El 99 % de la población mundial respira aire contaminado a diario.
Los líderes mundiales deben trabajar para limpiar el aire que todos compartimos; hoy, Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul, les pedimos que actúen.
Hay que hacer tres grandes cambios para limpiar el aire.
Una amenaza mundial se ha extendido. Es casi imposible escapar de ella. Acecha en el aire, tanto en interiores como en exteriores, y se infiltra en todos los órganos del cuerpo. Debilita el corazón y los pulmones, y obliga a más personas a depender de inhaladores para poder respirar. Sobrecarga sistemas nacionales de salud que ya están al límite.
Parece una enfermedad transmisible, pero está aún más extendida. Es la contaminación del aire. Cerca del 99 % de la población mundial la respira todos los días.
Como dice el lema de la atención sanitaria, más vale prevenir que curar. Los beneficios de un aire más limpio van más allá de la salud personal y abarcan la salud colectiva, pública, ambiental y económica. Y, al igual que la respuesta mundial a la pandemia de COVID-19, la contaminación del aire exige un liderazgo político rápido, coordinado y transfronterizo.
El aire contaminado está en todas partes. Lo generan las cocinas de leña y queroseno, los vehículos diésel y de gasolina, las centrales eléctricas de carbón, los incendios forestales, la incineración de residuos y otras fuentes. Está estrechamente relacionado con las enfermedades pulmonares y cardíacas, el cáncer y el asma, pero también puede afectar a la demencia, la depresión, el desarrollo cerebral, los nacimientos prematuros, los abortos espontáneos y la infertilidad. Mata a siete millones de personas al año y resta más de dos años a la esperanza de vidamedia.
Una de esas víctimas es Ella Adoo-Kissi-Debrah, hija de Rosamund, una de las autoras de este blog. Ella murió a los nueve años, en 2013. Es la primera persona del mundo cuya partida de defunción incluye la contaminación del aire como causa de muerte, después de que una investigación judicial en el Reino Unido concluyera que los niveles ilegales de contaminación atmosférica del tráfico cerca de su casa en Londres contribuyeron significativamente a su asma aguda.
Casi diez años después, ha llegado el momento de dar un paso al frente y salvar la vida de futuras Ellas. Los líderes mundiales pueden hacer tres grandes cambios para proteger el aire que compartimos. Hoy, Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul, les pedimos que empiecen a actuar.
Directrices mundiales sobre la calidad del aire
En primer lugar, deben seguir las Directrices mundiales sobre la calidad del aire de la Organización Mundial de la Salud, que protegen la salud humana y el medio ambiente. Estas directrices, actualizadas hace un año, reflejan los últimos conocimientos científicos consensuados sobre los contaminantes del aire y la salud.
Si las convertimos en la guía de las normativas sobre la calidad del aire y de las decisiones políticas nacionales, regionales y locales, salvaremos vidas. Por ejemplo, reducir la contaminación por partículas finas (PM2,5) procedente de la quema de combustibles fósiles y madera, de acuerdo con las directrices de la OMS, reduciría en un 80 % las muertes vinculadas a las PM2,5. Eso equivale a 3,3 millones de personas.
Esto también ahorrará dinero. En 2019, los daños a la salud relacionados con la contaminación por PM2,5 ascendieron a 8,1 billones de dólares, según el Banco Mundial. Eso equivale al 6,1 % del PIB mundial.
El Reino Unido tiene ahora una oportunidad de oro para actuar y fijar objetivos de calidad del aire en virtud de la nueva Ley de Medio Ambiente, plenamente alineados con la evidencia científica de la OMS lo antes posible. Es posible y conveniente hacerlo. Si se aplicaran, los planes gubernamentales actuales permitirían al Reino Unido cumplir las directrices provisionales de la OMS para 2030, según el Imperial College de Londres. Esto reduciría en 3.000 cada año los casos de cardiopatía coronaria y generaría beneficios por valor de 380.000 millones de libras entre 2018 y 2034, gracias a la reducción de los costes sanitarios y al aumento de la productividad. Por tanto, un esfuerzo concertado de todo el Gobierno podría permitir al Reino Unido cumplir plenamente estas directrices para 2030 o poco después y obtener mayores beneficios.
Concienciar sobre la contaminación del aire
En segundo lugar, los líderes mundiales deben concienciar, tanto en el ámbito sanitario como en la sociedad en general, sobre los peligros de la contaminación del aire, los beneficios del aire limpio y las soluciones al problema.
Los médicos y el personal de enfermería pueden informar a los pacientes sobre los factores ambientales que causan enfermedades y sobre cómo reducir la exposición. Al reconocer la contaminación del aire como un riesgo para la salud mundial, como ya hemos hecho con el tabaco, los profesionales sanitarios pueden ayudar a fortalecer la comprensión pública y la voluntad política necesarias para abordar el problema.
Ella y su familia nunca recibieron una advertencia de que la contaminación del tráfico cercano podía estar agravando su asma. Ahora se sabe mucho más, pero la gente todavía no comprende plenamente los riesgos ni cómo protegerse. Esto exige campañas de salud pública generalizadas y respaldadas por los gobiernos, así como un mayor seguimiento y comunicación de los niveles de calidad del aire.
Situar la salud en el centro de la acción climática y la equidad social
En tercer lugar, los líderes mundiales deben situar la salud en el centro de la acción climática y la equidad social. La lucha por un aire limpio puede acelerar la reducción de las emisiones que calientan el clima, la transición a fuentes de energía más baratas y fiables, y la justicia para las comunidades marginadas y más vulnerables.
Los países de ingresos bajos y medianos soportan la mayor carga del aire contaminado y representan el 91 % de las muertes prematuras vinculadas a todos los contaminantes del aire exterior. Dependen más de vehículos y fuentes de energía antiguos, ineficientes y alimentados por combustibles fósiles, y cuentan con menos alternativas.
Podemos afrontar estas crisis de forma más eficaz y justa si las abordamos como una sola y fomentamos el apoyo en todos los sectores de la economía. Por ejemplo, sustituir las centrales eléctricas de carbón y gas por energía solar y eólica reducirá tanto la contaminación del aire como la dependencia de los volátiles precios de las materias primas que elevan nuestras facturas de energía. Elegir energías renovables en lugar de biomasa de madera en hogares e industrias reducirá la contaminación del aire y conservará terrenos para cultivar alimentos y para árboles que absorben dióxido de carbono.
La COVID-19 ha demostrado la capacidad innata de la humanidad para movilizarse y actuar a fin de proteger la salud de las personas más vulnerables. Debemos hacer lo mismo con la contaminación del aire. Ella perdió su derecho a una vida saludable porque el tráfico cerca de su casa superaba periódicamente las directrices de calidad del aire de la OMS. Ahora lo sabemos mejor. Debemos actuar.





