Ante la cifra récord de 69 millones de personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares por la guerra y la persecución, Naciones Unidas instó el miércoles a los países que acogen a un gran número de refugiados a plantar más árboles, ya que la deforestación amenaza con despojar de vegetación los paisajes y desencadenar conflictos.
Cuatro de cada cinco personas que huyen de sus hogares dependen de la leña para cocinar y calentarse, una de las principales causas de la deforestación en las zonas circundantes, señalaron la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
«Básicamente, necesitamos más fuentes de energía», afirmó Andrea Dekrout, especialista en medio ambiente de ACNUR con sede en Ginebra.
«En algunos casos, la actividad forestal puede satisfacer esa necesidad», dijo, y añadió que la ONU también está probando el uso de gas para cocinar como combustible alternativo en Tanzania y Bangladesh.
Organizaciones humanitarias, países de acogida de refugiados y empresas tienen previsto firmar en julio un plan de acción mundial para garantizar que todas las personas desplazadas tengan acceso a energía sostenible para 2030, en consonancia con los objetivos mundiales de desarrollo.
Los dos organismos de la ONU publicaron un manual el miércoles en el que aconsejan a los gobiernos y a las organizaciones humanitarias plantar árboles de crecimiento rápido para obtener energía, alimentos y forraje en zonas que acogen a un gran número de personas desplazadas, con el fin de reducir la pérdida de árboles y los conflictos.
«Parece sencillo plantar un árbol», dijo Dekrout a la Thomson Reuters Foundation. «Pero tiene que ser la especie adecuada, en el lugar adecuado y plantada de la manera correcta. Primero tiene que sobrevivir y, después, producir».
Uganda y Bangladesh son dos países prioritarios, en primera línea de las mayores crisis de refugiados de África y Asia y hogar de más de 2 millones de personas desarraigadas, en su mayoría procedentes de Sudán del Sur y Myanmar.
Los conflictos en estos dos países fueron una de las principales causas del desplazamiento en 2017, año en que se registró el mayor aumento anual del número mundial de refugiados.
En el campo de refugiados de Bidibidi, en Uganda, cada hogar consume unos 20 kg de leña al día, según la ONU, que lo constató en una encuesta de 2017, y predijo que todos los árboles de los alrededores serían talados en un plazo de tres años si no se encontraban alternativas.
Arturo Gianvenuti, especialista forestal de la FAO, dijo que se han elaborado planes para crear plantaciones específicas en Uganda con el fin de aumentar el suministro de leña y promover el uso de energías alternativas.
En la vecina Tanzania, ACNUR dijo que se han iniciado proyectos de viveros de árboles en campos que acogen a refugiados que huyen de la República Democrática del Congo y Burundi y que han tenido enfrentamientos con la población local por la leña.
Si no se aborda la deforestación en torno a los campos de refugiados, la degradación del suelo y la escasez de agua podrían dejar en la miseria a los agricultores y pescadores locales y obligar a más personas a abandonar sus hogares, señalaron expertos.






