Solo quedan 8 años para alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.
La colaboración internacional es esencial para lograr avances significativos, pero existen obstáculos a la participación científica colectiva, afirman los expertos.
Entre ellos figuran las restricciones a la transferencia de datos y materiales y los excesivos tiempos de tramitación de visados.
Para intensificar los esfuerzos por alcanzar las metas, es necesario mejorar a escala mundial la generación y el intercambio de conocimientos, así como la innovación, sugieren.
En 2015, las Naciones Unidas identificaron 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que debían alcanzarse para 2030. Desde entonces, los ODS se han integrado en programas de investigación, políticas nacionales e internacionales y campañas electorales de todo el mundo. Pero el tiempo apremia: con solo ocho años hasta 2030, cabe preguntarse cómo lo lograremos.
El progreso real para todos, especialmente para quienes viven en el Sur Global, exige un compromiso renovado y medidas concretas en favor de la cooperación internacional y la colaboración científica a una escala nunca vista.
Colaboración internacional
Alcanzar los ODS de la ONU no será tarea fácil, porque existen obstáculos para el tipo de colaboración que requiere.
Como hemos visto durante la pandemia de COVID-19, la colaboración científica internacional está en el centro de una ciencia innovadora con repercusiones en el mundo real.
Sin embargo, entre los obstáculos a la colaboración científica figuran las restricciones a la transferencia de datos y materiales, la falta de capacidad institucional nacional o los excesivos tiempos de tramitación de visados. También existe una cultura en las comunidades de investigación científica que tiende a recompensar a los individuos por encima de los colectivos.
Además, están surgiendo nuevos obstáculos a la colaboración que restringen la producción de conocimiento y ponen en peligro nuestra capacidad para alcanzar los objetivos de 2030. Entre ellos figuran el retroceso del multilateralismo y la creciente preocupación por la seguridad nacional.
Pero hay motivos para la esperanza. La pandemia es un caso de éxito de colaboración. Gracias a plataformas tecnológicas que permitieron una comunicación rápida, el intercambio de datos y décadas de investigación impulsada por el descubrimiento, se desarrollaron vacunas y antivirales innovadores en tiempo récord y a gran escala.
Nuestra capacidad para aprovechar estos conocimientos por el bien común en tiempos de crisis nos mostró lo que es posible cuando la comunidad científica está motivada y cuenta con los medios para colaborar.
Problemas globales, soluciones globales
La colaboración es esencial para alcanzar los ODS. Ningún país puede lograr la sostenibilidad por sí solo. La pandemia debería dejarlo claro: al fin y al cabo, los virus no respetan las fronteras políticas, sobre todo en un mundo conectado a escala mundial.
Los beneficios globales deben sopesarse frente a las necesidades nacionales, por ejemplo, cuando los bosques que actúan como sumideros de carbono (ODS 13) se convierten en tierras agrícolas para mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición (ODS 2).
Los desafíos globales exigen soluciones globales, y nuestro sistema actual de generación e intercambio de conocimientos y de innovación a escala mundial no está a la altura de la tarea.
El sistema actual de apoyo a la colaboración científica internacional sigue siendo alarmantemente frágil. Muchas iniciativas y plataformas, como las bases de datos genómicos que nos permiten seguir la aparición de variantes del coronavirus, dependen del apoyo de apenas unos pocos países u organizaciones filantrópicas.
El aumento de las tensiones geopolíticas también amenaza la colaboración cuando un país, bajo el pretexto del interés nacional, puede retirar en cualquier momento su apoyo a la investigación.
Necesitamos un sistema de colaboración global más resiliente e inclusivo, comprometido con el multilateralismo en la ciencia. También necesitamos nuevos marcos e incentivos que respalden la acción colectiva y la investigación que trasciende fronteras para abordar las desigualdades existentes.
La inversión es esencial
Pedimos a las naciones del mundo que se reunieron durante las últimas dos semanas en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP27 que asuman ese compromiso. Debemos empezar por impulsar la colaboración científica internacional mediante la inversión que tanta falta hace.
Si todos los países del G7 y la UE se comprometieran a destinar a la colaboración científica internacional el uno por ciento del gasto público en investigación y desarrollo, se pondría en marcha un fondo de colaboración de más de 14.000 millones de dólares estadounidenses. Este podría servir para movilizar inversiones de cuantía comparable del sector privado y la sociedad civil.
Este fondo podría garantizar la longevidad y sostenibilidad de las plataformas de colaboración; apoyar la ciencia abierta para crear un recurso colectivo de conocimiento accesible a escala mundial; respaldar colaboraciones internacionales centradas en los ODS para impulsar la innovación mediante la incorporación de métodos, perspectivas y voces no tradicionales, especialmente aquellos que mitiguen las compensaciones entre metas; y revitalizar una junta asesora científica eficaz de todo el sistema de la ONU que apoye la toma de decisiones sobre cuestiones globales.
Marcar el rumbo
Estamos en un punto de inflexión, y lo que ocurra a continuación marcará nuestro rumbo hacia 2030. Ahora más que nunca necesitamos el poder de la acción colectiva en torno a la creación de conocimiento, el intercambio de datos y la innovación. Los gobiernos no pueden alcanzar los ODS por sí solos: se necesitan aportaciones combinadas del sector privado, la sociedad civil y los organismos de investigación.
El objetivo debería ser impulsar el avance hacia los ODS reduciendo los obstáculos a la colaboración científica internacional y mejorando su resiliencia.
El primer paso consiste en un compromiso firme de los gobiernos, los donantes, los bancos multilaterales y las empresas para crear un fondo multilateral global que apoye la generación de conocimiento en favor de los ODS. Destinar el uno por ciento del gasto público en investigación y desarrollo, junto con el uno por ciento de los presupuestos de investigación de los financiadores privados, abre una oportunidad para encauzarnos hacia el objetivo.
Esto crearía oportunidades para explorar más ampliamente y estimular una mayor creatividad. Solo así podremos lograr un ecosistema científico sostenible y diverso que impulse nuestro avance hacia los ODS de la ONU.
Nos quedan ocho años. Si actuamos ahora, aún estamos a tiempo de hacer realidad los objetivos de 2030.




