Si bien las técnicas agrícolas industrializadas han permitido un suministro más abundante de alimentos más baratos y frescos, sobre todo en el mundo desarrollado, también pueden suponer una amenaza para el medio ambiente, al fomentar el desperdicio, ejercer una presión excesiva sobre los recursos y causar contaminación. Esta es una de las conclusiones de un informe publicado por la Fundación Ellen MacArthur en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos.
El informe destaca la importancia de las ciudades en la producción y el consumo de alimentos: «Se prevé que en 2050 el 80 % de todos los alimentos se consumirá en las ciudades, por lo que deben ser el eje central de esta historia. Hoy en día, a menudo actúan como agujeros negros, absorbiendo recursos pero desperdiciando muchos de ellos: la parada final del enfoque de tomar, fabricar y desechar».

En parte, esto se debe a la necesidad de transportar alimentos a las zonas urbanas. Se trata de un proceso que otorga gran importancia a producir grandes cantidades de alimentos, para luego envasarlos y enviarlos a veces a distancias enormes, antes de almacenarlos y, finalmente, venderlos a la población. De principio a fin, esto requiere desplegar recursos en cada etapa de una larga cadena de acontecimientos: combustible, personas, terrenos, edificios, y la lista continúa.
Una respuesta a esto, que empieza a tomar forma, es la agricultura vertical. Las previsiones de Research & Markets afirman que el sector de la agricultura vertical podría llegar a valer hasta 3000 millones de dólares en 2024. Un elemento clave de este enfoque, en el que los alimentos se cultivan en pueblos y ciudades densamente poblados donde la tierra escasea, es el uso de la hidroponía.
Las plantas que en realidad no se plantan
En esencia, la hidroponía es el proceso de cultivar plantas sin usar suelo, lo que podría parecer contradictorio para quienes desconozcan esta práctica. La palabra en sí es una combinación de dos palabras griegas: hydro, que significa agua, y ponein, que significa trabajar duro. Las plantas se enraízan en una variedad de compuestos, como la vermiculita, la lana de roca o las bolitas de arcilla: sustancias inertes que no introducen ningún elemento en el entorno de la planta. A continuación, el agua enriquecida con nutrientes alimenta la planta.
La hidroponía ofrece una ventaja particular frente a los métodos de cultivo tradicionales. Mediante un control y una gestión cuidadosos del entorno de cultivo, que incluyen la cantidad de agua, los niveles de pH y la combinación de nutrientes específicos, es posible favorecer que las plantas crezcan más rápido. La temperatura del aire y del suelo también puede controlarse con precisión, al igual que la prevalencia de plagas y enfermedades.
El efecto neto es un aumento del rendimiento y un uso más eficiente de los recursos. Un enfoque menos derrochador en el consumo de recursos significa menos desperdicio, conservación de las reservas de agua y una menor dependencia de pesticidas, fertilizantes y otros materiales potencialmente nocivos.
Una visión holística de la oferta y la demanda
Alrededor de un tercio de todos los alimentos producidos cada año termina desperdiciándose, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Esto equivale aproximadamente a 1300 millones de toneladas, lo que supone una pérdida de casi 1 billón de dólares.
El punto de la cadena de valor en el que los alimentos tienden a desperdiciarse en mayor medida difiere entre los países desarrollados y los países en desarrollo. En los países en desarrollo, las pérdidas y el desperdicio tienden a producirse en las primeras etapas de la cadena de valor alimentaria. Entre las razones figuran las limitaciones en torno a la agricultura, la gestión de los cultivos y la cosecha, causadas por la falta de recursos financieros y de conocimientos especializados. Mejorar la infraestructura y la logística de los alimentos en las naciones en desarrollo puede ayudar a afrontar muchos de estos desafíos.
Quizá menos sorprendentemente, en los países de ingresos más altos los alimentos suelen desperdiciarse en fases posteriores del proceso. Esto se debe a menudo al comportamiento de los consumidores y al enfoque de los minoristas respecto a las prácticas de descuento en tienda; los descuentos que no logran atraer compras cuando los alimentos se acercan al final de su periodo de «consumo preferente» provocan invariablemente desperdicio y pérdidas. La situación se ve agravada además por estrategias ineficaces para recuperar los alimentos no vendidos y encontrarles otros destinos, como, entre otros, los refugios para personas sin hogar.
Los consumidores de los países ricos desperdician casi tanto (222 millones de toneladas) como toda la producción neta de alimentos de África subsahariana (230 millones de toneladas). Mientras tanto, la UNFAO afirma que el número de personas desnutridas está aumentando: en 2016 ascendía a 804 millones, pero al año siguiente había aumentado hasta 821 millones.





