No basta con eliminar las pajitas de plástico. Así se logra el residuo cero.

We must move past symbolic actions to real commitments.
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Rechazar las pajitas de plástico de un solo uso se ha vuelto una tendencia. Hoy las pajitas de papel llenan los estantes de los supermercados, algunas cafeterías ya las utilizan y algunas tiendas de conveniencia han sustituido las tapas por otras. Pero el objetivo de eliminar por completo el plástico de un solo uso no avanza cuando esas pajitas de papel se colocan en vasos de plástico y los sustitutos de las tapas también son de plástico.

En Japón, a menudo existe una brecha entre la idea y la aplicación para reducir los residuos plásticos. En mayo, el Gobierno anunció la «Política de Circulación de Recursos de Japón para el Plástico», que se presentaría en la cumbre del G20 celebrada en el país en junio. El concepto central es bastante claro: seguir la dirección de las 3R (reducir, reutilizar y reciclar) más «renovable», lo que incluye la implantación de plásticos de origen biológico y la ampliación del mercado de plástico reciclado. Pero también tiene un objetivo poco claro de reducir un 25 % el plástico de un solo uso para 2030, sin explicar con detalle cómo lo hará el país.

El Gobierno japonés también presentó la normativa, que entrará en vigor en abril de 2020 y obligará a cobrar a los clientes por las bolsas de plástico de un solo uso en las tiendas, como una política ambiciosa durante la reunión de ministros de energía y medio ambiente del G20 celebrada el 15 de junio. Si bien reconocemos que estas medidas representan una actuación avanzada del Gobierno japonés en comparación con políticas anteriores, se quedan atrás frente a las políticas ambiciosas de otros países, entre ellos Kenia, donde está prohibido fabricar o usar bolsas de plástico, y el Reino Unido, que cuenta con un plan específico para acabar con todos los residuos plásticos evitables en 2042.

La normativa japonesa, por desgracia, no controla directamente el número de bolsas de plástico utilizadas. No incluye responsabilidades específicas para las empresas ni establece una hoja de ruta para reducir la producción de los productos plásticos existentes. Y aunque la bolsa de plástico puede ser un producto simbólico de un solo uso, representa solo el 2 % de la producción de plástico en Japón.

Con demasiada frecuencia, al elaborar las políticas ambientales en Japón, los responsables políticos se dejan influir por las exigencias de proteger a las empresas. Pero ¿son estas políticas realmente la forma de proteger a las empresas en un mundo cambiante?

Muchos países europeos ya aplican políticas que regulan la producción de plástico y respaldan la economía circular. Si las empresas japonesas no están preparadas para estos requisitos de producción, no tendrán éxito en la región. Y es probable que esto no se quede en Europa, ya que los responsables políticos europeos aspiran a convertir la acción contra la contaminación por plástico en el estándar mundial. Por tanto, si Japón mantiene el enfoque habitual, sus industrias saldrán perdiendo.

Por ello, si el Gobierno japonés aspira a liderar la sociedad mundial con su política «Plastic Smart», su campaña que muestra las prácticas japonesas de reducción del plástico, también debe comprometerse con la elaboración de políticas nacionales. Muchas empresas son conscientes de la tendencia global y están dispuestas a dar los pasos necesarios. El Gobierno podría dar buenas razones para que actúen, poniendo en marcha una combinación de políticas que incluya no solo normativas como la de las bolsas de plástico, sino también incentivos o subvenciones para mejores soluciones que reduzcan los plásticos de un solo uso.

Hay algunas empresas conscientes que ya han empezado a aplicar alternativas a los productos de plástico de un solo uso que habitualmente se ofrecen gratis en las tiendas. Mi organización, Zero Waste Academy, organiza un sistema para apoyar a estas empresas en su transición hacia la reducción de residuos, o «residuo cero». El sistema se denomina «Acreditación Zero Waste».

Image: Akira Sakona

Ofrecemos apoyo a las empresas para reducir sus residuos, no solo dejando de suministrar artículos de un solo uso o encontrando alternativas para ellos, sino también trabajando junto con sus proveedores y clientes. Las empresas reciben orientación clara y formación, y se benefician de proyectar una imagen de compromiso con la sostenibilidad. Al involucrar a las tiendas, pretendemos demostrar a los responsables políticos, a los productores y a la sociedad que existe una demanda clara de productos y modelos de cadena de suministro comprometidos con la sostenibilidad.

Zero Waste Academy lleva muchos años trabajando con una comunidad para lograr una política de residuo cero, y ya hemos demostrado que es posible recuperar más del 80 % de los recursos gracias al esfuerzo comunitario. Sin embargo, con el objetivo de alcanzar el residuo cero en 2020, sabemos que el 20 % restante no se logrará a menos que haya un cambio sistémico en las políticas y la producción.

Para propiciar ese cambio sistémico en Japón, creemos firmemente que la clave es una alianza multisectorial que involucre a responsables políticos, empresas, ONG y miembros de la comunidad. Debemos entender qué puede hacerse dentro de la capacidad de cada actor y aprender unos de otros para establecer una infraestructura práctica para la economía circular.

Se espera que la cumbre del G20 concluya con un plan para abordar los residuos. Sin embargo, esperar a que los responsables políticos nos guíen llevará tiempo. Cada uno de nosotros debe asumir la responsabilidad de dar forma a un futuro sostenible, con la mayor urgencia posible. Nuestras iniciativas podrían sentar las bases para reunir a todos en la mesa y dar forma a mejores políticas.

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