El volumen de microplásticos procedentes de la pintura de superficies de acero que llegan al océano cada año podría alcanzar entre 1,5 y 2,25 millones de toneladas, el equivalente a entre 150.000 y 225.000 millones de botellas de plástico vacías;
Al poner estas nuevas cifras en contexto, representan un porcentaje significativo de los 8 millones de toneladas de plástico que, según las estimaciones, acaban en los océanos cada año;
Los microplásticos se originan por la corrosión y el desgaste y, sobre todo, por los métodos tradicionales de chorreado a cielo abierto que se utilizan para mantener las superficies de acero;
Es urgente investigar más para sensibilizar a los reguladores y responsables políticos sobre el problema y encontrar nuevos métodos de tratamiento que permitan resolverlo.
Hasta hace poco, los microplásticos que llegan al océano procedentes de la pintura no habían recibido mucha atención. Apenas se había prestado atención al hecho de que, si los residuos de pintura no se recogen durante la preparación de superficies y el proceso de mantenimiento, en gran medida acabarán en el océano en forma de microplásticos.
Estimaciones inciertas de las emisiones
La fuente de datos más citada sobre la cantidad de microplásticos procedentes de la pintura que llega al océano cada año cifra esa cantidad en 60.000 toneladas anuales. Aunque sigue siendo una cifra elevada —el equivalente a que cada año se arrojen al océano seis mil millones de botellas de plástico vacías—, no refleja la verdadera magnitud del problema. Esto se debe a que:
Solo incluye los recubrimientos marinos, que representan el 4 % del volumen total de pintura, y excluye el mantenimiento industrial (IM) y los recubrimientos protectores (PC), que representan otro 11 % del volumen total de pintura vendido en todo el mundo;
Se basa en la estimación de la OCDE de 2009 que supone que cada año se desprende el 1 % de la pintura aplicada (lo que significa una vida útil media de la pintura de 100 años), mientras que la experiencia del sector muestra que, en realidad, las pinturas industriales y marinas tienen una vida útil media de aproximadamente 20 años, o que cada año se desprende cerca del 5 % de la pintura.
Por estas razones, la cantidad real de microplásticos procedentes de la pintura que cada año llega al medio ambiente y al océano podría ser muy, muy superior a las 60.000 toneladas. Otros informes también concluyen que la pintura es la segunda fuente más importante de microplásticos en el océano.
Veámoslo de otra manera y examinemos qué ocurre con toda la pintura de las estructuras de acero. Se estima que cada año se aplican más de seis millones de toneladas de pintura a estructuras industriales y marinas de acero.
Por lo tanto, basándose en la cantidad real de pintura que se aplica cada año a estructuras industriales y marinas de acero, se estima que las emisiones reales de microplásticos procedentes de la pintura al océano podrían alcanzar entre 1,5 y 2,25 millones de toneladas anuales. El cálculo parte de la suposición de que no se recoge entre el 50 y el 75 % de los residuos de pintura. Dado que sabemos que el chorreado a cielo abierto sin recogida ocupa una cuota de mercado del mantenimiento de superficies mayor que esta, es probable que las emisiones reales se sitúen en el extremo superior del intervalo.
Al poner estas nuevas cifras en contexto, representan un porcentaje muy significativo de los 8 millones de toneladas de plástico que llegan a los océanos cada año. Además, pueden ayudarnos a comprender mejor de dónde proceden algunos de los 12-21 millones de toneladas de microplásticos que se calcula que hay en el océano Atlántico, tal como se señala en un estudio reciente.
¿Qué riesgos plantean todos estos microplásticos procedentes de la pintura? Las partículas de microplástico ingeridas pueden dañar físicamente los órganos y liberar sustancias químicas peligrosas —desde el bisfenol A (BPA), que altera el sistema hormonal, hasta los pesticidas— que pueden afectar a la función inmunitaria y frenar el crecimiento y la reproducción. Tanto los microplásticos como estas sustancias químicas pueden acumularse a medida que ascienden por la cadena alimentaria y afectar potencialmente a ecosistemas enteros, incluida la salud de los suelos donde cultivamos nuestros alimentos. Los microplásticos presentes en el agua que bebemos y el aire que respiramos también pueden afectarnos directamente.
El chorreado abrasivo a cielo abierto y la limpieza con chorros de agua, ambos perjudiciales, son los métodos predominantes de mantenimiento de superficies. Se utilizan a escala industrial en todo el mundo, con distintos niveles, aunque muy limitados, de recogida y reciclaje de residuos. En entornos controlados, como los astilleros, se recoge cierta cantidad. Sin embargo, en alta mar —en plataformas petrolíferas, parques eólicos marinos y buques— y en muchas situaciones en tierra, como en los puentes, la recogida de residuos es considerablemente menor.
El uso de soluciones innovadoras para el mantenimiento de superficies, como el chorreado abrasivo circular, puede reducir a cero las emisiones de microplásticos. Además, esta solución circular sin emisiones también recicla el material de chorreado y reduce el consumo de abrasivo entre un 80 y un 90 %, lo que genera una reducción significativa de las emisiones de CO2.
La necesidad de sensibilización y aplicación de la normativa
Los organismos reguladores medioambientales deben estar más sensibilizados sobre este problema y dispuestos a hacer cumplir las leyes anticontaminación vigentes. Debería exigirse la recogida del material de chorreado usado, que contiene metales pesados y otros componentes tóxicos, y, sobre todo, del óxido y los residuos de pintura que se desprenden de las estructuras de acero durante el chorreado. De lo contrario, gran parte de estos residuos acabará en el océano, directa o indirectamente.
Aunque existe una considerable incertidumbre sobre el alcance de las emisiones de microplásticos procedentes de la pintura que llegan al océano, hay algo muy claro: se trata de un problema importante que merece mucha más investigación y atención por parte de los reguladores y responsables políticos, para que puedan tomarse medidas que lo resuelvan lo antes posible.








