La biodiversidad está disminuyendo a escala mundial, y las principales fuerzas impulsoras son la pérdida de hábitat, la explotación de recursos, el cambio climático, la contaminación y las especies invasoras.
Un nuevo estudio analiza el impacto de una respuesta tardía ante el calentamiento climático y la pérdida de biodiversidad, y demuestra que aumenta el desafío de revertir el declive de las poblaciones animales.
Sin embargo, los investigadores señalan que las personas son cada vez más conscientes de lo que funciona en la conservación, y que las áreas protegidas y una mejor gestión de la tierra tienen efectos positivos.
En diciembre de 2022, 196 países firmaron un acuerdo en el que se comprometían a “vivir en armonía con la naturaleza” para 2050 y a “detener e invertir la pérdida de biodiversidad” para 2030.
Las investigaciones previas han demostrado que es urgentemente necesaria una acción coordinada a escala mundial para alcanzar tales objetivos. Como conservacionistas, también somos conscientes de un desfase entre el momento en que los científicos observan cambios ambientales, como el aumento de las temperaturas, y el momento en que los organismos responden. Queríamos averiguar cómo este “retardo ecológico” podría afectar a las probabilidades del mundo de frenar la pérdida de naturaleza para finales de esta década.
La biodiversidad –es decir, la variabilidad entre los seres vivos, como el número de especies en un fragmento de bosque– está disminuyendo a escala mundial, impulsada por la demanda de recursos de la humanidad recursos. La pérdida de hábitat, la explotación de recursos biológicos, el cambio climático, la contaminación y las especies invasoras son las principales fuerzas impulsoras detrás de esta reorganización ecológica. Por ejemplo, las especies que habitan en montañas se están desplazando hacia cotas más altas donde hace más frío, para contrarrestar los efectos de las temperaturas más altas en su distribución histórica.
Estas presiones pueden tener consecuencias inmediatas, como la pérdida de árboles y hábitats durante la deforestación. Pero los efectos retardados, que se materializan varios años o incluso décadas después del cambio ambiental inicial, también son habituales.
Nuestra nueva investigación demuestra que la fauna silvestre puede tardar décadas en reflejar plenamente los cambios ambientales que los seres humanos ya han provocado. Algunos descensos por encima del objetivo de 2030 podrían estar ya asegurados.
Investigación de los desfases ecológicos
En nuestro nuevo estudio investigamos la importancia de las respuestas retardadas (desfases) ante el calentamiento climático y la expansión de las tierras agrícolas. Utilizamos datos sobre las tendencias en la abundancia de las poblaciones de aves y mamíferos terrestres de más de 700 especies de todo el mundo.
Habíamos descubierto anteriormente que la velocidad de los cambios en el uso de la tierra (por ejemplo, de bosque a tierras agrícolas) y el cambio climático eran útiles para explicar las tendencias poblacionales. Ahora sabemos que los cambios históricos (los que se produjeron entre diez y 40 años antes) explican mejor las tendencias observables actuales. Por ejemplo, las tendencias poblacionales de las aves pequeñas se explican mejor por cómo estaba cambiando el clima hace 13 años, y este retardo aumenta a 40 años en el caso de las aves grandes. En general, comprobamos que las especies de mayor tamaño presentan desfases ecológicos más largos que las de menor tamaño. Las investigaciones previas también han destacado que las especies de vida más larga responden más lentamente a la pérdida de bosques.
Si bien la combinación del calentamiento pasado y la conversión de tierras se relaciona, en general, con el descenso de las poblaciones, en nuestro estudio estas condiciones parecieron beneficiar a los pequeños mamíferos.
Nuestras predicciones sobre las futuras tendencias de abundancia poblacional sugieren una combinación de ganadores (aves más grandes, como el ánsar común podrían aumentar en número) y perdedores (aves de tamaño mediano, como el zampullín chico, podrían disminuir).
Nuestra investigación sugiere que estas futuras tendencias poblacionales serán el resultado de las condiciones ambientales tanto concurrentes como pasadas. Y, de forma crucial, los desfases de diez años o más que hemos identificado sugieren que las tendencias hasta 2030 podrían estar ya determinadas por su dependencia de cambios ambientales que ya han ocurrido.
Sin embargo, no todo está perdido.
Aunque los desfases ecológicos que identificamos en nuestro estudio aumentan el desafío de revertir el descenso de las poblaciones de aquí a 2030, cada vez somos más conscientes de lo que funciona en la conservación, y los casos de éxito están en aumento.
También evaluamos los efectos de las intervenciones de conservación, como la suplementación alimentaria de la fauna silvestre, la concesión de protección legal a las especies y la creación de áreas protegidas de hábitat, así como el impacto de la caza. Si bien este tipo de explotación actúa de forma constante como un lastre considerable para las tendencias poblacionales, las medidas de gestión y las áreas protegidas tuvieron efectos positivos. Otros estudios han identificado patrones similares.
Por tanto, prevenir la sobreexplotación de la fauna silvestre es fundamental para salvaguardar adecuadamente la biodiversidad y la contribución de la naturaleza a la vida humana.
Perspectivas para la naturaleza
El mundo natural está siendo transformado drásticamente por la actividad humana.
A pesar de décadas de compromisos internacionales para proteger la biodiversidad, parece que se ha avanzado muy poco.
Los objetivos actuales son los más ambiciosos y, quizá, los más difíciles de alcanzar hasta la fecha.
Es fundamental que la gente no se desanime. Solo con una acción urgente para promover la recuperación de las especies en declive podrá la actual ronda de objetivos internacionales de biodiversidad seguir a nuestro alcance.







