Se acerca el invierno: esto es lo que significará para la propagación de la COVID-19

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  • El invierno en el hemisferio norte planteará nuevos desafíos para hacer frente a la propagación del coronavirus.

  • Un nuevo estudio investiga cómo se transmite el virus entre las personas a lo largo del año.

  • Los investigadores afirmaron que, en la mayoría de las situaciones, las gotículas respiratorias recorren distancias mayores que los 6 pies de distancia social recomendados.

  • Se descubrió que el virus persiste especialmente en temperaturas frescas.

Una nueva investigación busca ayudar a las personas a conocer mejor cómo se propaga el SARS-CoV-2 a medida que cambian las estaciones.

El invierno está a la vuelta de la esquina. Y en este año de coronavirus, llega también la posibilidad de una segunda ola de COVID-19. Si sumamos la temporada de gripe y nuestra tendencia a quedarnos en casa y cerrar las ventanas para protegernos del frío y la lluvia, parece que los próximos meses nos plantearán nuevos desafíos para la salud.

El nuevo estudio investiga el secreto del inusual éxito de este virus: su transmisibilidad, o cómo logra pasar de un huésped a otro. Resulta que la vía predominante cambia según las condiciones ambientales.

«A principios de abril, mucha gente se preguntaba si la COVID desaparecería en verano, con el clima más cálido», dice Yanying Zhu, profesora de ingeniería mecánica en la Universidad de California en Santa Bárbara y una de las autoras de un artículo publicado en la revista Nano Letters. «Así que empezamos a pensar en ello desde el punto de vista de la transferencia de calor, porque ese es nuestro campo de especialización».

Como era de esperar, el virus no desapareció durante el verano y, de hecho, los casos de COVID siguieron aumentando en todo el país.

Las gotículas respiratorias recorren distancias mayores que los 6 pies de distancia social recomendados. Image: UC Santa Barbara

Para entender cómo el nuevo coronavirus logra persistir en circunstancias en las que el virus de la gripe no lo hace, los investigadores modelaron distintas temperaturas y humedades relativas en un continuo que va de condiciones cálidas y secas a frías y húmedas, en espacios interiores habituales donde el virus se dispersa al hablar y respirar normalmente y donde, según el artículo, las personas «solo estornudan o tosen en un pañuelo o en el pliegue del codo».

A estos escenarios, los investigadores añadieron los nuevos conocimientos sobre este microbio altamente contagioso; en particular, cuánto tiempo permanece infeccioso fuera de un huésped.

Los resultados son preocupantes. Para empezar, las gotículas respiratorias —la vía de transmisión más común— no respetan nuestras pautas de distanciamiento social.

«Descubrimos que, en la mayoría de las situaciones, las gotículas respiratorias recorren distancias mayores que los 6 pies de distancia social recomendados por los CDC», dice Zhu. Este efecto aumenta en ambientes más frescos y húmedos, donde las gotículas pueden recorrer hasta 6 metros (19,7 pies) antes de caer al suelo, como en las cámaras frigoríficas transitables y los refrigeradores, donde las temperaturas son bajas y la humedad elevada para evitar que la carne fresca y los productos agrícolas pierdan agua durante el almacenamiento.

Además de poder desplazarse más lejos, el virus persiste especialmente en temperaturas frescas y permanece «infeccioso desde varios minutos hasta más de un día en distintos entornos», según varios estudios publicados.

«Esta podría ser una explicación de esos episodios de superpropagación que se han notificado en varias plantas de procesamiento de carne», dice.

En el extremo opuesto, cuando hace calor y el ambiente es seco, las gotículas respiratorias se evaporan con mayor facilidad. Pero dejan tras de sí diminutos fragmentos del virus, que se suman a las demás partículas virales en aerosol que se expulsan al hablar, toser, estornudar y respirar.

«Son partículas muy pequeñas, por lo general de menos de 10 micras», dice el autor principal, Lei Zhao, investigador posdoctoral en el laboratorio de Zhu. «Y pueden permanecer suspendidas en el aire durante horas, así que las personas pueden inhalarlas con solo respirar».

«Así que en verano, la transmisión por aerosoles podría ser más importante que el contacto con gotículas, mientras que en invierno el contacto con gotículas podría ser más peligroso», dice. «Esto significa que, según el entorno local, quizá las personas tengan que adoptar distintas medidas de adaptación para prevenir la transmisión de esta enfermedad».

Por ejemplo, esto podría significar aumentar la distancia social si la habitación es fresca y húmeda, o usar mascarillas de filtración más fina y filtros de aire durante los periodos cálidos y secos.

Según los investigadores, en los ambientes cálidos y húmedos, así como en los fríos y secos, no hubo diferencias significativas entre la distribución de aerosoles y la de gotículas.

Las descripciones cuantitativas de la propagación del virus en distintas condiciones locales podrían servir de orientación útil tanto para quienes toman decisiones como para el público en general, en nuestros esfuerzos por reducir al mínimo la propagación.

«Al combinarlo con nuestro estudio, creemos que quizá podamos ofrecer pautas de diseño para optimizar la filtración de las mascarillas», dice Zhao, y añade que la investigación podría utilizarse para cuantificar la exposición real al virus: cuánto virus podría depositarse en el cuerpo de una persona durante cierto periodo de exposición. A su vez, este conocimiento podría conducir a mejores estrategias de circulación y ventilación del aire para evitar la acumulación del virus.

Además, según el estudio, estos hallazgos «podrían arrojar luz sobre el curso de la pandemia actual si se combinan con estudios epidemiológicos sistemáticos».

Otros investigadores de UC Santa Barbara y la Universidad de Stanford también contribuyeron al trabajo.

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