mundo.

Por eso se realizan enormes esfuerzos para elaborar mapas detallados de los casos actuales de malaria en África, y para predecir qué zonas serán más susceptibles en el futuro, ya que este tipo de mapas es fundamental para controlar y tratar la transmisión. Las poblaciones de mosquitos pueden responder rápidamente al cambio climático, por lo que también es importante comprender qué significa el calentamiento global para el riesgo de malaria en todo el continente.

Acabamos de publicar un nuevo conjunto de mapas en Nature Communications que ofrecen la imagen más precisa hasta la fecha de las zonas de África que serán, y de las que no serán, climáticamente adecuadas para la transmisión de la malaria.

El parásito de la malaria prospera donde hace calor y humedad. La temperatura del aire controla varias fases del ciclo de transmisión, incluidas la esperanza de vida del mosquito y las tasas de desarrollo y de picadura.

Si hace demasiado calor o demasiado frío, ni el parásito de la malaria ni el mosquito que lo transmite entre humanos sobrevivirán. Este intervalo de temperatura adecuado está relativamente bien establecido gracias a estudios de campo y de laboratorio, y constituye la base de las proyecciones actuales sobre el impacto del cambio climático en la malaria.

Sin embargo, el agua superficial es igualmente crucial, ya que proporciona el hábitat donde los mosquitos ponen sus huevos. Aunque el agua que fluye en los grandes ríos no ofrece un hábitat larvario adecuado para los mosquitos vectores africanos, los cuerpos de agua más pequeños cercanos, como los estanques en las orillas y las llanuras aluviales, pueden ser muy productivos, al igual que los sistemas de riego asociados o los estanques y charcos que se forman en cualquier lugar del paisaje.

Pero estimar el agua superficial futura es complicado. Los niveles de los ríos fluctúan con las estaciones, los estanques y charcos aparecen y desaparecen, y es difícil predecir con exactitud dónde se cultivará y regará dentro de años.

Modelos anteriores de la idoneidad de la transmisión de la malaria en África utilizaban totales mensuales de lluvia simples para estimar cuánto hábitat estaría disponible para los mosquitos. Nosotros, en cambio, analizamos con más detalle la formación de masas de agua. Cuando incluimos estos procesos hidrológicos en nuestro modelo, observamos un patrón diferente tanto en la actualidad como en el futuro.

Más allá de la lluvia

En los trópicos, si llueve mucho, los mosquitos pueden reproducirse y es probable que la zona sea adecuada para la transmisión de la malaria. Si, además, este lugar se encuentra dentro del rango de temperatura adecuado, podemos afirmar que es climáticamente adecuado para la transmisión de la malaria. Es posible que actualmente no se produzca transmisión, quizá porque la enfermedad ha sido erradicada allí, pero el clima sería adecuado para ella.

En general, este enfoque funciona bien, sobre todo en el conjunto de África. Pero no es realmente así como funciona el agua superficial. Por poner un ejemplo extremo, apenas llueve a lo largo de gran parte del río Nilo, y sin embargo hay una gran cantidad de mosquitos y sabemos que la malaria era frecuente en el antiguo Egipto.

El agua de lluvia puede infiltrarse en el suelo, evaporarse de nuevo a la atmósfera, ser absorbida por la vegetación y, por supuesto, fluir cuesta abajo hacia arroyos y ríos. Dado que la lluvia no siempre coincide con la cantidad de agua que queda en la superficie, se necesitaba un nuevo enfoque.

Un patrón más complejo

En nuestro estudio reciente, aplicamos un modelo hidrológico a escala continental para estimar la disponibilidad de agua superficial. Esto puso de manifiesto un patrón de idoneidad hidroclimática mucho más complejo y, quizá, más realista. A diferencia de los enfoques basados en la lluvia, nuestro modelo destaca los corredores fluviales como posibles focos de transmisión durante todo el año.

Image: Nature Communications

Nuestro trabajo muestra que algunas zonas que claramente faltaban en los modelos anteriores son, de hecho, adecuadas para la transmisión de la malaria. Esto incluye el sistema del Nilo, donde nuestra estimación de la idoneidad actual para la transmisión se extiende de forma destacada hasta la costa norte de África, respaldada por observaciones históricas de brotes de malaria.

Asimismo, los ríos Níger y Senegal y los ríos Webi Juba y Webi Shabeelie en Somalia se extienden más allá de los rangos geográficos estimados previamente como climáticamente adecuados. Esto es especialmente importante, ya que las poblaciones humanas tienden a concentrarse cerca de estos ríos.

Cuando comparamos las proyecciones del modelo hidroclimático hacia el futuro con las de los modelos anteriores basados en umbrales de lluvia, volvemos a observar diferencias. Ambos sugieren solo cambios muy pequeños en la superficie total adecuada en el continente hasta 2100, incluso bajo el escenario de calentamiento global más extremo. Sin embargo, una vez que se tuvieron en cuenta los procesos hidrológicos, observamos un cambio mayor en las zonas hidroclimáticamente adecuadas, y las ubicaciones que se proyecta que cambien son muy distintas.

Image: Nature Communications

Por ejemplo, en Sudáfrica, en lugar de que la mayor idoneidad se concentre en el este del país, en torno a Lesoto, nuestro enfoque prevé que la zona de mayor idoneidad se extienda a lo largo de los cursos de los ríos Caledon y Orange hasta la frontera con Namibia. Ya no observamos disminuciones de la idoneidad impulsadas por la aridez en el sur de África, en particular en Botsuana y Mozambique.

Por el contrario, las disminuciones proyectadas en el oeste de África son más pronunciadas. La mayor diferencia se da en Sudán del Sur, donde nuestro enfoque hidrológico estima disminuciones sustanciales de la idoneidad para la malaria en el futuro.

El río Orange, el más largo de Sudáfrica, se volverá más adecuado para la malaria. Image: Richard van der Spuy

Encaminar el agua a través del paisaje de forma realista permite trazar un patrón muy distinto de idoneidad para la transmisión de la malaria, tanto en la actualidad como en el futuro. Pero esto es solo un primer paso.

Todavía queda mucho por hacer para integrar los modelos hidrológicos y de inundaciones de última generación en las estimaciones de idoneidad para la malaria e incluso en los sistemas de alerta temprana de brotes locales de malaria. El reto apasionante ahora es desarrollar este enfoque a las escalas locales que requieren las agencias de salud pública, para ayudarlas en su lucha contra la enfermedad.

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