Los arrecifes de coral, «las selvas tropicales del océano», son algunos de los ecosistemas más bellos, biológicamente diversos y frágiles del mundo.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que entre el 25 y el 50 % de los arrecifes de coral del mundo han sido destruidos y otro 60 % se encuentra amenazado.
Además de la acidificación de los océanos, el blanqueamiento de los corales, la escorrentía de nutrientes y sedimentos, y la mala gestión de residuos y aguas residuales, junto con las prácticas pesqueras insostenibles, reducen gravemente la resiliencia y la recuperación de los arrecifes de coral.
Una misión de investigación científica apoyada por la UNESCO ha descubierto un arrecife prístino de corales gigantes con forma de rosa, de 3 km (1,8 millas) de longitud, frente a la costa de Tahití, en aguas que se cree que son lo suficientemente profundas como para protegerlo de los efectos del blanqueamiento causado por el calentamiento del océano. El arrecife, que se encuentra a profundidades superiores a 30 metros (100 pies), probablemente tardó unos 25 años en formarse. Algunos de los corales con forma de rosa miden más de 2 metros de diámetro. La mayoría de los arrecifes de coral conocidos del mundo se encuentran en aguas más cálidas, a profundidades de hasta 25 metros, según afirmó la UNESCO. El arrecife frente a Tahití se encuentra en la «zona crepuscular», entre 30 y 120 metros bajo la superficie, donde todavía hay suficiente luz para que el coral crezca y se reproduzca.
Los arrecifes de coral son la imagen visible más clara de los impactos del cambio climático. Incluso si las drásticas reducciones de emisiones lograran limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales —lo que requeriría reducir casi a la mitad las emisiones mundiales de CO2 para 2030 respecto a los niveles de 2010—, entre el 70 % y el 90 % de los corales actuales desaparecería. Los arrecifes de coral existen en más de 100 países y territorios y, aunque solo cubren el 0,2 % del lecho marino, sustentan al menos el 25 % de las especies marinas y sostienen la seguridad, la protección costera, el bienestar, la seguridad alimentaria y económica de cientos de millones de personas, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Los arrecifes de coral también aportan 36.000 millones de dólares estadounidenses a la industria turística mundial anualmente.
Una teoría económica galardonada con el Nobel reutilizada para la conservación de los corales
Un equipo de investigadores dirigido por el profesor Ove Hoegh-Guldberg y la doctora Hawthorne Beyer de la Universidad de Queensland (Australia) utilizó la galardonada con el Premio Nobel teoría moderna de carteras (MPT), un marco matemático desarrollado por el economista Harry Markowitz en la década de 1950, para identificar los 50 arrecifes o santuarios de coral de todo el mundo con mayor probabilidad de sobrevivir a la crisis climática. El estudio, como parte de la iniciativa «50 arrecifes», recomienda orientar la inversión hacia proyectos de conservación que tengan el «mayor potencial de éxito» mediante la protección de los arrecifes prioritarios.
La estrategia, surgida de una reunión de científicos en el Instituto de Biología Marina de Hawái en 2017, recurrió a esta teoría para ayudar a los científicos a elegir una cartera «equilibrada» de arrecifes de coral. El equipo utilizó la MPT para cuantificar las amenazas e identificar los arrecifes que ofrecen las mejores opciones de conservación, teniendo en cuenta la incertidumbre sobre los riesgos futuros del cambio climático. Profundizamos en cómo estos santuarios de coral podrían servir de modelo de resiliencia y propiciar inversiones más específicas en la conservación de los corales con el profesor Hoegh-Guldberg y la doctora Beyer. Estas son sus declaraciones:
¿Qué le llevó a utilizar la teoría moderna de carteras (MPT) en su investigación para identificar los 50 arrecifes y santuarios de coral de todo el mundo con mayor probabilidad de sobrevivir a la crisis climática?
El cambio climático ha provocado la grave degradación de muchos arrecifes de coral en todo el mundo. Se prevé que los efectos adversos aumenten drásticamente en las próximas décadas. La transformación de los ecosistemas costeros, que antes fomentaban la biodiversidad y que ahora están cada vez más contaminados y agotados en recursos, ha generado una crisis para la conservación de los arrecifes de coral y para los millones de personas que dependen de ellos para su sustento. Reconociendo este desafío, debemos invertir estratégicamente en los arrecifes de coral que tengan el mayor potencial de persistencia a largo plazo.
El objetivo del proyecto «50 arrecifes» era identificar un conjunto de arrecifes con una vulnerabilidad relativamente baja al cambio climático y una alta conectividad con otros arrecifes. Es más probable que estos arrecifes resilientes sobrevivan hasta finales de siglo y podrían servir como ecosistemas que ayuden a repoblar otros sistemas arrecifales dañados o perdidos. Esto constituye el núcleo del proyecto «50 arrecifes».
Sin embargo, existe una incertidumbre considerable sobre las condiciones climáticas proyectadas, dado que los compromisos actuales de acción climática no están encaminados a cumplir los objetivos del Acuerdo de París. En consecuencia, la planificación de la conservación de los arrecifes de coral a largo plazo se convierte en una estrategia potencialmente de alto riesgo. En este contexto, la MPT es un enfoque sencillo pero potente para maximizar los beneficios futuros esperados, al tiempo que se reduce la varianza esperada de dichos beneficios.
El reto para nosotros fue aplicar un modelo de las finanzas a un problema de conservación de los arrecifes de coral, en el que los objetivos que tratamos de maximizar son la baja vulnerabilidad al clima y la alta conectividad. El equipo de científicos que desarrolló este trabajo lo ha hecho utilizando 30 medidas relacionadas con el cambio climático histórico y futuro, la exposición a ciclones y la conectividad entre arrecifes.
Comprender los santuarios de coral y la resiliencia
¿Qué son los «arrecifes de coral bien conectados»?
La conectividad de los arrecifes de coral está determinada por las corrientes oceánicas que transportan la freza (huevos, espermatozoides y larvas de coral) de un área a otra. Tras flotar durante varias semanas, la freza se asienta y crece formando nuevos arrecifes. En condiciones ideales, incluso los arrecifes gravemente degradados pueden regenerarse hasta convertirse en arrecifes muy diversos en una o dos décadas. La velocidad a la que ocurre depende del ritmo al que las corrientes (y el número de corales) fluyen desde un arrecife fuente hasta un arrecife sumidero. Se considera que los arrecifes con fuentes «ascendentes» de larvas grandes o múltiples y con gran proximidad a dichas fuentes tienen una alta «conectividad».
¿Cuál es su conclusión más importante tras estudiar la resiliencia en estos santuarios de coral?
A corto plazo, tenemos una capacidad limitada para abordar directamente las adversidades del cambio climático, como el calentamiento y la acidificación de los océanos, que deterioran los arrecifes. Sin embargo, existen muchas otras amenazas que degradan los arrecifes: la descarga de nutrientes y sedimentos procedentes de las tierras agrícolas, la mala gestión de las aguas residuales, las prácticas pesqueras insostenibles, el plástico en los océanos y las especies invasoras. Al seleccionar los arrecifes con la menor vulnerabilidad climática prevista y gestionar de forma intensiva todos los demás factores que afectan a esos arrecifes, creamos las mejores condiciones para garantizar la persistencia a largo plazo de los arrecifes y su resiliencia al cambio climático.
La principal conclusión es que no se trata de una situación desesperada. Si invertimos de forma inteligente, podemos lograr mucho para promover la conservación de los arrecifes de coral. El estudio recomienda orientar la inversión hacia proyectos de conservación que tengan el «mayor potencial de éxito» para proteger los arrecifes.
El modelo excluyó varias zonas de gran importancia ecológica, como Hawái y la Barrera de Arrecifes de Centroamérica. ¿Cómo podemos movilizar acciones para protegerlas?
Esperamos que este sea el inicio de una iniciativa mundial que priorice las acciones de conservación. Nada impide que identificar y proteger estratégicamente los arrecifes de coral menos expuestos en, por ejemplo, América sea una estrategia igualmente sensata si el objetivo es elaborar también una estrategia para proteger los arrecifes de coral de esa región. Básicamente, todo depende del objetivo de la misión.
En todo ello, es de vital importancia que la comunidad mundial aborde la raíz del problema: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y secuestrar carbono lo más rápidamente posible. Alcanzar el objetivo de limitar el calentamiento global a menos de 1,5 °C, fijado por el Acuerdo de París, mejoraría la probabilidad de persistencia a largo plazo de los arrecifes de coral en todo el mundo. A corto plazo, reducir el impacto de otras amenazas que afectan a los arrecifes es una estrategia clave para mejorar la resiliencia de los arrecifes ante los impactos del cambio climático.
Movilizar acciones hacia una conservación más eficaz de los océanos
La reciente erupción volcánica submarina en Tonga podría causar daños duraderos a los arrecifes de coral, erosionar las costas y perturbar la pesca. Los arrecifes de Tonga ya se han visto amenazados por brotes de enfermedades y blanqueamiento de corales, y se prevé que la caída de ceniza dañe los arrecifes de coral de la zona. ¿Cómo recomendaría gestionar esta situación?
Los arrecifes están expuestos periódicamente a distintos tipos de perturbaciones (por ejemplo, ciclones, que son más frecuentes que los volcanes) y son lo bastante resilientes como para recuperarse rápidamente en las condiciones adecuadas. En condiciones favorables, los arrecifes son capaces de recuperarse de perturbaciones naturales como la erupción volcánica de Tonga en unos pocos años, pero la mala gestión de la tierra, los residuos y la pesca puede erosionar gravemente la capacidad de los arrecifes para recuperarse y resistir enfermedades.
Todos estos son factores que podemos abordar fácilmente a corto plazo y, al hacerlo, creamos las condiciones para que los arrecifes puedan recuperarse de las perturbaciones. Desde la perspectiva de la conservación, nuestra principal prioridad es resolver este tipo de problemas crónicos, ya que son evitables. Hay muchos otros factores que afectan a los arrecifes y que podemos reducir o eliminar mediante los métodos y tecnologías de gestión existentes. Mejorar las condiciones para que los arrecifes de coral se recuperen es clave para aumentar la resiliencia, de modo que también puedan recuperarse mejor de las perturbaciones que no podemos evitar a corto plazo.
El otro problema que tenemos es que, a diferencia de los ecosistemas terrestres, los arrecifes de coral son muy difíciles de monitorizar, ya que tenemos una capacidad limitada para utilizar tecnologías de teledetección que permitan seguir su estado. Además, las expediciones a algunos de estos lugares remotos son costosas, por lo que se realizan con poca frecuencia.
¿Cuál ha sido el mayor impacto del proyecto «50 arrecifes»?
El enfoque inspirado en «50 arrecifes» ha ayudado al menos a 26 organizaciones, y ocho financiadores han priorizado ya 60 ecosistemas de arrecifes de coral en más de 40 países. Se han invertido casi 93 millones de dólares (70 millones de libras) en el proyecto, financiado por la iniciativa Vibrant Oceans de Bloomberg Philanthropies y otros, y la Sociedad Mundial para la Conservación (WCS) cuenta con 18 millones de dólares para trabajar en 11 países, entre ellos Fiyi, Indonesia, Kenia y Tanzania, en 21 de los 50 arrecifes, con el fin de ayudar a las comunidades a reducir la presión sobre los valiosos ecosistemas.
La Iniciativa de Rescate de los Arrecifes de Coral es una colaboración entre grandes ONG, dirigida por WWF, y la Universidad de Queensland para ejecutar el programa «50 Arrecifes». Actualmente estamos desarrollando actividades en Fiyi, las Islas Salomón, Tanzania, Madagascar, Indonesia, Filipinas y Cuba, que se ampliarán a otros lugares en el futuro. Como parte de una iniciativa multinacional y multiONG, estamos ejecutando un proyecto a gran escala en algunas de las zonas de arrecifes menos expuestas del mundo.






