La tecnología puede ayudar a salvar el planeta. Pero, sobre todo, debemos aprender a valorar la naturaleza

A photo taken by Expedition 46 flight engineer Tim Peake of the European Space Agency (ESA) aboard the International Space Station shows Italy, the Alps, and the Mediterranean on January, 25, 2016. REUTERS/NASA/Tim Peake/Handout ATTENTION EDITORS - FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS. THIS PICTURE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. REUTERS IS UNABLE TO INDEPENDENTLY VERIFY THE AUTHENTICITY, CONTENT, LOCATION OR DATE OF THIS IMAGE. THIS PICTURE IS DISTRIBUTED EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS - TM3EC311KON01
"In the first seven months of 2018, we devoured an entire year’s worth of resources."Image: REUTERS/NASA/Tim Peake/Handout
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La tecnología está transformando de raíz la forma en que vivimos, trabajamos, nos relacionamos entre nosotros y con el mundo exterior. La velocidad, amplitud y profundidad de los avances actuales no tienen precedentes históricos y están perturbando casi todos los sectores en todos los países. Ahora más que nunca, la llegada de nuevas tecnologías tiene el potencial de transformar la protección ambiental.

La búsqueda de formas nuevas e inteligentes de apoyar nuestro desarrollo ha sido siempre un motor clave del avance tecnológico. Hoy, cuando nuestra civilización se enfrenta a un desafío nuevo y sin precedentes, la tecnología puede desempeñar un papel crucial para desvincular el desarrollo de la degradación ambiental.

Seamos claros. Ninguna tecnología humana puede reemplazar por completo la «tecnología de la naturaleza», perfeccionada a lo largo de cientos de millones de años para prestar los servicios esenciales que sostienen la vida en la Tierra. Un mundo natural productivo y diverso, así como un clima estable, han sido la base del éxito de nuestra civilización y seguirán siéndolo en el futuro. Un problema fundamental de las revoluciones tecnológicas anteriores ha sido la ligereza con que hemos dado por sentados los sistemas naturales sanos, como los bosques, los océanos y las cuencas fluviales (todos ellos sustentados y mantenidos por la biodiversidad), en lugar de valorarlos como una condición necesaria para el desarrollo.

Consumimos más recursos naturales de los que el planeta puede regenerar

El 1 de agosto, el mundo alcanzó el Día de Sobregiro de la Tierra (Earth Overshoot Day), el momento del calendario en que empezamos a consumir más recursos naturales de los que el planeta puede regenerar en un año.

Global Footprint Network, una organización internacional sin ánimo de lucro que calcula cómo gestionamos —o no logramos gestionar— los recursos del mundo, afirma que en los primeros siete meses de 2018 consumimos el equivalente a un año de recursos, como el agua, para producir todo, desde los alimentos de nuestros platos hasta la ropa que vestimos, un nuevo y lamentable récord.

Actualmente, utilizamos los recursos y los servicios de los ecosistemas como si dispusiéramos de 1,7 Tierras, y un sobregiro ecológico de este tipo solo es posible durante un tiempo limitado, antes de que los ecosistemas comiencen a degradarse y, en última instancia, a colapsar.

Mientras la biodiversidad mundial sigue disminuyendo de forma acusada, se verán afectados la salud y el funcionamiento de ecosistemas cruciales como los bosques, el océano, los ríos y los humedales. Junto con los impactos del cambio climático, evidentes en las advertencias de los científicos y en el aumento de la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo, esto será desastroso para el equilibrio ecológico del planeta y para nuestra supervivencia. El Día de Sobregiro de la Tierra es un recordatorio contundente de las acciones urgentes que los individuos, los países y la comunidad mundial deben emprender para proteger los bosques, los océanos, la fauna silvestre y los recursos de agua dulce, y ayudar a lograr la resiliencia y el desarrollo sostenible para todos.

Tenemos una ventana de oportunidad crítica entre ahora y 2020 para poner en marcha compromisos y acciones que reviertan la tendencia a la pérdida de naturaleza para 2030 y ayuden a garantizar la salud y el bienestar de las personas y de nuestro planeta.

No se trata solo de catastrofismo: el riesgo es real

El deterioro de los sistemas naturales no carece de consecuencias para nosotros.

Cada día surgen nuevas pruebas de nuestro impacto insostenible en el medio ambiente. Los últimos cinco años han sido el quinquenio más cálido registrado, el Ártico se ha calentado mucho más rápido de lo previsto y la ONU estima que, en los últimos 10 años, los desastres relacionados con el clima han causado daños por valor de 1,4 billones de dólares en todo el mundo.

En poco más de 40 años, el mundo ha sido testigo de un descenso del 60 % de la fauna silvestre en tierra, mar y agua dulce, y se dirige hacia una alarmante caída de dos tercios para 2020 si las tendencias actuales continúan. Esto ha ocurrido en menos de una generación. Un parpadeo, comparado con los cientos de millones de años que algunas de estas especies han vivido en nuestro planeta.

Los bosques están sometidos a una presión como nunca antes, con una deforestación sin freno, y en el mar, el 90 % de las poblaciones de peces del mundo están sobreexplotadas. Todos los indicadores apuntan a que nuestro planeta está al borde del abismo.

Image: WWF

¿Por qué importa esto? Importa porque no construiremos un futuro estable, próspero y equitativo en un planeta agotado.

La «batalla de las tecnologías»

Es momento de centrarnos en las soluciones que sabemos que existen o que tienen potencial para desarrollarse, y es aquí donde la tecnología, junto con el cambio de comportamiento, puede ayudarnos a reactivar la salud de nuestra naturaleza y de nuestro planeta.

Desde alta mar hasta las profundidades de los bosques más densos del mundo, la tecnología puede transformar la forma en que identificamos, medimos, rastreamos y valoramos los numerosos servicios y recursos que la naturaleza nos proporciona.

La cadena de bloques revolucionará los mercados de materias primas

A principios de este año, WWF en Australia, Fiji y Nueva Zelanda unieron fuerzas para erradicar la pesca ilegal y el trabajo esclavo en la industria atunera mediante la tecnología blockchain. «De la carnada al plato», los avances en la tecnología blockchain pueden ayudar a los consumidores a seguir todo el recorrido de su atún –y, potencialmente, de otras materias primas agrícolas y pescados– revolucionando los sistemas de certificación y trazabilidad. También podemos utilizar datos satelitales y dispositivos de seguimiento GPS de bajo coste para «ver» y comprender la pesca mundial y el tráfico marítimo global.

Teledetección en la planificación y el seguimiento

En tierra firme también, la teledetección desempeña un papel importante en la planificación, el seguimiento y la evaluación del impacto sobre el terreno. Ha permitido a WWF supervisar la evolución de las industrias extractivas en zonas social y ecológicamente sensibles, incluidos los sitios del Patrimonio Mundial.

También colaboramos con el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA y con la UCLA para desarrollar un algoritmo que permita detectar la deforestación causada por la expansión del cultivo de palma aceitera mediante datos de teledetección, y estamos explorando la posibilidad de ampliar esta tecnología a otras materias primas.

Drones y crowdsourcing para vigilar la salud de los bosques y detectar la tala ilegal

Proteger los bosques del mundo significa garantizar que las tierras —en los lugares adecuados— estén protegidas o restauradas, y que sean saludables, proporcionando a las personas y a la fauna silvestre lo que necesitan para sobrevivir, como aire y agua limpios, alimentos y empleo. Y ahí es donde entran en juego los drones, que actúan como nuestros ojos en el bosque. Y no solo WWF utiliza esta tecnología.

WRI (World Research Institute) ha desarrollado Global Forest Watch (GFW), un sistema en línea de seguimiento y alerta forestal que utiliza crowdsourcing para que cualquier persona pueda crear mapas personalizados, analizar las tendencias forestales, suscribirse a alertas o descargar datos de su área local o de todo el mundo.

Imágenes térmicas para combatir la caza furtiva

Cada noche, los guardaparques patrullan la sabana completamente oscura de la Reserva Nacional Masái Mara, en Kenia. Buscan a cazadores furtivos armados que cruzan la frontera desde Tanzania para cazar carne de animales silvestres y marfil. Durante años, el número de cazadores furtivos superó al relativamente pequeño cuerpo de guardaparques. Ahora, la tecnología está ayudando a cambiar la situación. Las cámaras de vídeo de imagen térmica permiten a los guardaparques capturar cazadores furtivos a un ritmo récord y disuadir a muchos más de siquiera intentarlo.

Más allá de las intervenciones directas para detener la caza furtiva, WWF también utiliza la tecnología para perseguir a los traficantes de fauna silvestre. Con este fin, trabajamos con una coalición de los principales gigantes del comercio electrónico y de las redes sociales de Estados Unidos y China para erradicar la venta de productos ilícitos de fauna silvestre en sus plataformas.

La IA para rastrear la fauna silvestre

Cuesta pensar en la tecnología y la naturaleza juntas, pero incluso avances como la inteligencia artificial (IA), que están tan alejados del mundo natural como es posible, están contribuyendo a los esfuerzos de conservación.

En China, WWF y el gigante tecnológico Intel están aprovechando el poder de la IA para ayudar a proteger a los tigres salvajes y sus hábitats, protegiendo también innumerables otras especies como resultado, al tiempo que contribuyen al almacenamiento de carbono, a cuencas hídricas vitales y a las comunidades de la zona.

Un público comprometido es fundamental

A medida que establecemos nuevas alianzas y perseguimos aplicaciones innovadoras de la tecnología, creemos que un público informado y comprometido es fundamental para este trabajo, y buscamos constantemente que las personas conozcan los desafíos a los que se enfrenta nuestro planeta y lo que hacemos para resolverlos. En 2016, nos asociamos con Apple para crear la campaña Apps for Earth que recaudó 8 millones de dólares y dio a conocer a millones de personas de todo el mundo las principales cuestiones de conservación. Más recientemente, aprovechamos las herramientas de realidad aumentada de Apple para lanzar la “WWF Free Rivers” aplicación que invita a las personas a experimentar la importancia de los ríos de cauce libre para la naturaleza y para los seres humanos, y demuestra cómo un desarrollo económico mal concebido los pone en peligro a ambos.

Las posibilidades de las alianzas tecnológicas para reactivar la naturaleza son infinitas. Nuestro reto ahora es ampliar esta labor más allá de unos pocos lugares de prueba y llevarla a todos los lugares en los que trabajamos para proteger el planeta. Más que la tecnología, necesitamos un cambio fundamental de mentalidad y de comprensión del papel que la naturaleza y la biodiversidad desempeñan en nuestras vidas y empresas.

Si seguimos produciendo, consumiendo y alimentando nuestras vidas como lo hacemos ahora, los bosques, los océanos y los sistemas meteorológicos se verán desbordados y colapsarán. La agricultura, la pesca, los proyectos de infraestructura, la minería y la energía insostenibles están provocando una pérdida de biodiversidad y una degradación del hábitat sin precedentes, así como sobreexplotación, contaminación y cambio climático.

Aunque sus impactos son cada vez más evidentes en el mundo natural, las consecuencias para las personas también son reales. Desde la escasez de alimentos y agua hasta la calidad del aire que respiramos, las pruebas nunca han sido tan claras. Sin embargo, en muchos casos, no logramos establecer la relación. Junto con la revolución tecnológica, lo que necesitamos es una revolución cultural igualmente sin precedentes en la forma en que nos relacionamos con el planeta.

Este artículo forma parte de la serie del Foro Económico Mundial «La Cuarta Revolución Industrial para la Tierra», que explora cómo las tecnologías innovadoras están empezando a transformar la forma en que gestionamos los recursos naturales y abordamos el cambio climático y otros desafíos ambientales provocados por la industrialización.

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