La desextinción —la ciencia de revivir especies desaparecidas— ha pasado del ámbito de la ciencia ficción a algo que ahora está casi al alcance. Pronto podría ser posible revivir algunos tipos de mamíferos, aves o ranas desaparecidos mediante tecnologías de desextinción .
Pero, solo porque podamos hacerlo, ¿significa que debamos hacerlo? Y, si lo hiciéramos, ¿qué efectos podría tener en el medio ambiente y la conservación?
El destacado biólogo de la conservación Stuart Pimm ha sido uno de los críticos más vehementes de la desextinción porque, entre otras preocupaciones,
Sin respuesta a «¿dónde los ponemos?» —y a la pregunta adicional «¿qué cambió en su hábitat original que pudo haber contribuido a su extinción?»—, los esfuerzos por recuperar especies son un desperdicio colosal.
Son preocupaciones válidas y difíciles de sopesar a la luz de los numerosos factores en juego.

Recientemente hemos expuesto una manera deliberada de abordar este problema. Nuestro nuevo artículo muestra que un enfoque conocido como «ciencia de la decisión» puede ayudar a examinar la viabilidad de la desextinción y su probable impacto en los programas existentes de gestión ambiental y de especies.
Al aplicar este enfoque a la cuestión de posibles programas de desextinción en Nueva Zelanda, se observó que estos desviarían fondos de la gestión de especies existentes (que aún viven) y podrían llevar a la extinción de otras especies.
Resolver problemas complejos
La posibilidad de revertir la extinción de especies resulta emocionante tanto desde el punto de vista científico como por curiosidad. Pero también preocupa mucho que, en el apasionado afán por implementar nuevas tecnologías, no consideremos debidamente las cuestiones ambientales, económicas y sociales.
Equilibrar estos múltiples objetivos exige que quienes toman decisiones entiendan cómo se relacionan los distintos resultados posibles de un proyecto con todas sus metas.
Los métodos de la ciencia de la decisión descomponen los problemas complejos en partes que describen los beneficios, los costos y la viabilidad de las distintas soluciones posibles. Permiten comparar «peras con peras» en aspectos diferentes, pero esenciales, de los proyectos considerados.
La ciencia de la decisión en acción
Aplicada a proyectos de desextinción, la ciencia de la decisión permite a los investigadores:
comparar los distintos resultados posibles de los enfoques de desextinción
comprender mejor los costos y beneficios previstos a futuro, y
ver los efectos del uso de tecnologías de desextinción en otras especies que nos importan.
Nueva Zelanda y Nueva Gales del Suralbergan en conjunto más de 1.100 especies amenazadas que son motivo de preocupación para la conservación.
Durante la última década, sus organismos de gestión han desarrollado un enfoque basado en la ciencia de la decisión para priorizar sus esfuerzos de conservación y aumentar el número de especies a las que pueden encaminar hacia la recuperación.
Nueva Zelanda, en particular, es un lugar idóneo para considerar la desextinción porque ha sufrido muchas extinciones recientes, como la del huia.
Estas especies desaparecidas cumplen muchos de los criterios para las especies candidatas a las tecnologías de desextinción.
Un estudio reciente tomó el proceso desarrollado para clasificar las especies de Nueva Zelanda según la prioridad de intervención e incluyó 11 posibles candidatas a la desextinción. Eran aves, ranas y plantas, entre ellas el moa pequeño de los matorrales, la rana de Waitomo y el búho risueño.
Al aplicar un proceso de ciencia de la decisión, los autores descubrieron que añadir estas especies a la lista de gestión reduciría la capacidad de financiar adecuadamente hasta tres veces el número de especies que se gestionan actualmente y, en esencia, podría provocar la extinción de otras especies.
El estudio también mostró que los organismos privados que quisieran patrocinar la reintroducción en la naturaleza de especies extintas resucitadas podrían, en cambio, destinar el dinero a financiar la conservación de más de ocho veces ese número de especies, lo que podría salvarlas de la extinción.
Es fundamental señalar que este estudio no pudo examinar los costos iniciales del uso de tecnología genética para resucitar especies extintas; se desconocen, aunque probablemente sean considerables. Si se hubieran incluido esos costos, la desextinción habría resultado una opción aún menos eficiente.
¿Podría la desextinción ser alguna vez la opción adecuada?
El ejemplo de Nueva Zelanda no ofrece un panorama especialmente alentador, pero la desextinción no siempre tiene por qué ser una idea terrible para la conservación.
En teoría, hay situaciones en las que la novedad y el entusiasmo que suscita una especie desextinta podrían convertirla en una «especie emblemática» y atraer el interés público o financiación para un proyecto de conservación.
También existe un fenómeno interesante: la mera posibilidad de aplicar una medida de gestión como la desextinción puede cambiar la manera en que se plantean los problemas de conservación.
La gestión de la conservación busca actualmente hacer lo mejor posible, aunque está sujeta a la limitación de que la biodiversidad es un recurso no renovable. Ante esta limitación, podemos aplicar teorías usadas para gestionar la extracción de recursos no renovables, como el petróleo o los diamantes, a fin de determinar la mejor estrategia de gestión.
Sin embargo, si la extinción dejara de ser definitiva, el problema podría considerarse como la gestión de un recurso renovable, como los árboles o los peces.
Por supuesto, revivir especies dista mucho de ser tan sencillo como volver a hacer crecer árboles, y revivir una especie no equivale necesariamente a conservarla.
Pero cambiar la manera en que los gestores de la conservación conciben el problema podría generar beneficios para la conservación, además de pérdidas.
En teoría, podrían emplearse distintos métodos en beneficio de la conservación y aplicarse distintas estrategias para lograr los mejores resultados. Por ejemplo, las especies que podrían desextinguirse con facilidad quizá reciban menos atención en la financiación que aquellas para las que no existe la tecnología de desextinción o cuya recuperación resultaría demasiado costosa.
Esta investigación no defiende ni se opone a la desextinción; ofrece estrategias para abordar las alternativas desde el principio y representar claramente las compensaciones entre ellas.
Este trabajo busca tomar distancia y examinar de manera realista las implicaciones de las nuevas tecnologías, incluidos sus costos y riesgos, en el contexto de otras medidas de conservación. La teoría de la decisión ayuda precisamente a hacerlo.





