David Malpass, presidente del Banco Mundial, analiza cómo podemos mitigar los impactos de los desastres climáticos.
Las empresas privadas y los inversores pueden apoyar la adaptación y la resiliencia, invirtiendo, por ejemplo, en viviendas a prueba de huracanes, sistemas de riego eficientes y microrredes resilientes.
Con el compromiso de los gobiernos, los prestamistas multilaterales como el Grupo del Banco y el sector privado, las soluciones son alcanzables.
Los desastres relacionados con el clima son frecuentes y graves, pero existen pruebas alentadoras de que podemos prepararnos para ellos y gestionarlos. Si miramos atrás, al ciclón Bhola de 1970 en el sur de Asia o al huracán Katrina en Estados Unidos en 2005, vemos desastres que costaron miles de vidas y causaron daños por valor de miles de millones. En comparación, algunas tormentas recientes, como el ciclón Fani en 2019 y el huracán Ida del mes pasado, han golpeado duramente a las comunidades, pero han causado mucho menos daño a las vidas y a las economías.
Aunque ningún desastre es igual a otro, hoy podemos hacer más para aumentar la preparación, reducir los impactos y apoyar una recuperación resiliente. Las acciones clave pueden marcar la diferencia para las personas y las comunidades que se encuentran en el ojo de los desastres naturales.
Cuanto más pobre es una comunidad, más vulnerable es ante los peligros naturales y el cambio climático. Hoy en día, los desastres empujan a la pobreza a 26 millones de personas cada año. Para las familias agricultoras con ahorros limitados, una inundación o una sequía que arruina los cultivos es económicamente devastadora. Y esto ocurre tanto a corto plazo, ya que la pérdida de ingresos reduce el acceso a los alimentos y otros bienes de primera necesidad, como a largo plazo, pues los efectos en la educación y la salud limitan las perspectivas de los niños durante toda su vida.
El desarrollo inclusivo y la reducción de la pobreza son esenciales para proteger a los pobres de los desastres. Mejorar el acceso a los recursos financieros, técnicos e institucionales les permitirá responder mejor al cambio climático. De hecho, los avances en materia de desarrollo podrían reducir a la mitad el número de personas que el cambio climático empujará a la pobreza para 2030.
La adaptación supone una lucha para los hogares y para las pequeñas empresas que impulsan las economías locales en los países en desarrollo. Tienen incentivos para adaptarse: las familias y los emprendedores saben lo que supone la alteración climática para los suministros, los clientes y la producción. Pero necesitan apoyo para prepararse, orientación sobre inversiones, así como financiación, especialmente en los casos en que las soluciones tienen costes iniciales elevados.
"Aunque ningún desastre es igual a otro, hoy podemos hacer más para aumentar la preparación, reducir los impactos y apoyar una recuperación resiliente. Las acciones clave pueden marcar la diferencia para las personas y las comunidades que se encuentran en el ojo de los desastres naturales."
Las empresas privadas y los inversores pueden apoyar la adaptación y la resiliencia, invirtiendo, por ejemplo, en viviendas a prueba de huracanes, sistemas de riego eficientes, microrredes resilientes y cadenas de suministro y logística que limiten la interrupción cuando llegan los desastres. Además, podrían innovar más: hoy en día, solo el 0,5 por ciento de las patentes mundiales avanzan en la adaptación y la resiliencia climáticas. La clave está en preparar planes nacionales con evaluaciones de mercado que atraigan la participación del sector privado.
La adaptación ayuda a las comunidades a afrontar los desastres cuando se producen, a recuperarse con rapidez y a evitar consecuencias a largo plazo. Los sistemas de alerta temprana pueden salvar vidas y ofrecer beneficios que superan su coste en factores de al menos 4 a 10. Los sistemas de protección social pueden proporcionar un apoyo rápido después de un desastre natural y también ayudar en crisis como las sequías en Kenia y Etiopía.
Los gobiernos pueden adaptar los planes urbanísticos y de uso del suelo a los riesgos climáticos a largo plazo y evitar que las personas y las inversiones queden atrapadas en zonas de alto riesgo. Esto hará que las inversiones, los activos y los servicios públicos sean más resilientes. Hoy en día, los países en desarrollo pierden unos 390 000 millones de dólares al año cuando los desastres dejan sin electricidad y agua e interrumpen el transporte. Pero con mejores datos y una mejor gobernanza, los servicios de infraestructura podrían ser más fiables. Incorporar la resiliencia en los nuevos activos de infraestructura solo aumentaría los costes iniciales en alrededor de un 3 por ciento, mientras que cada dólar invertido evitaría, de media, 4 dólares en pérdidas.
La financiación para la adaptación del Grupo del Banco Mundial, que incluye las donaciones de la AIF y los préstamos con tipos de interés nulos o bajos para los países más pobres, se centra en resultados tangibles. En Níger, una mejor gestión de la tierra supuso un aumento del 62 por ciento en los rendimientos de los cultivos. En Mozambique, donde nuestras inversiones anteriores ayudaron a reducir los daños causados por los ciclones, estamos ayudando a reconstruir con carreteras y enlaces de transporte resilientes. La protección del medio ambiente también respalda las soluciones basadas en la naturaleza. Por ejemplo, los arrecifes de coral y los manglares ofrecen barreras naturales contra las tormentas, y su conservación aporta beneficios de mitigación climática y económicos. Los proyectos de zonas costeras financiados por el Banco están ampliando los manglares en la India y ayudando a seis países de África Occidental a restaurar los humedales y limitar la erosión costera.
Los impactos climáticos también deben gestionarse a nivel macroeconómico. En muchos países, afectarán a los ingresos fiscales, a la balanza comercial y a los flujos de capital. Los impactos en todos los sectores exigen una planificación estratégica en los niveles más altos. Una intervención en la que todos ganan consiste en reforzar la resiliencia general de una economía, diversificando sus estructuras económicas, la composición de sus exportaciones y su base impositiva.
Las soluciones expuestas aquí —proteger a los más pobres, amortiguar las economías locales, invertir en resiliencia y prepararse para los impactos a nivel macro— requieren grandes inversiones. Pero con el compromiso de los gobiernos, los prestamistas multilaterales como el Grupo del Banco y el sector privado, son alcanzables.
No podemos evitar los desastres, y el cambio climático los convierte en una amenaza inminente. Pero juntos podemos reducir su impacto, especialmente para las personas más pobres y vulnerables.





