¿Cómo vamos a cerrar la brecha de financiación de 2,5 billones de dólares al año para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)? ¿De quién es el dinero? ¿Qué modelo de negocio? ¿Cómo ampliarlo tanto? Si leen la literatura académica reciente sobre economía del desarrollo, o el nuevo enfoque de financiación del Banco Mundial de Jim Kim, quizá conozcan las ventajas de la «financiación combinada» o de los «resultados económicos, sociales y ambientales». En su lugar, quiero contarles un caso real que marca la diferencia. Quiero hablarles de Sonam.
Sonam es un agricultor de 60 años de una zona rural de Bután. Sus hijos se marcharon a la capital, Timbu, como hacen muchos hoy en día. Hace cuatro años decidió plantar avellanos en 2 acres de un terreno rocoso sin usar de su propiedad. Los plantones de avellano, la capacitación y la supervisión periódica los proporciona «Mountain Hazelnuts», la única empresa de Bután con un 100 % de inversión extranjera. La empresa financia el costo de los árboles y lo ayuda a gestionar su huerto. A cambio, cuando llegue la cosecha, les venderá sus avellanas por encima del precio mínimo garantizado, lo que duplicará sus ingresos, justo cuando será demasiado mayor para trabajar en sus arrozales.
Se pueden encontrar historias de impacto similares entre los aproximadamente 10.000 agricultores que participan en esta iniciativa en todo el país. Se los selecciona cuidadosamente para garantizar la productividad y maximizar los beneficios sociales y ambientales, por ejemplo, dando prioridad a los hogares vulnerables o reduciendo la erosión del suelo.

Pero Sonam también recibe la visita mensual de Kinzang. Este es el primer empleo de Kinzang. De lo contrario, se habría mudado a la ciudad con la esperanza de encontrar un trabajo mal pagado, aunque lo más probable es que se hubiera sumado a los muchos jóvenes desempleados del campo. Kinzang registra cuidadosamente los datos en su teléfono inteligente, conversa con Sonam y los transmite digitalmente a la sede de la empresa. Allí, si se registra un problema de riego, plagas o alguna anomalía en los datos, un equipo de expertos (agrónomos formados localmente) visitará su huerto para encontrar una solución.
Todo el sistema de apoyo, seguimiento y optimización funciona sobre una plataforma de datos diseñada cuidadosamente, que intercambia información entre los agricultores, los supervisores, los expertos agrónomos y las autoridades locales. Garantiza que los 10 millones de árboles estén sanos y sean productivos, minimiza los costos adicionales y evalúa y registra la eficacia de los nuevos tratamientos.
De vuelta en la sede, Pema recibe envíos de cultivos de tejido de árboles procedentes de un laboratorio de alta tecnología de China (variedades de cultivo natural óptimas para el Himalaya). Pema indica a su equipo que coloque el envío en un lecho estéril de nutrientes que acelera la etapa de crecimiento en el vivero. Toda la operación depende de coordinar cuidadosamente esta orquesta de trabajadores, árboles y datos. Sin ella, se tardarían décadas en alcanzar un volumen de cosecha de avellanas capaz de situar a Bután, hoy fuera de la lista, entre los principales exportadores de avellanas.
En segundo plano, toda la operación ha sido financiada por inversionistas privados e instituciones públicas, como la IFC (Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial) y el ADB (Banco Asiático de Desarrollo). Una vez más, fueron los datos los que aportaron suficiente confianza para gestionar los riesgos y convertir esta iniciativa en un ejemplo emblemático y codiciado de «triple resultado» (3BL): rentable, con propósito y ambientalmente sostenible.
Esta historia también demuestra que «los datos son el nuevo petróleo» no es el enfoque adecuado. Si los datos son el nuevo petróleo, se extrae valor de ellos sin prestar mucha atención a devolver valor a su fuente. Sin embargo, en este sistema, «los datos son el nuevo suelo». Los datos crean un terreno más fértil en el que el valor fluye en ambas direcciones. Impulsan a la fuente de los datos —los agricultores— hacia nuevas oportunidades de generar ingresos y permiten optimizar las operaciones; también ayudan a todo el país: gran parte de los datos (como los relativos al estado de las carreteras que utilizan los supervisores) se hace pública en beneficio de la población butanesa, sin entrar en conflicto ni interferir con el modelo de negocio.
A finales de este mes, el Foro Económico Mundial celebrará en Dalian su «Reunión Anual de los Nuevos Campeones» (AMNC), donde la ciencia, la tecnología y los datos ocuparán un lugar destacado para «construir un futuro en el que la innovación y el emprendimiento beneficien a toda la sociedad». Esta historia es un ejemplo de ello. Como científico comprometido con los ODS, considero que la tecnología es una gran aliada. Trabajé en el Banco Mundial justo cuando empezaba a cobrar fuerza el impulso de la «financiación combinada» (2014-2016). El trabajo de nuestro equipo en «The Innovation Labs» fue excelente: cofinanciamos, promovimos y visibilizamos nuevos enfoques que involucraban al sector privado, el mundo académico y las instituciones públicas. Vimos la conexión entre los macrodatos y el desarrollo, y trabajamos en ella. Personalmente, también necesitaba ver cómo «el beneficio y el propósito» podían funcionar juntos a gran escala desde la perspectiva de la «financiación combinada», pero no desde la oficina del presidente en Washington D. C., sino desde el terreno. Por eso vine a Bután.
Mientras me dirijo a la AMNC, confío en que prosperen este tipo de empresas innovadoras; estoy deseoso de encontrar y promover muchas otras instituciones que alcancen a gran escala resultados económicos, sociales y ambientales. Las necesitamos si queremos abordar los ODS. Así es como reducimos esa brecha de 2,5 billones de dólares al año.
Aviso: trabajé durante dos meses con Mountain Hazelnuts y capacité a su personal en ciencia de datos, OpenStreetMap y teledetección.





