Durante las inundaciones, el agua transporta enormes cantidades de carbono lateralmente a través de los ecosistemas, según un estudio que podría tener implicaciones para el cambio climático y la calidad del agua.
El descubrimiento contradice la forma en que muchas personas conciben el ciclo del carbono como un proceso vertical: el CO2 se desplaza hacia arriba y hacia abajo entre el suelo, las plantas y la atmósfera.
Los investigadores basaron sus hallazgos, publicados en Geophysical Research Letters, en el análisis de más de 1.000 cuencas hidrográficas, que abarcan alrededor del 75 % de los Estados Unidos contiguos.
El carbono presente en el medioambiente, en concreto el carbono orgánico disuelto (COD), es una variable clave que influye en muchos procesos fundamentales de nuestro planeta, como la química del agua, las emisiones de gases de efecto invernadero y el transporte de contaminantes por la tierra y el agua, afirma el autor principal, Jay Zarnetske, científico de la Tierra y del medioambiente en la Universidad Estatal de Michigan.
MÁS MUESTREOS, NO MENOS
«Cuando el agua fluye por los ecosistemas, recoge carbono orgánico de las plantas y los suelos y, en muchos casos, determina si el ecosistema es una fuente o un sumidero neto de carbono», afirma. «La enorme cantidad de carbono que se filtra de los ecosistemas en forma de COD es aproximadamente igual a la cantidad neta de carbono que se absorbe de la atmósfera cada año. Por eso, llevar una contabilidad precisa es crucial para gestionar la “cuenta bancaria del carbono”»
El COD de los ríos es como preparar té, afirma Zarnetske. «Se empieza con agua relativamente clara. Durante las inundaciones, este té llega a los arroyos arrastrado por el agua y a menudo la vuelve marrón»
El nuevo trabajo apunta a una forma mejor de contabilizar el carbono que sale de los ecosistemas como COD: incluir datos de episodios de inundación. Por motivos logísticos y de seguridad, los científicos suelen mantenerse a cierta distancia de los ríos durante las inundaciones.
Como resultado, saben menos sobre el comportamiento del COD durante las inundaciones. Sin embargo, cuando el agua corre rápida y marrón es cuando se transporta la mayor cantidad de carbono fuera de la mayoría de las cuencas. En otras palabras, es un momento en que hacen falta más muestreos.
A los científicos les sorprendió descubrir que las inundaciones arrastran fácilmente carbono de los paisajes en diversos ecosistemas de América del Norte, desde los bosques de Michigan hasta el desierto de Sonora. Al principio pensaban que las inundaciones diluirían el COD en muchas zonas del país.
Sin embargo, en casi todos los entornos las inundaciones liberan grandes cantidades de COD —o un té más cargado, en sentido figurado— en un periodo relativamente corto.
«Sabíamos que el COD aumentaba durante las inundaciones en algunas zonas, pero nos sorprendió ver el mismo patrón en la gran mayoría de las cuencas hidrográficas de todo el país», afirma Zarnetske. «Los desiertos no tienen tanto COD como los bosques caducifolios, pero cuando se produce un fenómeno como una inundación repentina, el proceso es el mismo y los torrentes de agua están repletos de carbono».
HUMEDALES COMO AMORTIGUADORES
Otra confirmación importante fue el papel significativo que desempeñan los humedales en las cuencas hidrográficas. El arrastre de COD en todo Estados Unidos estaba relacionado principalmente con la superficie de humedales de cada cuenca. Los humedales actúan como amortiguadores o zonas de almacenamiento de COD en las cuencas. Si sube el nivel de las aguas de una inundación, el agua y el COD de los humedales más cercanos al río pueden desbordarse rápidamente.
Por consiguiente, es importante dónde se encuentran los humedales naturales dentro de la cuenca. Drenar humedales naturales y «cambiarlos» por otro pantano cercano, o construir un humedal artificial, puede parecer una buena idea sobre el papel, pero afectará a la capacidad de una zona para almacenar y liberar carbono, afirma Zarnetske.
«Los humedales son factores determinantes del equilibrio del carbono y la calidad del agua, y también se encuentran entre los paisajes más vulnerables», afirma. «Si los desplazas, cambias la infraestructura hidráulica y la química de una región».
Para el estudio actual, los científicos utilizaron datos de todo Estados Unidos, pero no se metieron en ningún arroyo ni pantano. Sus resultados se basaron en ingentes cantidades de datos que organismos estatales y federales, principalmente el Servicio Geológico de Estados Unidos, recopilaron durante décadas. Aunque recopilar estos datos a largo plazo quizá no parezca tan emocionante como realizar nuevos experimentos, los datos históricos son valiosos y su valor aumenta con el tiempo, afirma Zarnetske.
«No son datos llamativos, pero sí poderosos», afirma. «Se recopilaron mucho antes de que conociéramos los ordenadores y los métodos suficientemente potentes para analizarlos todos».





