Las mayores tendencias actuales de la moda son aquellas con las que nadie quiere dejarse ver. Incluyen un aumento enorme de la producción de ropa y una disminución de su uso, cantidades masivas de residuos y más emisiones de gases de efecto invernadero que el transporte marítimo internacional y la aviación juntos.
En los últimos 15 años, la industria ha duplicado la producción, mientras que el tiempo durante el que se usa la ropa antes de desecharla ha disminuido alrededor de un 40 %. De la ropa que se desecha, el 73 % acabará quemada o enterrada en vertederos. De la que sí se recoge para reciclarla —alrededor del 12 %—, probablemente se triture y se use para rellenar colchones o se convierta en material aislante o paños de limpieza. Menos del 1 % de lo recogido se utilizará para fabricar ropa nueva.
Estas tendencias no solo dañan el medio ambiente, sino que también limitan las oportunidades de éxito de la industria de la moda a largo plazo. La industria ya deja de generar 560.000 millones de dólares en valor porque la ropa se usa menos y apenas se recicla.

Además de esta cruda realidad económica, la moda está sometida a un escrutinio cada vez mayor por parte de los responsables políticos. Por ejemplo, el mes pasado, en el Reino Unido, miembros del Parlamento recomendaron introducir la responsabilidad ampliada del productor para la ropa, lo que en la práctica supondría gravar a las marcas para ayudar a cubrir los costes de gestionar las prendas cuando los clientes terminan de usarlas. Los propios clientes reclaman cada vez más un cambio. Al igual que hicieron con las pieles y los derechos de los trabajadores en las fábricas de ropa, exigen que las empresas se tomen en serio cuestiones como las microfibras de plástico, los enormes volúmenes de residuos y los gases de efecto invernadero.
Está claro que, para prosperar en el futuro, la industria de la moda necesita un rediseño fundamental. Tiene la oportunidad de dejar atrás el modelo de producir, consumir y desechar que la caracteriza hoy, adoptando los principios de la economía circular. Este enfoque permitiría que los modelos de negocio fomentaran un mayor uso de la ropa, que las prendas se fabricaran con materiales seguros y renovables y que las prendas usadas se aprovecharan para fabricar otras nuevas.

Al adoptar este marco, la industria de la moda puede empezar a salir del juego de suma cero en el que se encuentra, donde los esfuerzos por mejorar los resultados pueden entrar en conflicto con las exigencias económicas. En cambio, si elimina los residuos desde el diseño, mantiene los materiales en uso y regenera los sistemas naturales, puede abrir nuevas vías de crecimiento atendiendo las necesidades de los clientes de nuevas maneras y aportando beneficios ambientales.
Algunos actores ya han empezado a descubrir el potencial de innovar en modelos de negocio para avanzar en esta dirección. El alquiler y la reventa de ropa están ganando popularidad rápidamente, y disruptores del mercado como the RealReal, Rent the Runway, y Depop están aprovechando las oportunidades en las que las marcas tradicionales han tardado más en actuar. La plataforma de reventa en línea Thredup prevé que el mercado total de reventa alcance los 41.000 millones de dólares en 2022. Según Forbes, las tiendas de artículos de segunda mano de las calles comerciales figuran entre los sectores minoristas de más rápido crecimiento: aumentaron un 7,6 % en el primer semestre de 2018, tras crecer un 11,6 % en 2017.

La innovación en los modelos de negocio debe ir acompañada de un replanteamiento del diseño. Es fundamental proporcionar a los diseñadores —el corazón creativo de la industria de la moda— las herramientas para diseñar con criterios de circularidad y hacer circular la moda. Al centrarse en cómo se fabricará un producto, cómo se usará y qué ocurrirá con él después, los diseñadores pueden liberar todo el valor de la ropa, en lugar de verla acabar en un vertedero o hecha humo, como sucede tan a menudo hoy.
Un diseño bien pensado, junto con modelos de negocio innovadores, puede hacer que el final de la experiencia de un cliente con una prenda sea el comienzo de innumerables nuevos recorridos. Una posibilidad sería reparar o personalizar la prenda; otra, intercambiarla, donarla o venderla. Si se ha fabricado con materiales seguros y renovables y está hecha para volver a fabricarse, puede reincorporarse al sistema y utilizarse para crear ropa nueva.
La moda es demasiado inventiva para quedar atrapada en el modelo lineal. La economía circular ofrece la oportunidad de aprovechar la pasión y la creatividad por las que es famosa la industria, de una manera que no solo asegure su futuro, sino que también le permita prosperar.





