Desde que los seres humanos empezaron a preocuparse por haber vertido demasiado carbono a la atmósfera, hemos considerado los bosques tropicales un importante «sumidero de carbono». Su rápido crecimiento, su densa vegetación y sus suelos ricos absorbían más carbono de la atmósfera del que producían. En otras palabras, los bosques tropicales eran una aspiradora natural de gases de efecto invernadero. Pero ahora, justo cuando el mundo más los necesita, ya no lo son.
Al parecer, en algún momento la deforestación, las sequías y otros factores que alteran los bosques inclinaron la balanza y convirtieron los bosques tropicales en productores netos de carbono en lugar de sumideros, según un nuevo estudio publicado hoy (28 de septiembre) en la revista Science. Cada año, en vez de absorber carbono, estos bosques degradados son una fuente de más carbono (aproximadamente 425 teragramos al año) que todas las emisiones del transporte de Estados Unidos durante un año entero.
Científicos del Woods Hole Research Center y de la Universidad de Boston pasaron dos años y medio recorriendo bosques tropicales de 22 países, midiendo el grosor de los árboles y registrando su ritmo de crecimiento, un factor importante para determinar cuánto carbono absorbe un bosque. Luego combinaron sus datos de campo con datos de teledetección láser y 12 años de datos satelitales de la NASA obtenidos por los satélites MODIS. El enfoque combinado de los investigadores les permitió calcular no solo las pérdidas causadas por la deforestación a gran escala, sino también las más difíciles de cuantificar, debidas a factores menos evidentes, como la tala selectiva y la agricultura a pequeña escala.
Estudios anteriores han analizado la deforestación a gran escala en los trópicos como fuente de carbono, y trabajos más recientes han señalado las formas más sutiles de degradación como una fuente probablemente subestimada.
A pesar de las sombrías noticias, Alessandro Baccini, científico especializado en teledetección del Woods Hole y coautor del estudio, afirma que deberían inspirar cierta esperanza. «Este estudio nos dice que el bosque es, en realidad, una gran oportunidad. Los bosques tropicales son una fuente de carbono —es decir, emiten más del que eliminan—, pero podemos cambiarlo».
Según sus hallazgos, poner fin a la deforestación tropical reduciría las emisiones anuales en al menos 862 teragramos de carbono, o alrededor del 8 % de las emisiones mundiales anuales. Acabar con la deforestación quizá sea un objetivo improbable, pero las cifras sugieren que incluso cambios graduales en las políticas de reforestación podrían marcar una diferencia significativa.
Algunos países están invirtiendo ahora mucho en el futuro de la geoingeniería: soluciones tecnológicas a gran escala para extraer carbono de la atmósfera. Baccini cree que deberíamos plantar árboles. «Aún no hemos llegado a ese punto» con los enfoques de geoingeniería más prometedores. «Durante los próximos 50 años, sería más eficaz hacerlo con un sistema más natural», afirma. «La forma más eficaz de hacerlo rápido y a bajo costo es mediante un bosque».





