Cómo debemos adaptar nuestros lugares de trabajo para afrontar el calor extremo

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  • El calor extremo es un problema cada vez mayor en todo el mundo.

  • Los empleadores deben adoptar perspectivas a corto, medio y largo plazo para proteger a sus plantillas del calor extremo.

  • A medida que la Tierra se calienta, se necesitan estrategias e inversiones innovadoras para crear resiliencia social y económica frente al calor extremo.

La humanidad está perdiendo la carrera contra el calor extremo. La capacidad del cuerpo para adaptarse se está poniendo a prueba mientras se baten récords de temperatura en todo el mundo, lo que provoca un aumento de los casos de agotamiento por calor y golpes de calor en personas y comunidades vulnerables de todo el mundo.

El año pasado, se estima que 62.000 vidas se perdieron solo en Europa a causa del calor extremo. En Estados Unidos, 40 trabajadores mueren cada año por el calor, principalmente en trabajos al aire libre como la agricultura, la construcción y la entrega de paquetes.

El calor extremo está asociado a un aumento de problemas de salud mental, como la depresión, y agrava una serie de enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Es el riesgo climático más mortal, responsable de casi medio millón de muertes al año en todo el mundo. Sin embargo, faltan datos en muchos países del Sur Global, que sufren algunos de los efectos más graves del aumento de las temperaturas.

Más allá de los efectos en la salud y el bienestar de los trabajadores, el calor extremo provoca numerosos impactos económicos: afecta a cadenas de suministro vitales, ralentiza las operaciones empresariales y perjudica la productividad laboral. A nivel mundial, 675.000 millones de horas se pierden cada año por el calor y la humedad excesivos, lo que equivale aproximadamente al 1,7 % del PIB mundial.

Con unos 940 millones de personas que trabajan en la agricultura en todo el mundo, los agricultores serán los más afectados por el aumento de las temperaturas. Según la Organización Internacional del Trabajo, el sector agrícola será responsable del 60 % de las horas de trabajo perdidas a nivel mundial por estrés térmico de aquí a 2030. Estas consecuencias no se distribuyen de manera uniforme, y algunas de las comunidades más pobres del mundo, como África Occidental, el Sudeste Asiático y América Latina, son las que más tienen que perder por las desaceleraciones económicas provocadas por el calor.

A medida que aumentan las olas de calor, adaptar la fuerza laboral y el lugar de trabajo al calor extremo se ha convertido en una prioridad para los líderes empresariales y los responsables políticos de toda la economía mundial, en un panorama de riesgos climáticos cada vez más volátil.

Aunque la situación resulta, y es, monstruosa, existen oportunidades de actuar, especialmente para los empleadores, ya que estos apoyan y protegen a su plantilla. En primer lugar, debemos cambiar nuestra mentalidad: dejar de considerar esto una anomalía meteorológica y asumirlo como la nueva normalidad a la que debemos adaptarnos. Desglosémoslo en tres horizontes temporales: a corto, medio y largo plazo.

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Los empleadores que actúan frente al calor extremo a corto plazo

El papel del empleador cobra cada vez más importancia a medida que las temperaturas siguen aumentando. El estrés térmico supone una amenaza significativa para las empresas por sus efectos en la salud humana. Las olas de calor pueden provocar agotamiento, empeorar la salud mental, complicaciones diabéticas e incluso ictus. Se prevé que cada año podría perderse el 2 % del total de horas de trabajo debido al estrés térmico en el lugar de trabajo, lo que representa más de 4 billones de dólares anuales en 2030.

Los empleadores pueden proteger a sus empleados adoptando un enfoque preventivo. Pueden informarles sobre qué es el estrés térmico, cómo afecta a su salud y seguridad, y cuándo saber que hace demasiado calor, y para quién.

Los empleadores pueden adaptar los horarios de trabajo. Cuando el calor extremo hace que trabajar sea inseguro, los empleadores tendrán que cambiar los horarios de trabajo, y ya lo estamos viendo en la práctica. Los trabajadores agrícolas de todo el mundo ya trabajan de noche. Esto se está extendiendo a otros sectores, como la construcción y el transporte, donde los empleadores adoptan más trabajo nocturno o jornadas que comienzan temprano por la mañana.

Los empleadores pueden planificar episodios prolongados de calor extremo. En algunas situaciones, podrían necesitar flexibilidad en los horarios de trabajo, como jornadas más cortas y periodos de descanso más amplios. Un gran reto para los empleadores es cómo presupuestar este tipo de situaciones. Podría considerarse el valor de los seguros para hacer frente a la volatilidad y a la probabilidad de estos episodios a la hora de calcular sus costes. Los pagos paramétricos, por ejemplo, permiten flexibilidad en el gasto, y los empleadores podrían planificar la contratación de personal adicional para cubrir las jornadas más cortas, mitigando al mismo tiempo cualquier pérdida global de productividad.

Los empleadores también pueden revisar las directrices de seguridad laboral en torno al calor extremo. Esto incluye políticas internas y externas. Aunque muchas políticas gubernamentales todavía están en desarrollo en este ámbito, organismos como la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA) de Estados Unidos están empezando a actuar frente al calor extremo, al lanzar una Campaña de Prevención de Enfermedades por Calor, publicar directrices sobre el reconocimiento de peligros por calor y tomar medidas contra los empleadores que incumplan las normas de seguridad frente al calor. Estos esfuerzos aún se encuentran en una fase inicial.

El reto es la aparente falta de alineación a corto plazo de los incentivos entre empleadores y empleados. Las restricciones financieras podrían dificultar que los empleadores que quieren aplicar una política y un plan de acción frente al calor para la empresa lo hagan. Del mismo modo, los trabajadores podrían no estar motivados para cumplir estas medidas de seguridad porque afectan a sus ingresos. Los trabajadores agrícolas, por ejemplo, suelen cobrar a «destajo». Aunque la aplicación de la normativa es irregular, se está intensificando. La OSHA demandó recientemente a un contratista de mano de obra agrícola de Florida por 15.000 dólares tras la muerte, provocada por el calor, de un trabajador de 28 años.

África se está calentando más rápido que el resto del planeta.
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Los empleadores que actúan frente al calor extremo a medio plazo

De cara al medio plazo, los empleadores pueden desplegar sistemas de monitorización del estrés térmico con tecnología.

Utilizar la tecnología para ir más allá de las políticas es una forma de proteger mejor a la plantilla. Incluso con las políticas más generosas, en algunos sectores los trabajadores tienen menos incentivos para tomar descansos, ya sea por iniciativa propia o por indicación de su responsable.

Al utilizar la tecnología para controlar la temperatura corporal, los empleadores pueden crear políticas libres de juicios y mejorar la credibilidad de las auditorías. Ya empezamos a ver estas estrategias en la práctica con instaladores de energía solar que utilizan termómetros portátiles y drones que supervisan de forma remota la temperatura, como se hizo durante la pandemia de COVID-19 en Bengaluru, India.

También es posible reacondicionar el lugar de trabajo. Se pueden instalar sistemas de aire acondicionado, que quizá no hayan sido necesarios antes, o estudiar sistemas de refrigeración alternativos, como la refrigeración radiante. Una ventaja de la refrigeración radiante es que no requiere deshumidificación, que puede representar el 60 % del consumo energético de los equipos de aire acondicionado en zonas húmedas. Además, este proceso puede incluir una reevaluación de los lugares en los que la refrigeración es necesaria. En el caso de los trabajadores móviles, esto incluye su transporte. UPS anunció recientemente que está instalando aire acondicionado en sus camiones de reparto tras más de cien enfermedades relacionadas con el calor y una muerte.

Hacer un seguimiento de la eficacia de una estrategia de salud frente al calor a lo largo del tiempo es otro método que puede emplearse. Conviene proteger cualquier inversión en la adaptación de un lugar de trabajo con los resultados de mejora previstos a lo largo del tiempo. Esto puede incluir el mantenimiento de la tecnología y la planificación urbana para el diseño de los edificios, su ubicación y los puntos de acceso al transporte, que pueden reducir la exposición de los empleados al calor, especialmente a medida que la plantilla envejece. Por ejemplo, si el lugar de trabajo se adapta con refrigeración radiante, una forma de proteger la inversión en adaptación es asegurarla frente a pérdidas o daños físicos imprevistos en la maquinaria.

El calor también debería abordarse durante la contratación laboral y las negociaciones. Los sindicatos están planteando esta cuestión y, cuando es necesario, convocan huelgas. Un sindicato de Grecia anunció recientemente una huelga recurrente de cuatro días hasta que se identificaran métodos para mejorar las condiciones de seguridad relacionadas con el calor.

Los empleadores que actúan frente al calor extremo a largo plazo

A largo plazo, los empleadores deben prepararse para un cambio en las políticas públicas. Aunque muchos países no tienen normas o solo tienen normas limitadas sobre el trabajo en condiciones de calor extremo, es probable que esto cambie a medida que un porcentaje cada vez mayor de la plantilla deba enfrentarse habitualmente a este problema. Como se ha mencionado antes, probablemente será una batalla cuesta arriba, ya que muchas de las políticas que protegen a los trabajadores también afectan a los ingresos o a la productividad.

Impulsar las asociaciones público-privadas para las necesidades de inversión a más largo plazo también debería integrarse en los planes a largo plazo. Aunque nos centramos en el lugar de trabajo y en el papel fundamental de los empleadores en la protección de la plantilla frente a futuros riesgos del calor extremo, reconocemos la necesidad de colaboración e inversión entre entidades públicas y capital privado. Los beneficios a largo plazo para empleadores y empleados incluyen la disponibilidad de infraestructuras de sombra (por ejemplo, árboles, pasillos cubiertos, etc.) y corredores de ventilación urbana. Entre los beneficios secundarios de las infraestructuras de sombra y de la reducción de la ventilación urbana se encuentran, por citar algunos, una mejor salud mental, menores niveles de estrés y una mejor calidad del aire en general.

El calor extremo tiene un impacto material en la salud de la población, la mortalidad y la productividad

En Estados Unidos, el calor extremo causa más muertes que los huracanes, las inundaciones y los tornados juntos. El calor extremo es peligroso en todos los sectores de la sociedad, pero las personas que viven y trabajan en entornos urbanos densos tienen un riesgo mayor.

Además, el aumento de las temperaturas perjudica gravemente el rendimiento y la salud de sus activos más valiosos: su plantilla. Una disminución de la productividad de los trabajadores puede acarrear otras consecuencias, como la reducción de los ingresos de los trabajadores y mayores tensiones financieras para particulares y familias. Las ciudades también podrían registrar pérdidas en ventas, ingresos e impuestos sobre bienes inmuebles.

A medida que la Tierra se calienta, se necesitan estrategias e inversiones innovadoras a corto, medio y largo plazo para crear la resiliencia social y económica que permita afrontar el calor extremo.

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